
Por qué Jan Hofer se queda en Mallorca – y le dice no al Dschungelcamp
Por qué Jan Hofer se queda en Mallorca – y le dice no al Dschungelcamp
El ex presentador de noticias buscó tranquilidad en Mallorca, equilibra obligaciones paternas y un programa escénico previsto. No aceptará una aventura de reality por motivos familiares y personales.
Por qué Jan Hofer se queda en Mallorca – y le dice no al Dschungelcamp
Un proyecto de vida entre tranquilidad, deberes paternos y planes escénicos
Se le ve conduciendo con el techo abierto por la isla: un clásico Volkswagen Escarabajo, el pelo ligeramente al viento, el mar cerca. Para Jan Hofer, Mallorca hace tiempo que dejó de ser un refugio pasajero y se ha convertido en su hogar y su día a día. Allí se ha retirado para tener menos focos y más tiempo en familia. Al mismo tiempo, la vida en la jubilación no es automáticamente despreocupada: así lo cuenta en una conversación franca sobre las condiciones económicas tras décadas en los medios.
El hombre que muchos reconocen por el informativo de la noche relata que las rentas habituales por la edad están ajustadas para las necesidades diarias. Desde que ya no tiene un contrato fijo, sus ingresos han sido por proyectos. Por eso no sorprende que rechace ofertas como participar en un reality show muy viajado: para él pesa más la paz del hogar que una suma puntual de dinero —y, al parecer, también la opinión de su pareja.
Más en concreto: en lugar de una inversión estilo «showman» sobre el escenario, Hofer elige enviar otra señal. Ha decidido ordenar su vida en la isla: escuela para el hijo, noches juntos, paseos por el Passeig Mallorca o un café en el barrio de Santa Catalina —pequeñas cosas que, en conjunto, sostienen la vida. La prioridad está en el crecimiento del niño y en la presencia, no en el beneficio rápido a través de acrobacias televisivas.
Eso no significa que se retire por completo del trabajo público. Desde 2027 planea una serie de espectáculos en los que recordará sus años frente a las cámaras y contará su propia historia. No será un truco pasajero, sino un programa personal con anécdotas y pequeñas secuencias de vídeo —algo que pueda controlar y presentar con dignidad. Encaja con la imagen de un hombre que quiere decidir cuándo y cómo aparecer en los medios.
En Mallorca esta decisión ha sido bien recibida; la isla ha atraído en los últimos años a muchas personas que buscan una vida más tranquila, pero activa, y ejemplos recientes lo ilustran, desde Un conocido creador alemán de redes sociales se muda a Mallorca hasta Paul Janke participa en un reality como barman — y Mallorca se alegra, pasando por Jörg Dahlmann entra en el TV-Camp y Cuando viejas rencillas se convierten en alimento para Mallorca: qué le hace 'Die Abrechnung' a la isla. Que un rostro conocido prefiera este tipo de cotidianeidad funciona más como una confirmación de lo que muchos valoran aquí: apego a lo cotidiano y tiempo para la familia.
Un pequeño momento personal lo resume: Hofer ha mostrado en el pasado gestos deliberados que dijeron más sobre su estado de ánimo que las grandes declaraciones. Una despedida simbólica de viejos papeles que desempeñó durante mucho tiempo encaja en esta nueva etapa. No es el fin de la escena, sino un cambio de perspectiva —lejos del sensacionalismo, hacia una gira planificada y la vida diaria en Palma.
Para la isla esto supone una imagen de la jubilación que no se reduce a inmuebles de lujo y apariciones de famosos. Muestra cómo la gente se instala cuando el escenario profesional se hace más pequeño, pero la exigencia de calidad y la prioridad por la familia permanecen. La vida cotidiana de Mallorca gana con ello: colegios, clubes y barrios reciben a personas que aportan tiempo —y eso, a nivel local, vale más que cualquier premio televisivo puntual.
Quien quiera extraer un consejo para otros famosos puede hacerlo en puntos pequeños y concretos: establecer prioridades, elegir proyectos que respeten el propio ritmo y planificar mejor las decisiones financieras. En Mallorca eso puede significar preferir el ritmo del mercado, la salida escolar y el partido de la tarde en lugar de las noches de show.
Al final queda una conclusión ligeramente irónica pero cálida: el dinero puede cambiar muchas cosas, pero no reemplaza a quien graba películas para la familia o marca un gol en el césped con su hijo. Para Jan Hofer eso parece ser más importante que un título televisivo ocasional —y para Palma es una noticia discreta pero bien recibida.
Perspectiva: Quienes tengan curiosidad pueden esperar el anunciado programa escénico de 2027. Hasta entonces, Hofer prefiere la vida tranquila en la isla —y evita las grandes galas de los reality shows.
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