Grifo seco en Deià durante el racionamiento de agua, con calles del pueblo y la costa al fondo

Tres días sin agua: Deià al borde del suministro

Deià corta el agua tres días a la semana. Por qué la medida es más que un problema veraniego y qué soluciones podrían ayudar de verdad.

Tres días sin agua corriente: Deià pasa a racionamiento

En Deià, el pueblo empinado con muros de piedra, el ruido de las cigarras y vistas a la agreste costa norte, el murmullo cotidiano del grifo ya no es algo garantizado. El alcalde y el ayuntamiento han decidido: tres días a la semana —lunes, miércoles y viernes— se cortará el agua potable en partes del municipio, sobre todo en Cala Deià y Llucalcari, como recoge Alarma por sequía en Deià. Para residentes y visitantes esto implica replantearse al ducharse, lavar platos y regar.

La cuestión central: ¿puede un paraíso turístico sobrevivir con una economía basada en pozos?

Deià dispone de hecho solo de un pozo y una fuente. En verano las oleadas de visitantes alteran la ecuación: más turistas, más consumo, menos lluvia. Los camiones cisterna que traen agua desde Palma alivian la escasez diariamente, pero no sustituyen un suministro sostenible. Esta dinámica ya se ha visto en otros municipios de la isla, donde siete municipios de Mallorca endurecen las restricciones. La pregunta, por tanto, es: ¿queremos y podemos mantener la infraestructura local como hasta ahora o necesitamos un replanteamiento radical de la política de abastecimiento?

Más que sequía: causas y puntos ciegos

Por supuesto el cambio climático juega un papel: veranos más cálidos, lluvias menos frecuentes y más intensas. Pero bajo la superficie hay otros problemas que suelen quedar fuera del debate público. Un aspecto es la responsabilidad distribuida: hoteles, apartamentos turísticos con piscinas, jardines privados y segundas residencias consumen cantidades enormes de forma estacional. Además están las tuberías antiguas, la falta de almacenamiento y obstáculos legales para explotar nuevas fuentes. Y, finalmente: los costes. Una nueva conducción, un depósito o una desalinizadora son caras —¿quién debe pagar?

Otro punto ciego es la ecología local. La sobreexplotación puede poner en peligro la calidad de la fuente, hasta la salinización del agua subterránea. Esto no es una preocupación lejana, sino que afecta directamente al ciclo del agua aquí, en las estrechas calles de Deià; problemas similares se han visto en la isla, por ejemplo con la Escasez de agua en Sóller: solo quedan reservas para unos diez días.

Cómo cambia la vida cotidiana

En el mercado, en la panadería, en el pequeño puerto se oyen las mismas frases: «Hoy hay agua, mañana no». Un pescador en Llucalcari cuenta cómo remienda en silencio las redes mientras el oleaje golpea las rocas y el sol cae plano sobre el mar. En viviendas sin grandes depósitos, la gente recoge agua por la mañana en garrafas. Los huéspedes que desayunan disfrutando del brillo del mar luego se quedan desconcertados ante el grifo seco. El ayuntamiento organiza suministros de emergencia e informa con carteles, pero la información por sí sola no reemplaza un depósito.

Soluciones concretas, a menudo pasadas por alto

Hay salidas a la escasez que son menos espectaculares, pero más rápidas de implementar y eficaces a escala local. Algunas de ellas:

Almacenamiento de agua de lluvia y reutilización de aguas grises: En Mallorca las cisternas sencillas y los sistemas para reutilizar agua de la ducha o de la lavadora para inodoros y riego son eficientes y relativamente económicos. Subvenciones municipales podrían tener un efecto rápido.

Contadores inteligentes y precios dinámicos: Con contadores inteligentes se puede gestionar el consumo. Precios más altos por consumos excesivos en horas pico orientan la demanda y generan ingresos para infraestructura.

Pequeñas plantas desalinizadoras o de tratamiento móviles: Para franjas costeras como Cala Deià, soluciones temporales y descentralizadas podrían reducir la dependencia de los camiones cisterna.

Cooperación en lugar de soluciones individuales: Una unión de abastecimiento con municipios vecinos podría traer ventajas de escala: depósitos compartidos, pozos comunes o negociaciones para fondos.

Qué se debería hacer ahora políticamente

El debate no puede quedarse en declaraciones de buenas intenciones. A corto plazo se necesitan planes de emergencia claros, priorización transparente (atención médica, escuelas) y programas de ayuda financiera para hogares vulnerables. Además, la situación llegó a poner a Sóller ante posibles medidas excepcionales, como recoge Sóller ante un posible estado de emergencia por agua potable. A medio plazo hace falta una combinación de incremento de almacenamiento, uso más eficiente y una política turística realista que tenga en cuenta el consumo en temporada alta.

A largo plazo se trata de una decisión estratégica: ¿se apuesta por un crecimiento ilimitado o se orienta la infraestructura hacia la limitación y la resiliencia? Deià podría convertirse en ejemplo si ahora se prueban soluciones inteligentes, de pequeña escala y apoyadas socialmente.

Un llamado: cada gota cuenta —y cada decisión también

La medida de cortar el agua tres días por semana es un toque de atención. Muestra cuán vulnerables son incluso los lugares idílicos cuando el suministro depende de unas pocas fuentes. No solo se necesita paciencia y creatividad por parte de los habitantes —se necesita también valentía de la política, de los inversores y del sector turístico. Si no, a Deià le espera una nueva normalidad: calles pintorescas, menos agua y un precio mayor por ella.

En la hora corta y calurosa de la tarde, cuando las cigarras cantan y el olor a pino y sal marina atraviesa el pueblo, queda claro: no se trata solo de confort. Se trata del futuro de este lugar. Y ese empieza con la próxima decisión de inversión que se tome hoy.

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