Embalses de Mallorca (Gorg Blau y Cúber) con niveles de agua muy bajos y márgenes secos.

La lluvia no fue suficiente: por qué los embalses de Mallorca siguen escasos

La tormenta “Alice” trajo un alivio momentáneo — pero Gorg Blau y Cúber apenas están más llenos. Por qué las precipitaciones no sirvieron, qué consecuencias tiene y qué soluciones se están debatiendo en la isla.

La lluvia no fue suficiente: por qué los embalses de Mallorca siguen escasos

La semana pasada olía a asfalto mojado y a café tostado — por un momento pareció que Mallorca respiraba hondo. El problema: la respiración fue demasiado corta. Los embalses principales, Gorg Blau y Cúber, siguen mostrando orillas bajas, bancos de grava descubiertos y superficies de agua que llenan solo una fracción de las cuencas. Los datos de los suministradores son claros: alrededor de una cuarta parte de la capacidad, una ligera subida respecto a la semana anterior, pero muy lejos de dar motivo de alivio. Más detalles en Por qué los embalses de Mallorca siguen vacíos pese a la lluvia — comprobación de la realidad.

La cuestión central: ¿por qué no fue suficiente la lluvia?

No hay una respuesta sencilla — y eso forma parte del problema. Una parte considerable de las precipitaciones discurrió como escorrentía superficial por las carreteras, en parte en chubascos breves e intensos. En los intervalos cálidos entre los chaparrones, parte del agua se evaporó antes de llegar a las cuencas. ¿Y el suelo? Llevaba meses seco y absorbió el agua en primer lugar. El resultado: solo una pequeña porción llegó realmente a las reservas.

Un punto que a menudo se pasa por alto: muchos habitantes de la isla ven los embalses como el único colchón. Menos visible, pero importante, es el agua subterránea. Si las precipitaciones descienden demasiado rápido por laderas rocosas, no hay tiempo para la recarga natural del acuífero, que actúa como estabilizador a largo plazo. Asimismo, las aportaciones de sedimentos reducen con los años la capacidad útil de las cuencas — un factor de coste que rara vez aparece en los titulares. Más información sobre esto puede encontrarse en nuestro artículo Mallorca: los embalses siguen notablemente vacíos pese a la lluvia y la nieve.

Vida diaria y afectados: entre el pragmatismo y la preocupación

En el mercado, entre el tintineo de bolsas de plástico y el pregón de los vendedores, se perciben las consecuencias: “Ya regamos solo por la mañana”, dice la mujer del puesto de flores en la Carrer de Sant Miquel, mientras las campanas de la iglesia suenan a lo lejos. Un jubilado en el Passeig de Mallorca niega con la cabeza: “La ciudad advierte, pero el calor es duro”.

Para los agricultores las cifras no son solo estadística. Se reducen los planes de riego, aumentan las incertidumbres sobre las cosechas y algunas fincas plantean cisternas suplementarias o el cambio a sistemas de riego por goteo. Las fuentes públicas permanecen apagadas, los parques urbanos se riegan con más tiento — pequeños gestos que cambian el ritmo de la isla. Detalles al respecto pueden consultarse también en El agua de Palma al límite: embalses casi vacíos — ¿cómo reaccionamos ahora?.

¿Qué se discute demasiado poco — y qué se puede hacer de forma concreta?

El debate suele centrarse en medidas a corto plazo: restricciones, limitaciones de uso y llamados apelativos al ahorro. Tres palancas menos atendidas merecen más atención:

1) Recarga del acuífero y drenaje urbano: en lugar de canalizar la lluvia rápidamente, son posibles superficies de infiltración amortiguadas. Pequeñas obras — cubetas, zanjas filtrantes, áreas de retención selectiva en nuevas urbanizaciones — permitirían que más precipitación llegara al subsuelo.

2) Asegurar y modernizar la infraestructura de almacenamiento: las cuencas antiguas pierden capacidad por sedimentación. Desecar y retirar sedimentos cuesta, pero es más eficaz que planificar continuamente nuevas instalaciones. Además, la promoción de cisternas locales para hogares reduce la presión sobre los sistemas centrales. Información sobre la escasez de agua en Mallorca está en nuestro artículo ¿Pequeña lluvia, gran efecto? Por qué el balance hídrico en Mallorca genera dudas.

3) Optimizar el riego y diseñar tarifas inteligentes: riego por goteo, sensores inteligentes en lugar de temporizadores, y una estructura tarifaria que señale el consumo elevado en épocas secas podrían reducir el consumo a corto plazo sin generar temores de subsistencia.

Mirando al futuro: ¿qué puede hacer la isla ahora?

El otoño trae esperanza — pero sin cambios estructurales cada episodio de lluvia seguirá siendo frágil. Los ayuntamientos deberían planificar medidas combinadas: incentivos para el almacenamiento de agua de lluvia, programas de ayuda para riegos eficientes en agricultura y campos de golf, así como inversiones en medidas de recarga natural del acuífero. A largo plazo también deben contemplarse fondos para modernizar las redes: menos pérdidas, más datos de medición, mayor control dirigido.

No es un escenario apocalíptico, sino una llamada de atención. En el Puig de Randa, entre el silbido del viento y el aroma a resina de pino, se ven pequeñas cisternas en algunas casas — respuestas silenciosas y pragmáticas que, multiplicadas, podrían marcar la diferencia. La isla sigue viva: las panaderías abren, el mercadillo funciona y en los cafés se continúa discutiendo. Solo que esta vez con un tema que no se evapora tan rápido como el breve olor a tierra húmeda.

No se trata de alarmismo, sino de un llamamiento a la previsión: el agua no es algo garantizado — y es mejor conservarla con medidas locales inteligentes que con llamamientos puntuales. Más información en ¿Poca lluvia, gran impacto? Por qué la balance hídrico en Mallorca genera dudas.

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