
Palma planea un gran giro en el transporte urbano: 57 autobuses eléctricos y nuevo depósito en Son Rossinyol
La EMT quiere poner en marcha en 2026 57 autobuses eléctricos adicionales y un nuevo depósito en Son Rossinyol. ¿Será eso suficiente para un aire visiblemente más limpio y menos ruido en Palma?
Más autobuses, menos emisiones — ¿pero es suficiente?
En una mañana ventosa en la Plaça d'Espanya ya se oye con más frecuencia el suave zumbido de un autobús eléctrico en lugar del ronco bramido de los viejos diésel. El ayuntamiento ahora remata la apuesta: para 2026 están previstos 57 autobuses eléctricos adicionales, además de un nuevo centro operativo en el polígono industrial Son Rossinyol. Las cifras en el proyecto de presupuesto parecen importantes, pero la pregunta central sigue siendo: ¿transformarán estas inversiones el transporte urbano de forma realmente sostenible, o se quedará todo en una carrera simbólica por ponerse al día?
Qué se ha planificado concretamente
La magnitud de los números es clara: más de 131 millones de euros están previstos para 2026, una partida que eleva el presupuesto casi un 80 % respecto al año anterior, en línea con el plan de 624 millones de euros presentado por el Ayuntamiento. Al parecer, el paquete se financiará con una mezcla de fondos de la UE, ingresos de la tasa turística y recursos municipales. El objetivo de la EMT es ambicioso: operar a largo plazo más de la mitad de la flota en modo eléctrico. En los ejes principales de Palma, como Avenida Argentina y Passeig Mallorca, los nuevos vehículos deberían verse con más frecuencia. Se esperan también más autobuses para el inicio del curso.
Tecnología ajena, problemas familiares
En cuanto al día a día de los viajeros, eso suena en principio positivo: menos ruido, aire más limpio —y un billete único para toda Mallorca que conecte tren, autobús y servicios regionales. Pero las cadenas de suministro, los largos plazos de adquisición y el despliegue de la infraestructura de carga no son notas al margen: determinan la rapidez con que ese zumbido más silencioso se generalice. Un conductor con 20 años de experiencia en la EMT en la estación de autobuses me dijo con sequedad: «Los autobuses eléctricos son más agradables, pero la tecnología nos plantea nuevos retos». Precisamente ahí está el talón de Aquiles de estos programas: persona, infraestructura y tecnología deben escalarse a la vez. El tráfico de Palma también sigue siendo algo a vigilar críticamente.
Depósito Son Rossinyol: ¿oportunidad o traba?
El depósito proyectado en Son Rossinyol es más que una nave para vehículos. Debe albergar talleres, soluciones de carga y una gestión energética moderna, para que los autobuses puedan cargarse por la noche sin molestar al vecindario con ruido adicional. Eso suena razonable; en la práctica es más complejo: se trata de la estabilidad de la red, posibles picos de demanda, la aceptación de la ubicación en zonas industriales y de si las redes eléctricas locales pueden asumir las cargas adicionales. Sin acuerdos claros con los suministradores de energía y con calendarios poco precisos, amenazan los retrasos y los sobrecostes. La nueva dársena central en el aeropuerto de Palma podría ayudar a mejorar la conectividad.
A lo que a menudo no llega el debate público
En el debate público suele faltar profundidad técnica: ¿qué potencias de carga están previstas? ¿Se permitirá la recarga rápida durante el día para que los autobuses puedan volver al servicio a corto plazo? ¿Hay planes para Vehicle-to-Grid (V2G) o baterías tampón locales que absorban picos? También la formación de la plantilla es un factor que se suele subestimar: los turnos, los nuevos protocolos de mantenimiento y las normas de seguridad cambian la rutina laboral.
Oportunidades concretas y propuestas de solución
La buena noticia: muchos riesgos son gestionables. Propuestas que Mallorca debería estudiar son pragmáticas y adaptadas al ámbito local:
- Escalonamiento de las compras: Entregas en series pequeñas en lugar de una gran orden reducen riesgos de suministro y permiten ajustes técnicos tras las primeras experiencias.
- Cooperación con el operador de red: Una coordinación temprana minimiza cuellos de botella. Combinaciones de carga nocturna, acumuladores intermedios y tarifas horarias variables pueden reducir costes y picos de demanda.
- Programas de formación regional: Cursos certificados para conductores y técnicos aseguran personal cualificado localmente —esto reduce dependencias externas y crea empleo en la isla.
- Líneas piloto y logros visibles: Quien demuestre cambios rápidos en unas pocas líneas logra amplia aceptación —la tranquilidad en la Plaça d'Espanya es el mejor argumento.
La conclusión práctica
Si todo va según lo previsto, en 2026 comenzará una fase visible de transición. Para la ciudad eso implica grandes inversiones y trabajo organizativo; para los viajeros, con suerte, aire más limpio y menos ruido. Si las cuentas salen dependerá de las subvenciones, de una buena planificación y de la rapidez con que la infraestructura de carga y los autobuses estén disponibles. Y de lo bien que administraciones, EMT, suministradores de energía y vecinos remen en la misma dirección.
Quien pase esta semana por la estación de autobuses notará primero el cambio en la calma: zumba en vez de bramar. Para que ese zumbido se mantenga y no quede como una anécdota cara, Palma necesita ahora calendarios claros, soluciones técnicas y una comunicación honesta.
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