Bulevar renovado en Peguera con nuevo pavimento y árboles a ambos lados tras las obras

Peguera después de las obras: un bulevar más bonito — ¿pero para quién?

Peguera después de las obras: un bulevar más bonito — ¿pero para quién?

El bulevar de Peguera está reabierto tras siete meses de obras: nuevo pavimento, árboles y una red para aguas grises. ¿Quién se beneficia realmente de la inversión de 3,25 millones de euros?

Peguera después de las obras: un bulevar más bonito — ¿pero para quién?

Nuevo asfalto, nuevos árboles, canales reparados; 3,25 millones de euros y muchas preguntas abiertas

Las escenas son familiares: a primera hora de la mañana la máquina de limpieza recorre la calzada recién sellada, en la distancia suena la radio de un café con música schlager, y los jubilados del barrio comparan la altura de los nuevos árboles con la mirada. Tras siete meses de trabajos, un tramo del bulevar de 1,3 kilómetros en Peguera vuelve a abrirse al tráfico. Se han renovado calzadas y aceras, se han creado zonas verdes y se han reparado las conducciones subterráneas —aparentemente mucho más antiguas de lo previsto—.

Los números están claros: en este primer tramo de obras se han invertido 3,25 millones de euros. Casi dos millones proceden de fondos Next Generation de la UE y los 1,25 millones restantes de la tasa de pernoctación. El ayuntamiento también ha instalado una nueva canalización para agua regenerada, de modo que en el futuro las zonas verdes y —opcionalmente— los hoteles puedan regarse con ella. La segunda fase del proyecto, para transformar la calle Ratolí en una plaza, está prevista para octubre; se han estimado unos 750.000 euros.

Pregunta clave: ¿Se ha actuado principalmente con criterios de diseño urbano y sostenibilidad, o más bien con fines turísticos y cosméticos? No es solo una cuestión abstracta, sino que afecta al día a día: vecinos, hoteleros, peatones y ciclistas usan la calle cada día.

Valoración crítica: es positivo que se hayan reparado antiguos sistemas de aguas residuales y pluviales —informes locales hablan de pozos de hasta ocho o nueve metros de profundidad que hubo que renovar. Eso explica parte de los costes. También es acertada, desde la perspectiva climática, la posibilidad de usar agua tratada para el riego en una isla con problemas de disponibilidad hídrica.

No obstante, faltan algunos puntos en el debate público. Primero: ¿quién asumirá a largo plazo los costes de funcionamiento de las nuevas instalaciones? Los árboles recién plantados necesitan mantenimiento y la técnica de riego y filtrado de aguas grises exige conservación. Segundo: ¿cómo se regulará técnicamente el uso del agua regenerada si los hoteles se conectan —de forma voluntaria, con incentivos o de manera obligatoria? Tercero: ¿existe un análisis de movilidad completo que demuestre si la ampliación de las aceras y la remodelación de la plaza Ratolí realmente alivian el tráfico de paso o si solo generan una sensación de mejora?

Una escena cotidiana: a última hora de la tarde, cuando los autocares descargan a turistas alemanes en las terrazas, los visitantes contemplan la nueva promenade y se hacen fotos con un helado en la mano. Los vecinos de la Carrer de les Gavines, en cambio, hablan de horarios de entrega, normas de aparcamiento y del ruido de los camiones de basura por la mañana. Ambas perspectivas muestran que las mejoras urbanas siempre deben conciliar múltiples demandas.

Propuestas concretas que deberían entrar ahora en la discusión: una planificación de costes de mantenimiento más transparente (un plan de explotación de cinco a diez años sería aconsejable); una regulación clara para el uso del agua regenerada (por ejemplo, con tarifas escalonadas o subvenciones para hoteles que se conecten); participación vecinal en el diseño de la plaza Ratolí (probar usos temporales tipo pop‑up antes de pavimentaciones definitivas); y complementos con medidas sencillas de movilidad —anclajes seguros para bicicletas, zonas de carga y descarga más nítidas y señalización de 30 km/h en tramos relevantes.

