Embalse de Cúber con niebla matutina y la carretera MA-10 vacía

¿Bastará un septiembre lluvioso para saciar la sed de Mallorca?

Tras un septiembre con abundantes lluvias, los embalses de Mallorca se llenan ligeramente. Pero la relajación es desigual: algunas zonas siguen en alerta. Por qué un solo mes no basta y qué medidas pueden ayudar de verdad.

Un respiro cauteloso en el Cúber: más agua, pero no carta blanca

Quien haya pasado por la mañana temprano junto al embalse del Cúber conoce la estampa: niebla densa sobre el agua, la carretera MA-10 extrañamente vacía, el aire con olor a piedra mojada y tierra húmeda. Así se relajó la isla tras septiembre, aunque solo un poco: las reservas oficiales subieron de alrededor del 43 al 45 por ciento. No es un triunfo, pero sí un signo visible: el agua vuelve a estar más presente.

La pregunta que corroe: ¿basta un mes?

Ésa es la cuestión central que se escucha ahora con frecuencia. La respuesta es fría: no (ver balance hídrico en Mallorca). Meteorológicamente, las precipitaciones en las Baleares promediaron unos 67 l/m²; en Mallorca se midieron alrededor de 58 l/m², mientras que el valor climático a largo plazo es de 66 l/m². Las Pitiusas aportaron un excedente de lluvia más claro, lo que adorna las estadísticas, pero en la isla principal el balance es menos impresionante.

Las diferencias regionales siguen siendo persistentes

La relajación se reparte de forma desigual. Cinco zonas de suministro siguen en situación de prealerta: entre ellas Manacor-Felanitx, el sur, Palma-Alcúdia y la Tramuntana norte y sur. Las zonas de tierras bajas de Mallorca y el entorno de Artà permanecen en nivel de alarma. Para la gente de esos lugares el agua no es solo estadística: los pozos bombean más despacio, los horarios de riego en la agricultura son más reducidos y la desconfianza ante cualquier otoño cálido y soleado persiste.

Evaporación, agua subterránea y pérdidas invisibles

Un factor a menudo subestimado es la mayor evaporación. Septiembre fue de media alrededor de 1 °C más cálido de lo habitual: parece poco, pero se acumula durante episodios de calor. Entonces se evapora más agua de superficies y suelos, y menos termina en los acuíferos. Además, las pérdidas en las conducciones y el riego ineficiente siguen siendo reales en Mallorca. El agua fluye, pero no siempre donde se necesita. El problema no es solo cuánta lluvia cae, sino cuán eficazmente la almacenamos y usamos.

Lo que rara vez se debate públicamente

En el debate suele faltar la conexión entre la situación de reservas a corto plazo y las inversiones a largo plazo. Las fases de escasez muestran que hay que actuar en varios frentes a la vez: ampliar sistemas de almacenamiento descentralizado, modernizar conducciones antiguas, incentivar riegos más eficientes en la agricultura y definir una estrategia clara para la reutilización de aguas depuradas. También es raro vincular el coste de la desalinización con la carga hídrica del turismo, a pesar de que la desalinización sigue siendo intensiva en energía y cara.

Vías concretas para salir de la tensión

Hay medidas pragmáticas que pueden ayudar a corto y medio plazo:

1. Captar mejor la lluvia: cisternas subvencionadas para fincas y hoteles, más superficies de infiltración en proyectos urbanos.

2. Reducir pérdidas: priorizar las reparaciones más urgentes en las conducciones, control digital de presiones y detección de fugas en las redes.

3. Reutilizar agua: ampliar el tratamiento de aguas residuales para agricultura y campos de golf: menos llamativo, pero eficaz.

4. Sistemas de incentivos: tarifas diferenciadas para hogares, agricultura y turismo; promoción de tecnología ahorradora de agua.

5. Transparencia y coordinación local: los municipios necesitan objetivos claros de consumo y planes de medidas comunicables, para que la ciudadanía entienda por qué y cuándo son necesarias las restricciones.

Mirando al futuro: qué podría traer octubre

Los meteorólogos ven posibilidades de nuevas bajas atlánticas en octubre (ver primer vistazo al otoño: pronósticos meteorológicos y cambio de tiempo en Mallorca). Si la lluvia cae de forma más repartida, los embalses podrían seguir subiendo. Lo decisivo seguirá siendo la distribución: si una tromba llena todo en el oeste mientras el sur queda seco, la relajación será solo local. La isla necesita precipitaciones repartidas y una gestión eficaz.

Mi conclusión

El septiembre lluvioso fue un comienzo, no el fin de la sequía. La isla respira aliviada por un momento (ver Mallorca respira – vuelve el verano tardío), pero no todos los campos lo notan aún. Quien pasee por la MA-10 escucha el agua en el embalse, ve menos coches y huele la tierra fresca, y al mismo tiempo siente que hay que mantenerse alerta. A corto plazo ayuda un comportamiento consciente: menos consumo derrochador en jardines y hoteles, apoyar iniciativas locales. A medio plazo Mallorca necesita inversiones concretas en almacenamiento, conducciones y reutilización. Entonces ese respiro podrá convertirse quizá en una respiración más tranquila y duradera.

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