Fachada del antiguo cine Metropolitan en Pere Garau y actividad en el mercado cercano

Del cine a centro de barrio: Lo que Pere Garau realmente necesita

El Ayuntamiento planea en el solar del antiguo Metropolitan un centro de barrio con biblioteca, guardería, aparcamiento y una nueva comisaría. Buena idea — pero ¿qué significa eso concretamente para el vecindario de Pere Garau?

Del cine a centro de barrio: Lo que Pere Garau realmente necesita

Al pasar por la fachada descolorida del antiguo Metropolitan, el olor a algodón de azúcar y a café recién hecho recorre las callejas del mercado. La pantalla lleva tiempo vacía, pero el Ayuntamiento tiene grandes planes: del cine debe surgir un centro de barrio, con biblioteca, guardería, centro cívico, aparcamiento y una nueva comisaría. Sobre el papel suena a reparación urbana. En las calles de Pere Garau suena más a muchas preguntas abiertas.

La cuestión central

¿Qué aporta realmente el proyecto a las personas que viven aquí? Esa es la pregunta que se repite en el barrio más que la fecha del concurso (15 de diciembre). Sí, sería bienvenida más infraestructura social. Pero ¿aportan 17,7 millones de euros y un edificio en el antiguo solar del cine el beneficio que esperan los vecinos, o generan sobre todo nuevos conflictos por tráfico, ruido y usos?

Análisis: oportunidades y puntos ciegos

Es positivo que en un lugar central puedan confluir distintas ofertas. Una biblioteca bien diseñada y espacios flexibles para grupos vecinales podrían cubrir huecos: cursos de idioma para nuevas personas residentes, puntos de encuentro para personas mayores, locales para iniciativas locales. Suena a un beneficio para la multiculturalidad viva que se percibe cada mañana en el mercado entre vendedores de aceitunas y puestos de café.

Pero algunos aspectos se debaten poco públicamente. Ejemplo: el aparcamiento. Aunque resuelve la falta de plazas, puede atraer más tráfico y empeorar la calidad del aire. La prevista comisaría para unos 30 agentes plantea preguntas sobre ubicación, visibilidad e intervenciones — más presencia no significa automáticamente más seguridad si la medida no se vincula con prevención social.

Lo que dicen los vecinos — y lo que no dicen

En una reunión en el centro comunitario el ánimo estuvo dividido. «No queremos una central estéril, sino cosas que el barrio realmente necesita», decía una vecina. Un deseo recurrente es un servicio de urgencias 24 horas. Oficialmente no figura en el programa, pero la demanda demuestra que la salud y la ayuda rápida importan más a muchos que un nuevo aparcamiento.

Otras preocupaciones giran en torno al ruido de las obras, la accesibilidad para personas mayores y la cuestión de quién gestionará los espacios una vez terminados. ¿Seguirán siendo asequibles las ofertas culturales o acabarán en manos de operadores privados con barreras de acceso? ¿Seguirá existiendo la pequeña panadería de la esquina si cambian los accesos?

Propuestas concretas en lugar de promesas vagas

Para que el proyecto no se convierta en una solución de hormigón con poco uso cotidiano, los planificadores y la política deberían incorporar medidas concretas: primero, un plan de movilidad con reglas claras para las entregas, zonas de carga y descarga temporales y un fuerte fomento de vías peatonales y ciclistas. Segundo, diseñar el aparcamiento de forma limitada o modular — menos plazas suelen significar más calidad de vida.

Tercero, revisar las ofertas sanitarias: un espacio para un servicio de urgencias público o al menos un centro de atención primaria mejoraría mucho la zona. Cuarto, modelos de reserva flexibles para que asociaciones, colegios y grupos vecinales puedan usar los espacios a precios asequibles. Quinto, empleo local: las obras y la operación deberían crear puestos de trabajo para personas del barrio.

Verde, silencioso, cercano — y realista

Las zonas verdes y las medidas de aislamiento acústico no pueden faltar en un centro de barrio moderno. Un jardín en la azotea, fachadas ajardinadas o pequeños patios podrían reducir el calor y fomentar la vida vecinal. Al mismo tiempo hacen falta planes de costes transparentes: 17,7 millones suenan a mucho, pero ¿qué costes derivados habrá por funcionamiento y mantenimiento?

Así debe hacerse la participación

No basta con convocar un concurso de arquitectos y colgar los mejores diseños. La verdadera participación implica: eventos informativos accesibles, respuestas claras a las objeciones, horarios ampliados para las exposiciones y la promesa de que se pueden introducir cambios. Si no, la muestra de paneles será solo una formalidad mientras la calle sigue debatiendo.

Conclusión: posible proyecto modelo — con reservas

Me gusta la idea de que de una pantalla de cine nazca un espacio para risas infantiles, libros y vecindad. Pero el potencial solo se cumplirá si el Ayuntamiento articula en serio planificación, movilidad y atención sanitaria y si la gente local tiene auténtica capacidad de co-diseñar. Si no, una oportunidad puede quedar reducida a un trozo más de la lógica gris de la ciudad.

Hasta mediados de diciembre se presentarán los primeros diseños. Entonces se verá si creatividad y pragmatismo van de la mano — y si Pere Garau gana algo más que un nuevo aparcamiento.

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