Caballos de calesa en las calles del centro de Palma, uno mostrando signos de fatiga tras un colapso

Palma hace examinar médicamente a los caballos de las calesas — ¿Punto de inflexión para las calesas?

Tras varios colapsos, dos caballos de calesa en Palma son sometidos a un examen exhaustivo. El ayuntamiento exige resultados por escrito — motivo de un debate más amplio sobre control, clima y tradiciones en el centro histórico.

Por qué esta revisión debe ser más que un protocolo

Ayer al mediodía, cuando las ruedas de una calesa chirriaron sobre el empedrado del Passeig del Born y un caballo se tambaleó visiblemente, no quedó solo la curiosidad de los turistas. Dos caballos se han derrumbado en los últimos días, un nuevo colapso de caballos en Palma. El ayuntamiento ha reaccionado y ha convocado para mañana una revisión clínica extraordinaria, como indica Tras dos caballos colapsados: Palma ante la decisión — Repensar los paseos en carruajes. La pregunta central sigue siendo: ¿basta una única inspección para resolver un problema estructural?

Lo que dicen las autoridades — y lo que no dicen

Oficialmente, las primeras indicaciones no apuntan a un golpe de calor ni a una enfermedad crónica, sino a accidentes. Se prevén revisiones veterinarias que incluyen análisis de sangre y exámenes ortopédicos. También se comprobarán los planes de trabajo, los protocolos de pausas y la carga. Por escrito, recalca el ayuntamiento. Eso suena correcto. Pero queda por ver quién controlará esos protocolos en adelante y qué tan transparentes serán realmente los resultados publicados.

La escena en el lugar

En las estrechas calles alrededor de la Plaça Major se oye el repiqueteo de los cascos, las risas de los turistas y el murmullo de las vendedoras del mercado. Una vendedora, que prefiere mantenerse en el anonimato, recuerda: «El caballo tardó minutos en volver a ponerse en pie. Fue escalofriante». Un taxista añade con sequedad: «La tradición es una cosa. El sufrimiento, otra». Escenas como esas marcan el ambiente en el casco antiguo — entre la nostalgia y la incomodidad; un incidente similar fue documentado frente a la iglesia San Nicolás.

Aspectos poco abordados

En el debate público suelen faltar tres puntos: en primer lugar, la dependencia económica de algunos cochero de los paseos diarios; en segundo lugar, el papel de los intermediarios y operadores turísticos, que pueden aumentar la presión sobre los conductores; y en tercer lugar, la influencia de veranos cada vez más calurosos en el bienestar de los animales. Mallorca se está secando, el asfalto y las losas retienen calor — un problema que pasa más desapercibido en avenidas sombreadas, pero que afecta sobre todo a las calles angostas.

Se añade la cuestión del control: ¿quién realmente contabiliza las pausas? ¿Existen datos de GPS o de registro horario? ¿O las anotaciones quedan a la interpretación? Sin controles independientes, cualquier promesa de mejora será solo bienintencionada.

Defensores de los animales y vecinos exigen consecuencias

Las asociaciones denuncian fallos estructurales: estrés por el tráfico, ausencia de zonas de descanso, jornadas largas en días de cuarenta grados. Algunos incluso piden el fin de las calesas en el centro. Otros optan por una vía intermedia: requisitos más estrictos en lugar de prohibiciones generales. Ambas posturas coinciden en reclamar reglas claras, verificables y una supervisión independiente.

Medidas concretas que deberían debatirse ahora

Las próximas revisiones podrían ser el punto de partida para una reforma real, si el ayuntamiento ofrece algo más que multas. Propuestas concretas:

- Controles sanitarios obligatorios y públicos para todos los caballos utilizados, al menos dos veces al año, con una entidad independiente como certificadora.

- Protocolos de trabajo transparentes, digitalizados, archivados y verificados mediante comprobaciones aleatorias — incluyendo pausas, recorridos y temperaturas.

- Límites de peso y restricciones de rutas para los días de calor, así como una paralización obligatoria cuando hay olas de calor.

- Fomentar alternativas: calesas eléctricas en rutas turísticas, programas de reconversión y apoyo para los cochero, de modo que la tradición no se mantenga a costa del sufrimiento animal.

Resistencias y oportunidades

Algunos conductores ven en las calesas su medio de vida. Restricciones bruscas sin compensación serían problemáticas desde el punto de vista social. Al mismo tiempo, un marco claro y más humano ofrece la oportunidad de mejorar la imagen de la ciudad y fomentar un turismo más sostenible a largo plazo. Una transición socialmente equilibrada con ayudas y formación podría mitigar los conflictos.

Cómo debería continuar todo esto

La inspección de mañana aportará las primeras respuestas médicas. Más importante, sin embargo, serán los próximos pasos del gobierno municipal: publicar los resultados, imponer requisitos claros y crear un organismo de supervisión independiente. Solo así un caso aislado no se convertirá en un patrón continuo. Y solo así podrá responderse si las calesas en Palma siguen siendo un patrimonio cultural acorde con los tiempos — o un vestigio que convendría replantear; para contextos similares puede consultarse Caballo de calesa se desploma frente a San Nicolás: calor, protección animal y la pregunta por el futuro.

Para la gente de Palma queda la esperanza de que el ayuntamiento no solo reaccione, sino que actúe con visión. Entre el repiqueteo de los cascos y el ruido de los ciclomotores puede nacer un nuevo trato responsable con la tradición.

Noticias similares