
Cuando las villas se convierten en un pequeño pueblo: Camp de Mar y Son Vida entre las direcciones de lujo de España
Dos calles en Mallorca se cuentan entre las más caras de España. ¿Qué significa esto para los vecinos, los precios de los alquileres y la imagen de la isla — y existen contramedidas?
Cuando una casa cuesta casi lo mismo que un pequeño pueblo
A veces basta con un paseo matutino para comprender lo cerca que están el lujo y la vida cotidiana en Mallorca. En la bruma del mar se percibe la resina de los pinos y el aroma del espresso recién hecho. Los corredores se saludan, un pescador remolca su barco, y sobre la ladera de Camp de Mar las villas cuelgan como cajas selladas. Dos calles, el Camí Salinar en Camp de Mar y el carrer Binicaubell en Son Vida, figuran según cifras recientes en Son Vida y Andratx en la lista top de España: casi nueve millones de euros cuesta una casa allí de media. La pregunta central sigue siendo: ¿cómo transforma tanto dinero la vida en la isla?
¿Por qué pagan los compradores cifras de siete u ocho dígitos?
La respuesta es doble y, como suele ocurrir aquí, algo romántica: vistas al mar, privacidad, accesos cuidados y parciales enormes. En la práctica se suman la infraestructura y la ubicación: conexión rápida con Palma: Alquileres, Electricidad — Por qué la vida aquí se ha vuelto tan cara, colegios internacionales, clínicas y un aeropuerto al que se llega en 20 a 30 minutos. Muchos compradores, incluidas familias de alto poder adquisitivo de Alemania y otros países, buscan precisamente esa mezcla de discreción y cercanía a la ciudad. A primera hora de la mañana en Camp de Mar, un jardinero, mientras recorta cipreses, dice: 'Aquí pagan por la tranquilidad'.
¿Qué consecuencias suelen quedar sin mencionar?
Las estadísticas muestran precios máximos, pero ocultan las repercusiones en el día a día. Los precios del suelo se disparan, las empresas de reformas y limpieza viven un boom, pero al mismo tiempo aumenta la presión sobre el mercado de la vivienda local; esa dinámica se refleja en análisis como Precios astronómicos, tiendas de campaña y promesas vacías: por qué la crisis de vivienda en Mallorca ya no es un problema marginal. Los jóvenes mallorquines encuentran más difícil acceder a viviendas cerca de sus puestos de trabajo; los pensionistas ven cómo cambian vecindarios familiares. Menos debatido es el carácter estacional de muchas compras de lujo: algunas villas permanecen vacías durante meses, tras los propietarios aparecen administradores de fincas y servicios de seguridad privados. Eso crea empleos temporales, pero poco vivienda asequible y permanente.
¿Qué riesgos afronta el bien común?
Un mercado inmobiliario en alza reduce los márgenes de maniobra para familias de clase media y talleres artesanos. La consecuencia: restaurantes, panaderías y pequeños comercios se quedan sin espacio porque suben los alquileres y las rentas. Un taxista local cuenta que hace más servicios privados hacia superyates, pero tiene menos clientes habituales en el pueblo. También sufre el paisaje cuando las zonas verdes se transforman en jardines de lujo y el consumo de agua aumenta en veranos secos. Estos efectos secundarios forman parte del precio que paga una isla considerada como refugio exclusivo; además, fenómenos como el cambio de vecindarios por inquilinos foráneos están documentados en piezas como Cuando las casas de repente se alquilan a otros: cómo los inquilinos extranjeros cambian los vecindarios.
¿Hay oportunidades tras los números?
Sí: el dinero también puede actuar como palanca positiva. Buenas contrataciones para empresas locales, inversiones en la calidad de restaurantes y hoteles, y una mayor demanda de servicios especializados generan ingresos. Si los ingresos procedentes de impuestos y tasas se destinan de forma dirigida, se pueden financiar mejoras infraestructurales, modernización de colegios o proyectos municipales de vivienda; como resumen de estas tensiones económicas véase Vivir más caro en Mallorca: ¿Quién paga el precio?. Lo decisivo es cómo gestionan estos ingresos las autoridades y los ayuntamientos.
Propuestas concretas en lugar de mera indignación
Algunas medidas que podrían funcionar de forma pragmática en Mallorca: primero, destinar de forma vinculada la recaudación por turismo y lujo a financiar vivienda social. Segundo, incentivos para que los propietarios ofrezcan contratos de alquiler a largo plazo en lugar de dedicar inmuebles al alquiler vacacional —por ejemplo, mediante ventajas fiscales o subvenciones. Tercero, fomentar los Community Land Trusts: ayuntamientos o cooperativas que compran terrenos para garantizar vivienda asequible a largo plazo. Cuarto, cuotas obligatorias de vivienda social en proyectos de nueva construcción de gran envergadura. Y no hay que olvidar los registros transparentes de viviendas desocupadas, para que el parque residencial no quede retenido sin uso.
Una mirada a la isla: actuar localmente, planificar regionalmente
El desafío tiene soluciones locales, pero exige pensar a escala regional. Son Vida y Camp de Mar son picos visibles, pero la presión se distribuye también por Palma, Felanitx y otros municipios. Una planificación insular, gestión del agua en verano y reglas claras para el alquiler de corta duración ayudarían a reducir los desplazamientos forzados. Al mismo tiempo hacen falta iniciativas de formación y salarios justos para que los locales se beneficien del auge. Un carpintero en Andratx, que ahora trabaja en tres villas, lo resume así: 'Si la gente puede trabajar aquí, el pueblo también sigue vivo'.
Conclusión: entre el banco del parque y la piscina
Al final queda la imagen que conocen muchos mallorquines: en un banco del parque en Son Vida se sienta una mujer mayor y observa los barcos en la bahía; no muy lejos, brilla una piscina. Las cifras suenan surrealistas —casi nueve millones por una casa— pero la cuestión no es solo quién puede permitírselo. Se trata de qué isla queremos ser: ¿un exilio exclusivo para pocos o un lugar con espacio para las personas que hacen posible la vida aquí? Las respuestas se hallan menos en los anuncios de venta que en las decisiones municipales, en las leyes fiscales y en la voz del vecindario. Quien pasea una tarde tranquila por Camp de Mar o Son Vida no solo oye el mar. También oye el trabajo necesario para que Mallorca no solo siga siendo bonita, sino habitable.
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