Porreres zeigt: Kastration, Mikrochip und Ehrenamt helfen Katzenkolonien

Porreres: Cómo la castración y los voluntarios cambian la vida de los gatos

Porreres: Cómo la castración y los voluntarios cambian la vida de los gatos

En Porreres, la veterinaria y los voluntarios muestran cómo la castración dirigida, el microchip y el apoyo municipal estabilizan colonias de gatos y reducen el sufrimiento animal.

Porreres: Cómo la castración y los voluntarios cambian la vida de los gatos

Un pueblo, siete colonias y un camino práctico hacia el bienestar animal

Cuando las campanas de la iglesia de Sant Pere suenan al mediodía y el mercado frente al ayuntamiento se va apagando, se ven en el borde de la plaza voluntarios colocando platos con comida y se oyen maullidos en el aire. En Porreres esto no es una imagen de un folleto turístico, sino la vida diaria: aquí la gente cuida de siete colonias de gatos oficialmente registradas, y detrás de este compromiso está sobre todo una pequeña clínica veterinaria que abrió en 2018.

La veterinaria que dirige la clínica en el pueblo fundó al mismo tiempo una asociación local de protección animal, uniendo así dos cosas que muchas veces van por separado: la atención médica y el trabajo voluntario. El resultado es práctico y visible: los animales heridos reciben cuidados, se registran los nuevos gatos encontrados, y los animales esterilizados regresan tras un breve periodo de recuperación a su colonia —con microchip para el seguimiento—.

La idea es simple y eficaz. La normativa de 2023 delega en los municipios la responsabilidad sobre las colonias y establece un marco: la Esterilización a partir de unos seis meses y la implantación de un microchip son hoy algo previsto por la ley. Las operaciones son —desde el punto de vista médico— rápidas: por lo general de cinco a diez minutos. Los rangos de precios habituales en Europa, como se citan en Porreres, rondan los 100 a 150 euros para hembras y 70 a 100 euros para machos. Estas cifras suponen a menudo un reto para pequeñas asociaciones y colaboradores particulares; por eso la cooperación con los municipios es tan importante. Casos y debates locales sobre ordenanzas pueden verse en Llubí establece límites para mascotas: oportunidades, problemas y preguntas sin respuesta.

Las Islas Baleares registran actualmente 1.759 colonias de gatos oficialmente inscritas. Sin embargo, las autoridades locales estiman que el número real es considerablemente mayor. En Mallorca, hasta ahora 26 de 53 municipios llevan a cabo programas activos de castración: un comienzo, pero no suficiente, dicen los practicantes locales. La consejería regional ha fijado como objetivo un valor intermedio del 50 por ciento de animales esterilizados en las colonias, para llegar algún día a colonias estables, denominadas controladas; según los expertos, para ello habría que esterilizar claramente a más de nueve de cada diez animales.

En la práctica esto significa: los voluntarios observan, notifican nuevas llegadas, capturan animales, los llevan a la clínica y acompañan su regreso. Sin estas manos en el lugar, muchas colonias seguirían creciendo sin control. La estación de reubicación en el municipio vecino de Vilafranca es un ejemplo de cómo las administraciones locales pueden asumir su responsabilidad: pequeñas jaulas para la aclimatación, un recinto mayor al aire libre con refugios, zonas de comida y descanso —en verano protección contra el sol, en invierno contra la lluvia—. Situaciones similares en áreas turísticas están recogidas en artículos como Cuando los michis ya no son tan despreocupados: Gatos callejeros en el Ballermann y qué hacer ahora.

Estas medidas actúan en varios niveles: menos cachorros en situación de abandono, menos sufrimiento por enfermedades, mejor control del estado sanitario y de los parásitos, y alivio para los vecinos. En la calle se oyen entonces con menos frecuencia los sonidos desesperados de animales jóvenes y con más frecuencia el suave susurro cuando alguien coloca un plato de comida. No es una gran portada, sino ayuda vecinal hecha realidad.

Lo que da esperanzas en Porreres es la combinación de conocimiento médico, trabajo voluntario y un creciente apoyo municipal. Las asociaciones siguen dependiendo de subvenciones, pero el trabajo conjunto ya muestra efectos visibles: colonias más estables, menos emergencias y mayor trazabilidad gracias al microchip.

El modelo es transferible a otros municipios: registro claro de las colonias, campañas coordinadas de captura y castración, alojamientos sencillos para la aclimatación y la participación económica de los ayuntamientos reducen los costes a largo plazo y protegen a los animales. Quien quiera ayudar concretamente puede colaborar con asociaciones locales, ofrecer plazas de acogida o apuntarse a los programas municipales: muchas veces bastan unas horas al mes; ejemplos de propuestas municipales pueden consultarse en Llubí propone una nueva protección animal: máximo tres mascotas en viviendas y castración obligatoria de los gatos.

Al final se trata de una actitud: ver a los animales como seres con necesidades y entender la responsabilidad no como una carga, sino como parte de la vida del pueblo. Cuando una noche en la plaza un gatito duerme tranquilo en una caja tras haber sido esterilizado poco antes, no es un triunfo, sino un pequeño y reconfortante paso en la dirección correcta. Y en Porreres eso suena un poco a hogar.

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