Antigua casa parroquial junto a la iglesia de Fornalutx, destinada a convertirse en dos viviendas sociales.

Fornalutx: antiguas casas parroquiales se transforman en dos viviendas sociales

Fornalutx: antiguas casas parroquiales se transforman en dos viviendas sociales

La parroquia Sant Bartomeu de Sóller invierte 500.000 euros para convertir el largo tiempo desocupado edificio parroquial junto a la iglesia en Fornalutx en dos viviendas asequibles, evitando así el abandono.

Fornalutx: antiguas casas parroquiales se transforman en dos viviendas sociales

La parroquia financia la reforma, se mantiene el ambiente del pueblo

A los pies de la Tramuntana, donde las calles son estrechas y las campanas repican a mediodía en la plaza, ocurre algo práctico: el largo tiempo desocupado edificio parroquial junto a la iglesia Nativitat de la Mare de Déu en Fornalutx se está reformando. Del antiguo edificio parroquial surgirán dos viviendas, cada una con dos dormitorios. La comunidad Sant Bartomeu de Sóller aporta los fondos necesarios: en total 500.000 euros.

Quien sube por las escaleras desde la Carrer Major en un claro día de invierno a veces huele azahar en los patios interiores, ve ropa tendida sobre las calles y escucha en el café de la plaza a los clientes habituales mayores discutir en voz baja. Justo aquí suele faltar vivienda asequible para quienes trabajan en el pueblo o tienen a sus familias cerca. El nuevo uso del edificio parroquial quiere cerrar precisamente esa brecha: viviendas que no se ajusten al precio de mercado, sino a la vida local, como muestran iniciativas en la comarca Sóller transforma el antiguo hospital en diez viviendas sociales — ¿es suficiente?.

En tiempos en los que fincas y casas urbanas se convierten rápidamente en apartamentos turísticos, la decisión de reconvertir un edificio eclesiástico para cubrir las necesidades locales resulta notable; el fenómeno puede verse en Palma: Cómo el lujo va ocupando lentamente los antiguos barrios obreros. El proyecto persigue además un propósito práctico: evita un mayor deterioro de una casa vacía en el centro. En lugar de polvo de ladrillo y grietas en la fachada, pronto habrá ventanas con vistas a la sierra y estancias cálidas.

La iniciativa se financia exclusivamente con los ingresos de la comunidad parroquial Sant Bartomeu. Eso significa: no venta a un inversor, no alquileres turísticos a corto plazo. Para el pueblo supone seguridad en la planificación y la posibilidad de retener a residentes que mantienen oficios locales, la pequeña panadería o el café que sirve el espresso por la mañana.

Una reforma como esta también ofrece la oportunidad de conservar la sustancia tradicional e incorporar al mismo tiempo estándares modernos: mejor aislamiento, sistemas de calefacción eficientes y medidas sencillas que reduzcan el consumo eléctrico y térmico. Si la parroquia actúa con transparencia a la hora de elegir a los inquilinos y aplican criterios locales —puesto de trabajo o vinculación familiar con Fornalutx—, se beneficiarán tanto los moradores como el vecindario.

Observación cotidiana: ya hay vecinos que han preguntado si la obra tendrá repercusiones en la tranquilidad del lugar. En los pueblos pequeños cada cambio se registra con detalle. La mejor respuesta es organizar los trabajos para que respeten la rutina diaria: entregas fuera de la siesta, zonas de trabajo limpias y una logística de obra que respete las calles estrechas.

Lo que esto significa para Mallorca en su conjunto es fácil de imaginar: si las comunidades locales reutilizan la edificación existente para vivienda asequible, se preserva el tejido social de los lugares. Turismo y vida cotidiana no tienen por qué ser antagónicos. Proyectos como el de Fornalutx son ejemplos concretos de cómo proteger la identidad local sin convertirla en un museo.

Perspectiva y sugerencia: otras localidades podrían evaluar proyectos modelo similares —casas parroquiales, edificios antiguos municipales o viviendas vacías reservadas para la población local—, como el plan anunciado en la comarca de Sóller Sóller construirá 24 viviendas sociales en la Plaça de les Teixidores. Acompañar estas iniciativas con comunicación transparente ayuda: quién gestiona las viviendas, cuánto costarán los alquileres, quién se ocupa del mantenimiento. Estas cuestiones pueden resolverse a nivel local y fortalecen la confianza.

Conclusión: en Fornalutx no habrá grandes titulares, pero sí respuestas muy prácticas a un problema real. Dos viviendas en un antiguo edificio parroquial no son una panacea, pero sí una pieza de seguridad cotidiana para quien vive y trabaja aquí. Y mientras la campana suena sobre la plaza, crece la esperanza de que el pueblo siga siendo algo más que una estampa bonita para visitantes: un lugar vivo con espacio para quienes lo forman.

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