Fachada del antiguo hospital en la Plaça Constitució de Sóller, previsto para convertirse en viviendas sociales

Sóller transforma el antiguo hospital en diez viviendas sociales — ¿es suficiente?

El antiguo hospital en la Plaça Constitució se convertirá en diez viviendas sociales. Un paso pragmático — pero ¿son suficientes diez unidades y cómo se asignarán de forma justa?

Sóller transforma el antiguo hospital en diez viviendas sociales — ¿es suficiente?

Al borde de la Plaça Constitució, donde por la tarde el sol calienta el empedrado y por la noche suena brevemente la campana del tranvía, un edificio que llevaba tiempo vacío va a cobrar nueva vida: el instituto de vivienda balear Ibavi asume el antiguo hospital y el ayuntamiento conserva la planta baja. Objetivo: diez pisos de alquiler para personas con vínculos locales.

Una pequeña solución con gran carga simbólica

Las cifras son manejables. Diez viviendas no suenan a una revolución, más bien a una ayuda puntual para casos urgentes. Aun así, el proyecto tiene peso porque demuestra que en Sóller no todos los edificios vacíos se destinan al mercado turístico. En la plaza ventosa vi a dos mujeres que comentaban los precios del mercado semanal: una vida cotidiana normal, que proyectos así pueden preservar.

El ayuntamiento conserva la planta baja, con unos 440 metros cuadrados. Allí se pretenden ubicar oficinas y puntos de atención para que los desplazamientos de la ciudadanía sean más cortos. Las plantas superiores se reformarán para ser accesibles, con pequeñas distribuciones para personas solas, parejas y familias jóvenes. Inicio previsto de las obras: primavera de 2026; posibles entradas hacia finales de 2026 o principios de 2027.

La pregunta clave: ¿tienen suficiente impacto diez viviendas?

Esa es la cuestión central que en el consistorio no suelen plantear en voz alta: ¿pueden diez unidades cambiar algo de forma perceptible en toda la ciudad, o se trata de una gota simbólica en el océano? En una localidad pequeña como Sóller cada vivienda puede marcar la diferencia: puede garantizar el derecho a permanecer a una persona mayor o ofrecer estabilidad temporal a una familia joven. Pero no resuelve los cuellos de botella estructurales del mercado de la vivienda.

Por ello resulta crucial cómo se regulen las adjudicaciones. El ayuntamiento habla de criterios sociales: vinculación local, trabajadores del sector sanitario y de servicios, hogares con bajos ingresos. Aquí es donde a menudo surge desconfianza: los vecinos exigen procesos de selección transparentes y calendarios claros. Sin eso, el proyecto corre el riesgo de provocar más inquietud que confianza.

Riesgos críticos y puntos ciegos

Algunos escollos son previsibles. Retrasos en las licencias, sobrecostes en la rehabilitación de patrimonio histórico o una planificación financiera poco clara podrían desajustar el cronograma. También hay que pensar en el mantenimiento a largo plazo de las viviendas: ¿quién asumirá las reparaciones futuras? Ibavi, como propietario, aporta control público, pero la gestión diaria seguirá siendo una tarea que consume personal y recursos.

Otro punto ciego es la integración social: las viviendas sociales no deben quedar marginadas del debate vecinal. Si la planta baja acoge oficinas que apenas se usan, el beneficio social será limitado. El edificio debe seguir siendo parte del barrio, con presencia visible y servicios que atraigan a las vecinas y vecinos.

Propuestas concretas para que el proyecto sea más que un símbolo

Algunos pasos pragmáticos podrían aumentar las posibilidades de éxito:

1. Reglas de adjudicación transparentes: publicar criterios con antelación, una fase pública de solicitud y una comisión independiente con representantes del municipio, entidades sociales y la vecindad.

2. Calendario con margen: fases de obra realistas y actualizaciones periódicas para la ciudadanía, para que no prosperen rumores ni incertidumbres.

3. Uso social de la planta baja: no convertirla solo en pasillo de oficinas, sino en un punto de atención con horario fijo, servicios de asesoramiento y espacios de encuentro —un lugar donde se escuchen las voces del barrio.

4. Sostenibilidad y accesibilidad: rehabilitación energética y medidas constructivas que reduzcan costes de explotación a largo plazo y permitan a las personas mayores una vida autónoma.

5. Fortalecer las colaboraciones: ONG, empresas locales y servicios de empleo pueden ayudar a que las personas inquilinas se reintegren con rapidez en la vida laboral y social.

Un paso pragmático — con posibilidad de ser algo más

Al final, la iniciativa es típica de Sóller: no un gran proyecto de prestigio, sino un parche local que busca cubrir necesidades concretas. Si la selección es justa, la planta baja se llena de vida y la gestión es transparente, diez viviendas pueden producir mucho más impacto del que su número sugiere. Pero si falla la comunicación, una pequeña luz de esperanza puede convertirse pronto en frustración.

El reloj sobre la Plaça Constitució sigue su tic tac, el mercado empieza a desplegarse y la pregunta permanece: ¿volverá el antiguo hospital a llenarse pronto de olor a cocina y risas de niños, o se quedará como una bonita promesa en papel? Sóller tiene esta vez la oportunidad de hacerlo bien —con reglas claras y un poco de sentido común urbano.

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