Artesanos junto a sus puestos a los pies de la catedral La Seu, conversando sobre los hurtos de bolsillo

¿Quién protege a los vendedores frente a La Seu? El aumento de los hurtos de bolsillo presiona a los artesanos

A los pies de la catedral La Seu, los artesanos denuncian hurtos de bolsillo rápidos y una visible falta de presencia policial. Faltan soluciones prácticas: más patrullas a pie, señales e indicaciones para pasajeros mayores de cruceros y mejor coordinación con los puertos.

¿Quién protege a los vendedores a los pies de la catedral?

La mañana en s’Hort del Rei suena familiar: campanas, gritos de gaviotas y el bocinazo distante de un crucero, junto al susurro de planos de la ciudad y el tintinear de la cerámica. Pero entre el espresso y el brillo de los souvenirs hay una preocupación palpable. Desde hace meses los artesanos allí se quejan de un aumento de hurtos de bolsillo, como advierten Atención carteristas en el Jardín del Rey: Comerciantes en Palma advierten.

La pregunta central

¿Quién vigila cuando la escena es tan familiar que los comerciantes casi pueden poner su reloj a ella? Esta pregunta simple guía las conversaciones en los bancos: Toni, Marta y otros vendedores tienen fotos de sospechosos en sus móviles, cuentan segundos en los que desaparecen billeteras, como muestra el caso recogido en Transeúnte atento detiene presunto carterista en el Mercat de l’Olivar, y el frustrante sentimiento de poder hacer poco más que advertir en voz alta.

Lo que suele faltar

El debate público suele centrarse en grandes titulares: series de robos, detenciones espectaculares. Mucho menos visibles son los mecanismos cotidianos: las rutas, el trabajo en grupo, el uso de grandes concentraciones turísticas como cobertura. La perspectiva de las víctimas, a menudo personas mayores de cruceros, rara vez se recoge de forma sistemática. Regresan tras una breve escala con menos dinero y más desconfianza. Para los pequeños comerciantes eso supone menos ingresos y una merma en la confianza de los clientes habituales.

Otro aspecto a menudo pasado por alto es la priorización en las intervenciones. Los comerciantes cuentan que la policía actúa con más frecuencia contra vendedores ambulantes —los que ofrecen botellas de agua y recuerdos— en lugar de hacerlo de forma visible contra los carteristas. La sensación de que «a los pequeños» se les controla mientras grupos organizados quedan impunes genera frustración y desconcierto, una dinámica que también aparece en informes sobre seguridad como el caso del Robo en Son Servera.

Medidas concretas y prácticas

Los vendedores no piden grandes gestos políticos, sino soluciones viables:

1. Más patrullas a pie en horas punta: Los uniformes visibles disuaden, dan seguridad y ofrecen interlocutores rápidos a las víctimas; episodios como el relatado en Alarma en el casco antiguo de Palma: tres policías fuera de servicio detienen un robo de bolso ilustran el efecto inmediato de la presencia policial.

2. Paneles informativos en el muelle de los cruceros: Indicaciones breves en varios idiomas, un plano con recorridos accesibles y servicios como baños y consejos de seguridad ayudarían a evitar muchos hurtos.

3. Coordinación con los puertos: Las compañías de cruceros podrían ser informadas y advertir brevemente a sus pasajeros al embarcar. Los puertos también quieren pasajeros satisfechos —aquí hay margen de actuación.

4. Red local de alerta: Un contacto rápido por WhatsApp o radio entre los comerciantes y una comisaría móvil permitiría notificar incidentes con mayor rapidez.

5. Planificación urbana preventiva: Más iluminación, itinerarios claros hacia la catedral y algunos puntos informativos visibles reducen los «puntos ciegos» inseguros en escaleras y plazas.

6. Ofertas de formación: Breves cursos para vendedores sobre cómo identificar conductas sospechosas y reaccionar de forma desescalada reforzarían la autodefensa sin depender solo de la policía.

Una propuesta financiera: parte de la tasa turística podría destinarse a estas medidas —policías visibles en horas punta, paneles en el muelle y un breve vídeo informativo en las pantallas de las instalaciones portuarias—, una idea que enlaza con debates sobre la regulación del comercio en la ciudad, como señala Credibilidad en juego: cómo debería Palma afrontar realmente el comercio callejero ilegal.

Por qué conviene actuar ahora

La solución no es un proyecto de lujo. Unas pocas patrullas extra, indicaciones claras y mejor coordinación entre ciudad, puerto y policía devolverían la confianza. Para los artesanos en s’Hort del Rei se trata de su sustento, del ambiente de conversación en los puestos y de que los visitantes regresen a bordo tras una tarde segura y amable.

Al final no se trata solo de persecución sino de prevención: visibilidad en lugar de invisibilidad, información en lugar de desconcierto. Y quien vea los rostros de los vendedores que ponen sus mesas a primera hora entiende rápido: no es una opción —se trata de proteger a quienes trabajan a diario en el frente de la ciudad.

Un consejo para los visitantes: lleve los objetos de valor cerca del cuerpo, recuerde puntos de referencia para volver y comente con los vendedores si ve algo extraño. La gente aquí ayuda —la mayoría de las veces de forma directa.

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