Plaza junto al puerto de Colònia de Sant Jordi al atardecer

Ruido, anillos y fianza perdida: problema con propietarios en Colònia de Sant Jordi

En Colònia de Sant Jordi, trabajadores de temporada relatan fiestas nocturnas, objetos de valor desaparecidos y fianzas no devueltas. Un caso que revela las grietas del mercado local de la vivienda.

En la plaza se oye el mar, pero no la tranquilidad

La semana pasada, poco antes del atardecer, me senté en la pequeña plaza junto al puerto de Colònia de Sant Jordi. El aire olía a sal, los pescadores todavía arreglaban las redes y las cigarras zumbaban sobre los tejados. Dos trabajadores de temporada se quedaron junto a la fuente, ambos estresados, ambos con una historia casi idéntica: alquilaron una habitación por alrededor de 500 euros al mes — y en su lugar recibieron problemas.

Las acusaciones: fiestas, robos, fianza desaparecida

Los exinquilinos describen un patrón: el propietario celebraba de forma reiterada, bebía en exceso y hacía alboroto por la noche. Las molestias por ruido eran cosa habitual, como documenta Ruido nocturno y carreras en Nou Llevant: vecinos alemanes exigen tranquilidad. Varias mujeres cuentan que faltaban objetos personales —entre ellos dos anillos. Tampoco se devolvió la fianza de aproximadamente 500 euros. Hasta ahora hay pocas denuncias. Las razones: miedo a la represalia, desesperanza o la convicción de que las autoridades no actuarán con rapidez suficiente.

Por qué esto duele especialmente en Colònia

Colònia de Sant Jordi no es un barrio anónimo. Calles estrechas, pocas viviendas disponibles en alquiler y una economía laboral muy estacional hacen a la gente vulnerable. Muchos afectados trabajan en hoteles, restaurantes o en la playa: en temporada alta sus viviendas suelen ser lo único que tienen. Cuando los propietarios prefieren alquilar a fines de semana o a turistas, —un fenómeno relacionado con ventas en barrios como La fiesta terminó, el mercado sigue inquieto: Son Espanyolet tras la venta de las villas vacacionales— los precios y la inseguridad aumentan. Y donde la demanda es grande, algunos aparentemente aprovechan la situación; casos extremos se recogen en Caos del alquiler en Mallorca: cuando los propietarios exigen rentas anuales por adelantado – ¿cómo pudo pasar?.

Lo que suele faltar en el debate público

Pronto se oyen soluciones a corto plazo: más controles en la playa, penas más severas por ruido. Pero pocas veces se habla de lo difícil que es para los trabajadores temporales presentar una queja adecuada. Las denuncias formales requieren tiempo, testigos y a menudo asistencia legal. Muchos crecen con la idea: "No vamos a denunciar, necesitamos el trabajo." Esta desigualdad de poder permanece invisible hasta que falta una fianza o desaparece un anillo querido; también se han visto episodios de tensión vecinal, como en Coches arañados en Santanyí: arañazos en lugar de tranquilidad vacacional.

Medidas concretas — acciones inmediatas y soluciones a largo plazo

A corto plazo, las personas afectadas pueden hacer varias cosas: anotar horarios, hacer fotos de los daños, nombrar testigos y guardar comprobantes de pago de las fianzas. Una reclamación por escrito enviada por carta certificada y, si es posible, fijar el contrato de alquiler por escrito — eso ayuda en los tribunales. Se debe informar a la Policía (Policía Local o Guardia Civil) cuando se trate de robos o de molestias reiteradas por ruido.

A largo plazo, Mallorca necesita estructuras mejor protegidas para las personas que trabajan aquí: un registro local de alquileres a largo plazo, la custodia obligatoria de las fianzas en una entidad neutral o un seguro obligatorio para propietarios que cubra daños o fianzas no devueltas. Los empleadores del sector hotelero y de la restauración podrían actuar más a menudo como mediadores y organizar opciones de vivienda seguras para su personal de temporada. Además, más vivienda pública y asequible sería clave —y un enfoque claro en la política municipal.

¿Quién debe actuar ahora?

La responsabilidad recae en varios hombros: el Ayuntamiento, encargado de la convivencia y del acceso a la vivienda; la Policía, que debe intervenir ante delitos o molestias; pero también las asociaciones de propietarios, que deberían establecer normas claras. Los conflictos localizados, como el Conflicto de estacionamiento en Ses Illetes: arañazos, juicio y la cuestión de la equidad, muestran la necesidad de normas. Y no menos importante, la vecindad: en un pueblo pequeño se destaca más, y aquí las declaraciones de testigos pueden ser decisivas.

Un llamado a afectados y vecinos

Si le ha pasado algo: anote fecha y hora, revise los comprobantes de pago, hable con otros inquilinos. Intercambien información, reúnanse —un registro vecinal ayuda más de lo que se piensa. Quien se sienta inseguro debe buscar asesoría legal; muchos municipios ofrecen ayudas para trabajadores de temporada.

Seguiré indagando y preguntaré si se han interpuesto denuncias o si hay investigaciones en curso. En un lugar como Colònia de Sant Jordi, donde se puede oír el mar durante la cena, la protección de las personas que trabajan y viven allí no debe quedar opacada por el ruido de las fiestas en algunos pisos.

Palabras clave: Colònia de Sant Jordi, escasez de vivienda, propietarios, robos, molestias por ruido

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