Ciclista de montaña en sendero rocoso de la Serra de Tramuntana junto a cresta y pinos mediterráneos

¿De quién es la Tramuntana? Ciclistas de montaña contra la nueva ley de protección

¿De quién es la Tramuntana? Ciclistas de montaña contra la nueva ley de protección

El proyecto de una nueva ley sobre la Tramuntana provoca polémica: los ciclistas de montaña temen cierres de senderos, los investigadores advierten sobre microerosión. Un análisis crítico y propuestas concretas.

¿De quién es la Tramuntana? Ciclistas de montaña contra la nueva ley de protección

Pregunta guía: ¿Conducirá la protección prevista del paisaje montañoso al cierre de hecho de caminos tradicionales o es un paso necesario contra la erosión y la presión de uso descontrolado?

El conflicto en torno a la sierra occidental de la isla ha adquirido una nueva y ruidosa dimensión. Una iniciativa llamada «Dret de Pas» —según sus promotores unos cien activistas, muchos de ellos ciclistas de montaña— se ha movilizado contra el anteproyecto de una ley de la Tramuntana del Consell Insular. Motivo: en el futuro los propietarios tendrían que dar su consentimiento por escrito si las personas que disfrutan del tiempo libre quieren transitar por senderos históricos que pasan por fincas privadas. Además, la administración plantea permitir las bicicletas solo en itinerarios oficialmente señalizados.

La situación no es en blanco y negro. La Tramuntana es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 2011 y sus senderos forman parte de la vida cotidiana de la isla desde generaciones. Al mismo tiempo, se ve a más gente que nunca en los caminos: paseantes, corredores de montaña, rutas organizadas y, por supuesto, ciclistas de montaña. Eso genera no solo entusiasmo, sino también huellas en el terreno.

Geocientíficos de la Universitat de les Illes Balears observan desde hace años que en esos estrechos senderos se instala un proceso que denominan microerosión. Miles de pasos y el paso de ruedas arrastran material fino, los atajos ensanchan las vías y, con la lluvia, de trazos estrechos pueden formarse surcos profundos. Las ruedas pueden generar fuerzas de palanca distintas sobre un sustrato suelto que una sola pisada, lo que acelera el proceso en puntos críticos.

Los críticos de la ley hablan de una cierre encubierto de senderos. Su preocupación es comprensible: todavía no existe un mapa con los itinerarios permitidos ni un registro completo de caminos públicos. ¿Qué ocurre durante el periodo de transición? ¿Quién concede las autorizaciones y con qué rapidez? Casos como la espera en la Tramuntana muestran demoras en medidas similares.

Al mismo tiempo, en el debate público suele faltar algo: declaraciones concretas sobre cómo se compensarán de forma práctica presión y protección. La discusión a menudo se plantea en categorías de «libertad» frente a «conservación», en lugar de buscar soluciones técnicas, espaciales y sociales. Muy pocas veces se pregunta: ¿Qué senderos son especialmente sensibles, qué tramos podrían tolerar un uso controlado, y cómo pueden propietarios, usuarios y administraciones asumir responsabilidades conjuntas?

Un sábado en Selva muestra la amplitud del asunto: delante del café de la plaça están sentados ciclistas con las zapatillas polvorientas, en una furgoneta guías descargan las bicicletas de sus rutas MTB por la Tramuntana y, a lo lejos, suenan las campanas de la iglesia. Un agricultor empuja su moto por una pronunciada escarpa de grava. La escena es familiar —y deja claro: no se trata solo de grupos de turistas, sino de una cotidianidad que cambia.

¿Qué falta entonces en el discurso? Por un lado, una cartografía fiable: un registro público y verificable de los caminos que integre el derecho histórico, la situación de la propiedad y la sensibilidad ecológica. Por otro, mecanismos prácticos para el periodo transitorio: señalización temporal, zonas piloto y un plazo claro para los trámites de autorización, de modo que los caminos no queden cerrados de facto.

Propuestas concretas que podrían conciliar ambos intereses:

1) Cartografiar en lugar de prohibir: un proyecto conjunto del Consell Insular, los ayuntamientos, investigadores de la UIB y grupos de usuarios para priorizar y señalar tramos sensibles.

2) Normas temporales con bucles de retroalimentación: restricciones estacionales, itinerarios de prueba o señalizaciones concretas como un cartel que pide 1,5 metros y una fase de evaluación en la que usuarios, propietarios y la comunidad científica aporten datos y se puedan introducir ajustes.

3) Financiar el mantenimiento de senderos: pequeñas tasas para rutas guiadas, modelos de donaciones o una tasa finalista para empresas de alquiler de bicicletas que se destine directamente a la reparación y a la protección contra la erosión; el debate sobre si las inversiones son suficientes aparece en Rehabilitación en la Tramuntana: seis carreteras, cinco millones.

4) Co‑gestión con los propietarios: contratos que regulen el acceso, aclaren responsabilidades y, al mismo tiempo, creen incentivos para que los dueños mantengan los senderos (por ejemplo, mediante beneficios fiscales o subvenciones para conservación).

