
Islas Baleares enfrentan una brecha de mano de obra: tres jubilados por cada nuevo profesional
En los próximos diez años, decenas de miles de trabajadores se jubilarán en las Islas Baleares: los jóvenes que les siguen solo cubren un tercio de las vacantes. ¿Qué significa eso para nuestro día a día?
Una brecha que ya se siente
No es solo números estadísticos para el periódico: se nota en la barra del café en la Plaça d’Espanya, en la farmacia de guardia de Palma y en las obras de Llucmajor y en el sector de la construcción en las Baleares.
En las Islas Baleares se avecinan grandes cambios: En los próximos diez años, casi 139.000 trabajadores mayores de 55 alcanzarán la edad de jubilación, pero apenas alrededor de 52.000 jóvenes se incorporarán. Matemáticamente, esto significa: tres jubilados por cada joven trabajador. Y eso es más que una cifra.
¿Qué sectores se verán afectados primero?
El déficit es especialmente visible donde cuentan la experiencia y las manos de trabajo. Cuidado de personas, construcción, hostelería, oficios y agricultura están a la cabeza. Quien salga a las 7 de la mañana del sábado hacia la lonja, verá menos vendedores en los puestos. En hospitales y residencias, las profesionales de la enfermería sienten la presión: turnos libres, jornadas más largas, compañeras que se agotan.
Las consecuencias son prácticas: tiempos de espera más largos en el médico, obras que se alargan, negocios estacionales que sufren escasez de personal. Los hoteles turísticos ya se quejan, las panaderías cierran antes porque ya no hay personal.
¿Qué proponen los expertos?
Los consejos son conocidos: formación continua, mano de obra cualificada del extranjero, mejores condiciones para las personas que vuelven a trabajar y más automatización. En el papel tiene sentido; en la práctica, se necesita tiempo. Y el tiempo es precisamente lo que nos falta cuando cada año miles se marchan o se jubilan.
También hay un problema que a menudo pasa desapercibido: la vivienda. Los jóvenes profesionales casi no encuentran pisos asequibles en Palma; algunos se desplazan desde suburbios superpoblados o se mudan por completo. Sin vivienda asequible, apenas alguien se anima a trabajar en atención sanitaria o en oficios.
¿Qué hacemos aquí localmente?
Asociaciones, comunidades y empresas buscan pequeñas soluciones: iniciativas locales de formación, colaboraciones con escuelas, alojamientos subvencionados para trabajadores en zonas remotas. Algunos hoteles contratan trabajadores del extranjero; las empresas cuentan con sistemas de media jornada para las personas mayores, para mantener el conocimiento, tal como muestran los datos sobre empleos ocupados por extranjeros en las Baleares.
Al final probablemente hará falta una mezcla: contrataciones a corto plazo de especialistas, programas de formación a largo plazo, mejores condiciones laborales y decisiones políticas sobre vivienda y movilidad. Si no lo logramos, la vida cotidiana se volverá más dura, y lo notarán no solo las empresas, sino todos los que viven y trabajan aquí.
Un simple consejo de aquí: Quien pueda, hable con el jefe sobre plazas de formación; quien tenga ideas, las presente en la asamblea municipal: pequeños pasos suelen marcar la diferencia, y también conviene tener en cuenta estudios sobre empleos múltiples en las Baleares y los retos en plazas docentes en Baleares.
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