
Por qué en las Baleares tantas personas tienen dos o tres trabajos
Las Baleares lideran en empleos múltiples: el 84 % de los trabajadores ya han trabajado de forma paralela. Tras la cifra están los alquileres, el trabajo estacional y un mercado laboral con carencias.
¿Por qué tantos habitantes de Mallorca suman por la mañana una segunda jornada laboral?
La pregunta suena casi retórica si se pasea por Palma: en la Plaça Major un barista prepara el primer espresso, cuenta la historia del "segundo trabajo"; y por la noche, en Cala Major, esa misma persona quizá sirve pescado a los turistas. Una encuesta, según la Encuesta de Población Activa (EPA) del INE, lo deja claro: mientras que a nivel nacional alrededor del 58 % de los ocupados ha trabajado alguna vez de forma paralela, en las Baleares son alrededor del 84 %. ¿Por qué se ha vuelto tan normal aquí?
Entre el bullicio de la temporada y la calma del invierno: los impulsores evidentes
Las islas viven del turismo, como muestra Más empleos por el turismo — pero ¿a qué precio? Así cambia el mercado laboral en las Baleares. Se oye en el ruido de los aparcamientos en verano, en las contrataciones temporales que se realizan de la noche a la mañana para la alta temporada, y en el tranquilo sonido de las olas en noviembre, cuando muchos cafés reducen plantilla. Quien da una clase de español en Portixol en julio y en septiembre trabaja como camarero no lo hace por gusto de hacer multitarea, sino porque la cuenta bancaria lo exige. El aumento del coste de la vida, la energía más cara y los alquileres notablemente más altos presionan el presupuesto familiar; y las fluctuaciones estacionales hacen que un solo empleo a menudo no baste.
Más que unas horas extra: la calidad del empleo
Tener varios trabajos no garantiza automáticamente más seguridad. El fenómeno es ambivalente: para algunos, un empleo secundario es una protección razonable contra ingresos irregulares; para muchos otros es síntoma de precariedad laboral. Bajos salarios por hora, contratos temporales, horarios inseguros y trabajo en plataformas crean una realidad laboral con pocos derechos sociales y gran carga. Dos o tres turnos al día reducen el tiempo libre, generan estrés y afectan a la vida familiar, un aspecto del que en el debate público se habla con poca frecuencia; esa situación contrasta con los estándares internacionales promovidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) — trabajo decente.
Las consecuencias invisibles: familia, salud y trabajo informal
Cuando la cajera de la Avenida Jaume III sonríe, puede que ya haya trabajado por la mañana en la barra de un bar. Eso tiene consecuencias: el cuidado de los niños se complica y las pausas se vuelven escasas. A largo plazo, estas cargas pueden debilitar la salud física y mental. Al mismo tiempo, la necesidad empuja a algunos hacia la economía informal: trabajo en negro o contratos de corta duración mal protegidos, porque el papeleo o los requisitos para empleos regulares resultan desalentadores. La vulnerabilidad social y el aumento de personas sin hogar en Mallorca están documentados en Las calles de Mallorca se hacen más largas: por qué más de 800 personas están sin techo y nada se resuelve por sí solo.
Lo que rara vez se aborda: género, grupos de edad y cualificación
No todos se ven afectados por igual. Las mujeres a menudo soportan la doble carga del trabajo remunerado y las tareas domésticas; estudiantes y pensionistas complementan sus ingresos con empleos temporales. Jóvenes bien formados aceptan a veces varios mini-puestos porque el mercado laboral no ofrece una plaza a tiempo completo adecuada. Estas diferencias muestran que no se trata solo de ingresos, sino también de estructura: qué empleos genera la economía insular y cuán estables son. La tendencia demográfica y la brecha de mano de obra en las islas se analizan en Islas Baleares enfrentan una brecha de mano de obra: tres jubilados por cada nuevo profesional.
Medidas concretas para que los trabajos auxiliares no sean la solución permanente
Quejarse de las cifras sirve de poco. Se necesitan medidas con efecto local: vivienda asequible y más vivienda social, promoción económica que abarque todo el año en lugar del boom solo de temporada, salarios mínimos justos y controles más estrictos contra formas contractuales precarias. Horarios mejor coordinados, ofertas de apoyo para el cuidado infantil y programas de formación pueden ayudar a planificar el trabajo. También convenios sectoriales y cooperativas locales para jóvenes emprendedores serían pasos concretos.
Una oportunidad para las islas
El problema tiene un lado positivo: la alta flexibilidad de la fuerza laboral demuestra compromiso y capacidad de adaptación. Si la política y la economía no solo explotan ese esfuerzo sino que lo acompañan con medidas estructurales, las Baleares podrían beneficiarse de una economía más resiliente y estable todo el año. Si no, el segundo trabajo seguirá siendo la norma — y la normalidad no sustituye a la seguridad.
Resumen breve: en las Baleares trabajan en paralelo muchos más habitantes que en el resto de España. Las razones son conocidas: estacionalidad, aumento de costes y un mercado laboral fragmentado. La solución no exige milagros, sino una política local valiente: empleos más estables, vivienda asequible y medidas que desvinculen la supervivencia económica del único boom veraniego.
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