5) Medidas técnicas en el camino: piedra de rodamiento, drenajes, rampas y bordes para evitar atajos y distribuir la carga —sin convertir el paisaje en hormigón.

6) Formación y certificación: cursos para los organizadores de rutas, indicaciones obligatorias para quienes circulan por su cuenta y un certificado sencillo para guías y empresas de alquiler responsables.

El debate sobre la ley no debe convertirse en un juego de suma cero. Sería difícilmente aceptable transformar la Tramuntana en una zona museística que solo pueda visitarse si se cumplen todas las formalidades. Tampoco sería responsable mirar hacia otro lado mientras senderos frágiles se convierten, bajo la presión del uso y del clima, en surcos de erosión.

Al final se trata de confianza y capacidad de gobernanza. El Consell afronta la tarea de crear un procedimiento transparente que integre derechos de propiedad, conservación y uso diario. La iniciativa de los ciclistas tiene razón al exigir claridad; los investigadores están en lo cierto al alertar sobre los riesgos ecológicos. Quien quiera lo mejor de ambos mundos debe ahora poner las cartas sobre la mesa, lanzar proyectos piloto medibles y asociar a la población local en las decisiones.

Conclusión: necesitamos menos prohibiciones tajantes y más herramientas pragmáticas —mapas claros, plazos transitorios regulados, mantenimiento financiado y verdadera cogestión. Si no, la Tramuntana corre el riesgo de deshacerse lentamente, no solo por la lluvia, sino por una situación legal sin resolver y por el descontento.

Preguntas frecuentes

¿La nueva ley de la Tramuntana puede limitar el paso por senderos tradicionales en Mallorca?

Sí, la propuesta prevé que algunos senderos que cruzan fincas privadas requieran el consentimiento escrito de los propietarios. También plantea que las bicicletas solo puedan circular por itinerarios oficialmente señalizados. El debate está en si eso protegerá mejor la sierra o acabará cerrando caminos de hecho durante la transición.

¿Es seguro ir en bici de montaña por la Tramuntana de Mallorca?

Depende mucho del tramo y de la forma de uso. La presión de ciclistas, senderistas y rutas organizadas está aumentando, y en los caminos más estrechos ya se detectan señales de microerosión. Lo más prudente es usar itinerarios señalizados, respetar el terreno y evitar atajos o frenadas que dañen la senda.

¿Qué es la microerosión en los senderos de la Tramuntana?

Es el desgaste progresivo que aparece en caminos estrechos cuando pasan muchas personas y bicicletas. El material fino se arrastra, los atajos ensanchan la vía y la lluvia puede convertir pequeños surcos en daños mayores. En la Tramuntana preocupa especialmente porque la presión de uso es cada vez más alta.

¿Cuál es la mejor época para hacer rutas por la Serra de Tramuntana?

No hay una única respuesta, porque depende de la ruta, del terreno y del nivel de uso previsto en cada zona. En general, conviene evitar los momentos de más presión sobre caminos frágiles y prestar atención a la lluvia, que empeora la erosión. Antes de salir, lo más sensato es comprobar si el itinerario está señalizado y si hay alguna restricción temporal.

¿Qué puedo llevar en la mochila para una ruta por Mallorca en la Tramuntana?

Conviene llevar agua suficiente, calzado adecuado y algo de protección frente al sol y los cambios de tiempo. Si vas en bici o a pie por senderos sensibles, también ayuda llevar lo justo y no improvisar atajos. Lo importante es ir preparado para caminar o pedalear sin forzar el terreno ni depender de servicios cercanos.

¿Qué pasa con los caminos de la Tramuntana que pasan por fincas privadas?

La propuesta de ley busca que el paso por senderos históricos en fincas privadas dependa del consentimiento escrito de los propietarios. Eso significa que el acceso podría organizarse de forma más formal, con permisos claros y responsabilidades definidas. El problema práctico es que todavía falta una cartografía completa y un sistema ágil para gestionar esas autorizaciones.

¿Por qué hay ciclistas de montaña protestando contra la ley de la Tramuntana?

Temen que la norma acabe limitando demasiado el acceso a senderos históricos y que, mientras se tramitan permisos y mapas, muchos caminos queden cerrados de facto. También les preocupa que las bicicletas solo puedan circular por rutas oficialmente señalizadas, lo que reduciría su margen de uso. Aun así, el conflicto también refleja la necesidad de proteger el paisaje y frenar la erosión.

¿Qué soluciones se proponen para proteger la Tramuntana sin cerrar los senderos?

Se habla de cartografiar bien los caminos, aplicar normas temporales, señalizar tramos sensibles y financiar el mantenimiento. También se plantea una cogestión más clara con propietarios, ayuntamientos y usuarios, además de medidas técnicas para reducir la erosión. La idea es que el paisaje siga siendo accesible sin dejar los senderos sin control.

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