Protesta de familias en Palma reclamando enseñanza del islam en escuelas cercanas

El tribunal refuerza el derecho a la enseñanza del islam — un fallo con muchas preguntas abiertas

El tribunal de las Baleares exige que se ofrezca enseñanza del islam en escuelas públicas próximas al domicilio. Una señal importante para las familias — pero el camino práctico sigue siendo difícil. ¿Quién paga, quién enseña y cómo se vivirá realmente la diversidad?

El tribunal refuerza el derecho a la enseñanza del islam — qué debe aclararse ahora en Mallorca

El Tribunal Superior de las Baleares ha decidido esta semana: los padres tienen derecho a que se ofrezca enseñanza del islam en una escuela pública cercana a su lugar de residencia. Para muchas familias en Palma y en la isla la sentencia supone un alivio — para la administración y los centros escolares empieza ahora un malabarismo logístico; además, la resolución se enmarca en una serie de decisiones judiciales recientes, como Jueces en Palma refuerzan los derechos de los pasajeros – una victoria con interrogantes.

La pregunta central

¿Cómo puede integrarse de forma práctica y justa el derecho a la educación religiosa protegido por la Constitución en la jornada escolar? Esa es la cuestión central que plantea la sentencia. Las respuestas no son solo jurídicas, son concretas: planificación de espacios, horarios, personal, dinero. Y no hay que olvidar: el equilibrio entre la libertad religiosa y la misión de neutralidad de la escuela.

Por qué era necesaria la sentencia

En algunas escuelas falta la oferta pese a acuerdos vigentes desde hace años entre el Estado y las comunidades religiosas. Padres de Palma —por ejemplo un grupo de familias que se habían unido con alrededor de 100 niños— acudieron a los tribunales después de que el Ministerio de Educación no transparentara en qué centros se impartía la enseñanza. El sábado frente al ministerio en la Avinguda de Jaume III, madres y padres debatían entre el creciente ruido urbano y el aroma a café con leche sobre su derecho a que su hijo aprenda su religión cerca de la escuela; hay precedentes de movilizaciones ciudadanas, como Bloqueo de los padres en Son Sardina: la escuela permanece cerrada tres días tras fallo contra el docente.

Qué exige concretamente la sentencia

La administración debe comunicar con claridad en qué escuelas se ofrece enseñanza del islam y asegurar que esa oferta esté efectivamente disponible. Eso supone un esfuerzo organizativo adicional: hay que replantear horarios, reservar espacios y encontrar docentes cualificados. Para las familias, en el mejor de los casos, menos desplazamientos; para los centros, más burocracia y coordinación. En el debate público autonómico también han surgido iniciativas sobre la protección de derechos religiosos, como refleja el artículo El Parlamento de las Baleares dice no a la prohibición del Eid al-Adha – ¿Qué sigue en Mallorca?.

Los problemas menos atendidos

Se ha discutido menos quién financiará las horas extra de docencia. ¿Vendrá el dinero del presupuesto general de educación, de partidas específicas autonómicas o contribuirán los ayuntamientos? También queda sin resolver la cuestión de la estructura de las asignaturas: ¿debería ofrecerse enseñanza del islam desde primero o escalonarse según la demanda? En municipios rurales con escuelas pequeñas una oferta para pocos niños puede resultar desproporcionadamente cara. La cuestión de solidaridad y sobrecarga en las islas ha sido abordada en otros fallos y debates, como Tribunal Supremo refuerza a Madrid – Baleares entre obligación y sobrecarga.

Otras asignaturas pendientes: la cualificación del profesorado. No se trata solo de conocimiento del alemán, español o catalán: el personal debe estar formado pedagógicamente, conocer los currículos y actuar con neutralidad en el encargo del Estado. ¿Quién controla la calidad y la neutralidad? ¿Y cómo se representará la diversidad dentro del islam —desde distintas escuelas jurídicas hasta familias laicas que entienden la formación religiosa de otro modo?

Soluciones concretas que deberían debatirse ahora

Atlas escolar transparente: Un mapa público con el estado de la oferta de cada centro daría a las familias claridad inmediata y desacreditaría rumores.

Coordinación regional: En lugar de obligar a cada escuela por separado, el ministerio podría crear puntos de coordinación regional que agrupen varios centros —con docentes compartidos y espacios comunes.

Modelos móviles o digitales: En zonas poco pobladas docentes itinerantes o cursos en línea pueden ser un puente pragmático. Evitan largos desplazamientos y mantienen una oferta cercana.

Mezcla de financiación: Fondos estatales, aportes coordinados de los ayuntamientos y programas de apoyo podrían evitar soluciones temporales. La transparencia en la contabilidad es obligatoria.

Formación del profesorado: La capacitación continua, currículos obligatorios y un sistema de control de calidad garantizan que la educación religiosa sea pedagógica y neutral.

Un paso hacia la normalidad — pero no un punto final

Para muchas familias que organizan su día a día en Mallorca entre escuela, trabajo y obligaciones familiares, la sentencia supone un paso hacia la normalidad: las escuelas públicas deben ser más diversas y reflejar lo que la isla es hoy. Pero si eso ocurre depende ahora de los detalles —y de la voluntad política de poner recursos y colaborar de forma pragmática con centros y ayuntamientos.

La Avinguda de Jaume III era el sábado por la mañana ruidosa y colorida; voces se mezclaban con el ruido de los motores y de vez en cuando se oía la risa de niños jugando en la calle. Es precisamente a esos niños a quienes debería beneficiar al final una solución que no solo sea jurídicamente correcta, sino también viable en la práctica. El tribunal ha marcado la dirección. Ahora viene el trabajo mucho más complicado de negociar.

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