
De la guerra a la alegría de vivir: una autora cuenta cómo Mallorca se convirtió en su nuevo hogar
Emina Huduti huyó de Bosnia cuando era niña, vivió mucho tiempo con estatus de tolerada en Alemania y ha encontrado de nuevo suelo firme en Mallorca. En septiembre sale su práctico libro "100 Días para Ti".
Cómo volver a respirar tras golpes del destino
Conocí a Emina una calurosa mañana en Marratxí, junto a la pequeña panadería de la plaza. Dice que siempre pide el mismo café porque la rutina da calma. La mujer que sonríe mientras abraza su taza cuenta una vida marcada por la huida y la incertidumbre: nacida en 1983 en Doboj, creció entre guerras, con etapas en Belgrado, en Kosovo y finalmente en Alemania. Hace ocho años descubrió el aire seco de Mallorca y los cerezos frente a su casa. Relatos sobre echar raíces pueden verse en «Mi corazón me llevó a Palma» — Cómo una pareja germano‑austriaca echa raíces aquí.
Del estatus de "tolerada" a la autoeducación
En alemán se dice "geduldet" y se refiere a un estatus que deja más espera que avance. Emina vivió esa fase: prórrogas, inseguridad, sin formación. Lo que no tuvo, se lo buscó ella misma. "Fui a la biblioteca", cuenta, "saqué libros y me enseñé cosas por mi cuenta." No hay pathos, sino una determinación práctica. Pasos pequeños, cubriendo lagunas formales con sus propios medios: esa es su historia. Historias de transformación personal pueden leerse en Cuando desapareció el dinero: cómo Andrea se regaló una nueva vida en Mallorca gracias al español.
De esa práctica nació su nuevo libro, que sale en septiembre: "100 Días para Ti". No es un seminario teórico, sino un formato de diario en tres etapas. Su idea: 100 días son lo bastante largos para cambiar hábitos, lo bastante cortos para mantener el compromiso. Emina dice que precisamente ese horizonte necesitó en Alemania, cuando poco a poco volvió a confiar en sí y en el futuro.
¿Por qué Mallorca?
La isla llegó a su vida por su marido, pero eso fue solo el inicio. "Se sintió cálido", dice, y no se refiere solo al clima. Paseos al amanecer, a solas por senderos en el prelitoral de la Tramuntana, le dan calma e ideas. Habla español con fluidez —un puente que abre personas. Se nota en sus frases: mostrar respeto, devolver, poder pertenecer. También hay quien echa raíces en entornos rurales, como cuenta En la finca cerca de Llucmajor: cómo Talia echa nuevas raíces en Mallorca.
La integración como vida cotidiana
Para Emina, integrar no significa renunciar a sí misma. Más bien es un convivir: vecinos que en el puesto del mercado te dicen "bona tarda", pequeñas charlas en la panadería, la sensación de estar invitada. Eso le ayudó a replantear la llegada. En su casa cerca de Marratxí prefiere escribir; allí está gestándose su próximo libro, autobiográfico, un llamamiento por la paz y la responsabilidad cultural. Relatos sobre el trabajo estacional y la búsqueda de comunidad en la isla aparecen en «En Alemania a menudo estaba solo»: cómo Sali cambió Düsseldorf por Mallorca.
"Tienes que tener el valor de mirar hacia adelante". No es un consejo pomposo, sino un truco cotidiano. Para ella, valentía es ponerse en marcha —con lo que sea posible.
Un cierre personal
Me fui esa mañana con una sensación sencilla: gratitud por las pequeñas cosas. Para Emina, Mallorca es ya más que un lugar para vivir. Es un sitio donde su alegría de vivir ha vuelto. Y su libro quiere ayudar a otros a confiar paso a paso: 100 días, un trozo de vida diaria, una mejor actitud. A veces no se necesita más. Otras experiencias, incluidas las decisiones de volver, se relatan en Del Robinson-Club al Harz: Por qué una emigrante dejó la isla.
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