Dos amigos llegando a la playa tras nadar entre Cabrera y Mallorca, con un tarro de Nutella como provisión

Nutella, arena y mar: dos amigos nadan de Cabrera a Mallorca

Jero y Miki cruzaron el canal desde Cabrera hasta Colònia de Sant Jordi — 17 kilómetros, cinco horas y 26 minutos y una provisión de bocadillos de Nutella. Una aventura veraniega con recibimiento de sirenas y una dosis de humor isleño.

De una idea veraniega a una anécdota isleña

Algunas mañanas en Colònia de Sant Jordi el aire huele a mar, pescado frito y un toque de aventura. Así comenzó el día en que Jero Méndez de la Maza y su amigo Miki Domenech decidieron cubrir los alrededor de 17 kilómetros entre la isla de Cabrera y Mallorca — Nutella, arena y mar: dos amigos nadan de Cabrera a Mallorca — no en barco, sino a pie por el agua. Sin aletas, sin traje de neopreno — solo bañadores, dos nadadores y una provisión inusual: bocadillos de Nutella.

Salida temprana, ritmo constante

La partida se produjo a las 7:30, cuando el sol asomaba suavemente por el horizonte y las gaviotas trazaban sus llamados sobre el canal. Con una velocidad media de aproximadamente 1:40 minutos por cada 100 metros, los dos fueron avanzando. Cinco horas y 26 minutos después arribaron a la Platja des Port de Colònia de Sant Jordi — exhaustos, sonriendo y con la ligera costra de sal en la piel que aquí es tan común.

El cacao como combustible — y el trabajo en equipo en el barco acompañante

Táctica deportiva y sentido isleño: en una pequeña embarcación de acompañamiento, amigos reabastecían a los nadadores cada unos 45 minutos. Plátanos, bebidas isotónicas, geles energéticos — y el arma secreta que sacaban una y otra vez: Nutella. Que un tarro de crema de avellanas y cacao provoque buen humor en una travesía en mar abierto no sorprende; que además sirva como suministro energético rápido, es una curiosa y agradable consecuencia.

El murmullo del agua y un breve control

Cerca del kilómetro diez la calma del mar se mezcló con cierta inquietud: el agua se volvió más agitada, las olas exigían mayor concentración, y de repente apareció una patrulla de la Guardia Civil. Tras una breve y amable explicación, devolvieron a los dos nadadores su espacio en el mar. Momentos así recuerdan lo cerca que aquí, alrededor de Mallorca, están el ocio y el interés por la seguridad — y lo importante que es una comunicación clara.

Medusas, sol y un saludo con sirena

En las cercanías de la pequeña isla de Conejera una placa de medusas cruzó su camino; vista, respetada y seguida — sin encuentros dolorosos; es la clase de escena que también aparece en Calma, rocas y mar: descubrir Mallorca fuera de las playas de arena. El sol pegaba implacable, la piel mostraba las habituales marcas del verano, y el murmullo de las olas se combinaba con el zumbido ocasional del barco acompañante. Al final no los esperaba la típica medalla, sino el sonido de una sirena: trabajadores del puerto dieron paso al tono de recepción y brindaron a los arribantes un aplauso medio en broma, medio reverente.

Más que una diversión: inspiración para la cultura deportiva local

A primera vista la hazaña puede parecer una prueba de locura. Para muchos residentes, sin embargo, es un recordatorio ligero y casi cariñoso de que Mallorca también es un lugar para ideas deportivas inusuales. Jero, que antes ya cruzó el Estrecho de Gibraltar, lo resume entre risas: «Con Nutella todo se hace más fácil.» Pero tras la broma hay algo serio: espíritu de equipo, Con aletas y red: cómo una apneísta alemana mantiene limpias las costas de Mallorca y conciencia de la seguridad en el agua.

Lo que queda — y lo que esto significa para Mallorca

Historias como esta se quedan en la memoria de la gente: un sábado por la mañana, el chapoteo de los barcos en el puerto, niños asombrados en los bordes de las olas y vecinos que cuentan que vieron «a esos dos tipos con los bocadillos de Nutella». Para Mallorca es algo más que una anécdota. Es una pequeña aportación a la diversidad local: aguas abiertas como espacio deportivo, vecinos como apoyo y una isla que deja lugar a ideas originales. Quizá también motive a los clubes locales, como se sugiere en Seis clubes de playa en Mallorca que deberías probar este verano, a coordinar más acompañamientos para nadadores — seguros, organizados y con una pequeña reserva de chocolate por si acaso.

Al final queda la imagen de dos amigos que salieron a la orilla riendo, recogieron sus cosas del barco y caminaron a casa bajo el calor de una jornada de verano — cansados, orgullosos y con la más o menos fundada creencia de que un tarro de Nutella a veces es el mejor equipo.

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