
Noche de concierto en Manacor: Wagner, metales afilados y un Bruckner sorprendentemente cercano
Una noche en la que los metales dominaron: precisión, pathos y un Bruckner que buscó más cercanía que incienso. Impresiones desde el Auditorio de Manacor.
Un festín de metales que pretendía algo más que brillo
Ayer, poco después de las 20:00, el Auditorio de Manacor se llenó. El aire de noviembre afuera estaba frío; dentro olía a café y a los programas. Quien esperaba una velada clásica y bien templada se sorprendió: los metales tomaron la dirección —y de qué manera.
Wagner: comedia con cuerpo
La obertura de Los maestros cantores de Núremberg abrió la noche con contornos sorprendentemente claros. El director presentó los grandes temas con una solemnidad casi teatral; los elementos cómicos los hizo aparecer cortantes, casi chirriantes. Se sintió como ver una escena familiar de una película reeditada: conocida, pero con otros ojos. Algunos compases tropezaron a propósito, otros respiraron con majestuosidad. El público reaccionó atento; se escaparon algunas risas —no exageradas, más bien de asentimiento.
Spanish Brass y el sonido moderno
El Spanish Brass aportó brillantez técnica y gusto por tocar. Sus estudios de la obra de Juan Colomer, según la previa del concierto, presentaron superficies sonoras estridentes, a menudo disonantes: llamativas, agudas, a veces en el límite del dolor. Los movimientos llevaban títulos como «Deambular» o «Descubrir», que suenan sugerentes pero no siempre conducen a una experiencia auditiva unificada. Se nota que piezas así polarizan: quien busca colores tímbricos los obtuvo; quien desea una narración clara quedó a veces desorientado.
Bruckner sin incienso —y con corazón
El gran desafío de la noche fue la Cuarta de Anton Bruckner. La sala, habitualmente elogiada por su acústica, se transformó en una suerte de espacio sonoro donde los metales volvieron a ocupar un lugar destacado. El director optó por renunciar al obligado pathos de “incienso” y buscó, en cambio, calidez y cercanía. Resultado: una interpretación de Bruckner que no se perdió en las nubes, sino que conmovió de forma tangible.
No fue un enfoque frío y analítico, sino un intento de hacer accesible la arquitectura monumental de la sinfonía para las personas. Las prolongadas acumulaciones que suelen citarse sonaron aquí de forma orgánica, no vacía. Algunos pasajes aún resuenan: momentos más suaves de los vientos de madera, un repentino vibrar de las trompetas, un aplauso que no fue solo cortés.
Conclusión: Una velada de marcados contrastes. Fuegos artificiales técnicos, asperezas modernas y un Bruckner que buscó la cercanía en lugar del gran ritual. No todo resultó redondo, pero precisamente eso hizo la noche atractiva: no se salió con la sensación de haberlo entendido todo, sino con el placer de haber vivido algo en directo que sigue resonando. Para los curiosos, recomendación de concierto: Wagner, Colomer y Bruckner — el 2.º concierto de abono del OSIB imprescindible; para los puristas, quizá una molestia —como suele ocurrir en la música.
Repetición esta noche en el mismo teatro. Si va: la taquilla abre a las 19:00 y las mejores localidades se agotan rápido.
Preguntas frecuentes
¿Qué tipo de concierto se puede esperar en el Auditorio de Manacor cuando programan Wagner y Bruckner?
¿Hace frío en noviembre para ir al Auditorio de Manacor por la noche?
¿La acústica del Auditorio de Manacor favorece especialmente a los metales?
¿Qué tan difícil es una Sinfonía n.º 4 de Bruckner para un oyente que no es experto?
¿Qué música de Wagner se interpretó en el concierto de Manacor?
¿Cómo es la música de Spanish Brass para quien busca algo más moderno en Mallorca?
¿A qué hora abre la taquilla del Auditorio de Manacor antes del concierto?
¿Merece la pena volver al mismo concierto en el teatro de Manacor?
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