También se pueden mejorar pequeñas cosas de forma palpable: más asientos en la sombra, una iluminación discreta para los paseos vespertinos y paneles informativos que expliquen cómo funciona el nuevo sistema de recirculación de agua. Estas medidas vinculan la inversión técnica con un beneficio diario y mayor aceptación.

Conclusión: el bulevar ha recibido una mejora notable —visible y palpable—. La obra ya no está, pero el trabajo verdadero comienza ahora: explotación, mantenimiento y una gestión justa de la nueva infraestructura. Si eso se consigue, ganarán vecinos y visitantes; si se queda en una simple puesta a punto para la foto, surgirán fricciones y costes adicionales. El ayuntamiento tiene la oportunidad de no solo renovar el asfalto, sino de establecer un modelo de gestión sostenible. En una isla como Mallorca, esa sería la inversión verdaderamente inteligente.

Preguntas frecuentes

¿Qué se ha hecho en el bulevar de Peguera después de las obras?

Se ha renovado un tramo de 1,3 kilómetros con nuevo asfalto, aceras más cuidadas, zonas verdes y reparación de las conducciones subterráneas. También se ha instalado una nueva canalización para agua regenerada, pensada para el riego de los espacios verdes y, si se decide, para algunos hoteles. Es una intervención que mezcla mejora urbana y cambios técnicos de fondo.

¿Cuánto ha costado la reforma del bulevar de Peguera?

La primera fase de las obras ha supuesto 3,25 millones de euros. Parte del dinero procede de fondos Next Generation de la Unión Europea y el resto de la tasa de pernoctación. El coste también refleja que hubo que renovar conducciones antiguas que estaban en peor estado de lo previsto.

¿Para qué servirá el agua regenerada en Peguera?

La nueva canalización permitirá reutilizar agua tratada para regar las zonas verdes del bulevar. También se deja abierta la posibilidad de que algunos hoteles se conecten al sistema, aunque eso dependerá de cómo se regule y de si se plantea como opción voluntaria o con incentivos. En Mallorca, este tipo de soluciones gana importancia por la presión sobre los recursos hídricos.

¿Cuándo empieza la segunda fase de las obras en Peguera?

La segunda fase está prevista para octubre y se centrará en transformar la calle Ratolí en una plaza. El presupuesto estimado es de unos 750.000 euros. Será una parte importante del cambio urbano que todavía queda por completar en la zona.

¿Es buena época para pasear por Peguera después de la reforma del bulevar?

Sí, el bulevar se ha pensado también para el paseo, con aceras renovadas, más espacio peatonal y zonas verdes. Aun así, la experiencia depende mucho de la hora del día, porque siguen conviviendo vecinos, turistas, autobuses y tráfico local. Si buscas un paseo tranquilo, suele ayudar evitar los momentos de más movimiento en terrazas y zonas de llegada.

¿Qué pasa con el tráfico y el aparcamiento en el bulevar de Peguera?

Las obras han mejorado el aspecto de la vía, pero todavía quedan dudas sobre cómo funcionará la circulación a diario. Vecinos y comerciantes siguen pendientes de temas como horarios de reparto, carga y descarga y normas de aparcamiento. La reforma puede ordenar mejor el espacio, pero su eficacia real se verá con el uso cotidiano.

¿Qué mejoras prácticas faltan todavía en el bulevar de Peguera?

Además del pavimento nuevo, todavía se echan en falta detalles que hagan el espacio más cómodo y útil en el día a día. Se proponen más bancos a la sombra, mejor iluminación para los paseos de tarde, aparcabicis seguros y una señalización más clara de la zona 30. Son cambios pequeños, pero suelen marcar mucha diferencia en Mallorca.

¿La reforma del bulevar de Peguera beneficia más a vecinos o a turistas?

La obra aporta cosas útiles para ambos, como aceras renovadas, zonas verdes y una mejor gestión del agua. Sin embargo, la discusión sigue abierta porque los vecinos miran más el mantenimiento, el ruido y el aparcamiento, mientras que el turismo percibe sobre todo el cambio estético. El verdadero equilibrio dependerá de cómo se gestione el espacio a partir de ahora.

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