Paseo marítimo de Palma con terrazas vacías y mesas sin clientes, mostrando el declive de la oferta nocturna.

Por qué el Paseo Marítimo de Palma está más vacío — y lo que la ciudad debería hacer ahora

Por qué el Paseo Marítimo de Palma está más vacío — y lo que la ciudad debería hacer ahora

Nueva promenade, mesas vacías: los altos alquileres, la desaparición de aparcamientos y las trabas burocráticas expulsan a la hostelería y los locales nocturnos. Un inventario con preguntas claras y propuestas concretas.

Por qué el Paseo Marítimo de Palma está más vacío — y lo que la ciudad debería hacer ahora

Pregunta central: ¿Puede una promenade más bonita convertirse en punto de encuentro sin locales y aparcamientos asequibles, o se convierte en un escenario impresionante sin gente?

El recientemente remodelado Paseo Marítimo, descrito en El nuevo boulevard costero de Palma: verde, tranquilo — y casi listo, brilla a la luz del día: piedras claras, palmeras jóvenes, bancos para hacerse fotos, como recoge también Paseo Marítimo: un nuevo oasis — y una pregunta sencilla. Por la noche, cuando las farolas deberían animar la avenida, en algunos tramos apenas se oyen un par de pasos, el soltar de sillas plegadas y el llamado lejano de un taxista. Esa misma imagen describen los empresarios locales: tres años de obras, un reinicio con una apariencia elegante —y, aun así, faltan los clientes.

La explicación que se cita con frecuencia no es un misterio: alquileres comerciales que suben considerablemente en los nuevos contratos y plazas de aparcamiento que desaparecieron durante la obra y no volvieron, como señalan en Paseo Marítimo de Palma: buen aspecto, rincones descuidados y pocos aparcamientos. El responsable de la agrupación Palma Emotions World, Valerio Petrillo, cita la disminución de clientela como motivo del cierre de algunos establecimientos en el Paseo; además, una parte notable de la escena está en procedimientos concursales. Por su parte, la asociación CAEB Restauración advierte que en los contratos nuevos los precios podrían duplicarse —lo que hace inviable muchos modelos de negocio.

El resultado es visible: algunos bares han tenido que cerrar, a otros se les retiró la licencia. La vida nocturna se desplaza a barrios con mejor accesibilidad y costes fijos más bajos, como Santa Catalina, o a polígonos industriales como Son Castelló, donde las exigencias para música alta y los precios de alquiler son distintos. También influye la pérdida de poder adquisitivo: una cafetería local en invierno a menudo solo registra pequeñas ventas diarias.

Lo que suele quedar relegado en el debate público: la promenade no funciona por sí sola. Urbanismo, fomento empresarial y gestión del tráfico deben actuar conjuntamente. Un boulevard recién empedrado no sustituye a una plaza de aparcamiento, a un local pequeño y asequible ni a una zona de estacionamiento de corta duración para visitantes que quieran quedarse de forma espontánea. No es un problema puramente económico, es un problema de uso.

Una escena habitual en Palma que veo a menudo: es una noche de invierno templada, las persianas metálicas de un bar están medio levantadas, pero las mesas permanecen vacías. Un repartidor sube la rampa con la bici chirriando, dos vecinos mayores pasean y se preguntan por qué su bar favorito está cerrado. El taxista en la rotonda busca en vano plazas libres; los clientes acaban tomando taxis hacia Santa Catalina —y las luces del Paseo se apagan.

Análisis crítico

La ciudad ha invertido en los últimos años mucho dinero y planificación en la promenade. Eso está bien —pero el proyecto no termina con la inauguración, como advierte el reportaje Paseo Marítimo: nuevo impulso en la costa de Palma — Inauguración a mediados de noviembre, la verdadera prueba comienza después. Si los contratos de alquiler en el mercado libre se elevan muy por encima del nivel de facturación previsto, la promenade pierde su uso cotidiano. El problema no es un arrendador individual, sino un sistema: el mercado inmobiliario, la demanda turística, la política municipal sobre espacios y la concesión de licencias están en tensión, y actualmente perjudican a pequeños y medianos negocios.

Las obras eliminaron plazas de aparcamiento y muchas no fueron compensadas. Sin aparcamiento de corta duración, los visitantes espontáneos no pueden quedarse. La hostelería vive de la espontaneidad y del cliente ocasional; si la accesibilidad falla, la oferta se desplaza a donde hay plazas o alquileres más económicos. Al mismo tiempo, los polígonos facilitan la autorización de locales nocturnos, lo que favorece la fuga de la oferta.

Lo que falta en el debate público

Se suele hablar de imágenes urbanas bonitas y de las cifras de inversión. Menos frecuentemente se discuten amortiguadores concretos para el comercio: topes de alquiler para locales existentes, subvenciones temporales tras grandes intervenciones, soluciones de aparcamiento temporales durante y después de las obras, un alcalde nocturno como interlocutor para conflictos. También quedan poco abordadas las dimensiones sociales: ¿quién pierde el empleo cuando desaparecen los bares emblemáticos? ¿quién paga las consecuencias de calles vacías?

Propuestas concretas

- Estabilizadores de alquiler para negocios existentes: límites temporales máximos en la renovación de contratos tras grandes intervenciones, condicionados a la demostración de caída de facturación. - Estrategia de aparcamiento: plazas de corta duración y zonas nocturnas con tarifas reducidas, aparcamientos temporales en solares vacíos, mejor señalización hacia parkings. - Aligerar la administración: procedimientos de autorización acelerados para pequeños locales musicales en zonas centrales con condiciones orientadas a la protección contra el ruido en lugar de prohibiciones generales. - Puente financiero: pequeñas subvenciones o microcréditos con interés reducido para locales afectados en fase de reactivación. - Formatos de activación: fiestas de barrio, mercados nocturnos o “días de terrazas abiertas” que atraigan de nuevo a la clientela de paso. - Plataforma de diálogo: mesas periódicas con caseros, responsables de locales, vecinos y administración, moderadas por una entidad neutral (por ejemplo, la cámara de comercio o una asociación empresarial).

Muchas de estas medidas no cambiarían la situación de la noche a la mañana, pero podrían evitar que un espacio público se convierta en una instalación artística sin público.

Conclusión contundente

Palma tiene una nueva promenade —ahora se trata de que la gente vuelva a interrumpir su carrera, que los visitantes se detengan de forma espontánea y que los noctámbulos se reúnan. No se consigue solo con piedras y farolas, sino con locales asequibles, una lógica de aparcamiento y una administración pragmática. Si la política no lo incorpora, el Paseo acabará luciendo bien en las guías turísticas pero vacío en el lugar. Y eso sería doloroso: una promenade hermosa sin la voz de la ciudad.

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