
¿Pequeña lluvia, gran efecto? Por qué el balance hídrico en Mallorca suscita dudas
Los embalses se llenaron ligeramente en noviembre: Gorg Blau y Cúber pasaron del 44 al 48 por ciento, Ibiza registró +8 por ciento. Suena bien, pero no necesariamente lo es: las islas siguen en situación de prealerta. Nos preguntamos: ¿basta esa lluvia milagro o hace falta replantear el enfoque?
¿Pequeña lluvia, gran efecto? Por qué el balance hídrico en Mallorca suscita dudas
¿Pequeña lluvia, gran efecto? Por qué el balance hídrico en Mallorca suscita dudas
Pregunta guía: ¿Son suficientes los pequeños aumentos en el nivel de los embalses para resolver realmente los persistentes problemas de sequía en Mallorca?
A finales de noviembre las cifras mostraron un pequeño respiro: los embalses Gorg Blau y Cúber subieron del 44 al 48 por ciento, según la comprobación de la realidad sobre los embalses de Mallorca. En Ibiza el valor aumentó unos ocho puntos porcentuales. El Govern de las Baleares espera valores estables para diciembre, es decir, en líneas generales sin fluctuaciones dramáticas. A primera vista parece algo de alivio; a segunda vista, una anécdota meteorológica que puede esfumarse con rapidez.
Una mirada crítica ayuda: el 48 por ciento en las dos presas más importantes es mejor que el 44, pero está lejos de ser una situación tranquilizadora. Muchas de las islas permanecen en nivel de prealerta por sequía. Eso no es un término técnico para "un poco de sed", sino un estado en que las reservas son lo suficientemente escasas como para afectar de forma sensible al riego, al abastecimiento de agua potable y a los ecosistemas si las precipitaciones faltan.
Lo que suele faltar en el debate público es la perspectiva de los días entre los puntos de medida: llueve, los embalses suben, pero ¿qué pasa con el agua después? En los últimos años se ha explotado mucho el agua subterránea; fugas en tuberías antiguas, sistemas de riego ineficientes y una demanda alta en temporada alta hacen que parte del agua no llegue donde más se necesita. Mientras solo miremos los porcentajes de los embalses, pasamos por alto cómo se distribuye, almacena y utiliza el agua. Además, conviene recordar que también existen avisos sobre episodios de lluvia intensa, consultables en un aviso meteorológico sobre lluvias torrenciales.
En el día a día se nota: en la Plaça Major, en una fresca mañana de diciembre, los vendedores de verduras se levantan antes que de costumbre y lavan sus cajas, mientras la fuente en el borde casi no brota. Toni, un agricultor del Pla de Mallorca que encontré en el mercado, dice: «Un buen noviembre y un mal febrero son solo unos meses de diferencia: eso lo decide todo aquí». Escenas así muestran que la isla vive con cortos plazos, no con estabilidad.
También hay cuestiones políticas que se plantean con poca frecuencia. ¿Qué papel juegan las concesiones de agua para las explotaciones agrícolas? ¿Cuánto consumen los campos de golf, hoteles y piscinas privadas, y cuán transparentes son esos datos? En muchas conversaciones oigo que el foco en los embalses es una narrativa sencilla: buena para los titulares, mala para la gestión.
Existen soluciones concretas, más allá de las apelaciones al ahorro de agua, que serían posibles y prácticas:
- Renovar la red de tuberías: las fugas desperdician agua. Un programa específico para renovar las conducciones antiguas en municipios como Establiments o Manacor ahorra más que llamamientos puntuales a reducir el consumo.
- Aprovechar el agua de lluvia de forma descentralizada: programas de subvenciones para sistemas de recogida en tejados de viviendas y hoteles reducen la carga sobre las redes locales.
- Tratar y reutilizar aguas residuales: las inversiones en plantas de reutilización locales permiten regar parques urbanos y superficies agrícolas con agua tratada.
- Modernizar la agricultura: riego por goteo, cisternas y rotaciones de cultivo adaptadas reducen las épocas de sequía en los campos.
- Transparencia y medición: un panel público con datos en tiempo real sobre reservas, consumo por sectores y niveles de agua subterránea despolitizaría el debate y obligaría a rendir cuentas a los actores.
- Tasas sectoriales e incentivos: en lugar de prohibiciones generales, incentivos dirigidos para tecnología de ahorro de agua en hoteles y agricultura pueden ser más eficaces.
Estas medidas requieren planificación, dinero y a veces coraje político. Pero conectan la estabilidad a corto plazo con la resiliencia a largo plazo. Pequeñas fases de lluvia como la de noviembre son bienvenidas, pero no sustituyen una estrategia de garantía hídrica; artículos sobre cómo aumentan ligeramente las reservas tras episodios puntuales también lo señalan, por ejemplo en la crónica sobre un septiembre lluvioso.
Conclusión: el aumento en noviembre al 48 por ciento en Gorg Blau y Cúber —y el +8 por ciento en Ibiza— es una señal positiva. No basta, sin embargo, para ocultar las cuestiones estructurales: la distribución, la infraestructura y el uso siguen siendo los verdaderos problemas. Quien camine por las calles de Palma por la mañana aún huele el mar, oye el tráfico de reparto, ve jardines de hoteles regados y campos secos lado a lado. Hasta que la política y la sociedad concilien estos contrastes, las lluvias esporádicas solo traerán alivios temporales.
Lo que importa ahora: menos tranquilizantes sencillos, más acciones concretas. Si eso tiene éxito, un pequeño punto de medición en noviembre puede convertirse en una verdadera garantía para las islas.
Leído, investigado y reinterpretado para ti: Fuente
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