
Nuevos planes pesqueros de Baleares: ¿mucha tecnología, poca claridad?
Las Baleares inician un proyecto con IMEDEA y apoyo de IA, financiado con la tasa turística. Bienintencionado, pero ¿qué pasa con la calidad de los datos, los controles y la perspectiva de los pescadores pequeños? Un chequeo de la realidad desde el día a día.
Nuevos planes pesqueros de Baleares: ¿mucha tecnología, poca claridad?
Nuevos planes pesqueros de Baleares: ¿mucha tecnología, poca claridad?
Pregunta central: ¿Bastará un proyecto basado en datos, pagado con la tasa turística, para salvar las poblaciones de peces y al mismo tiempo asegurar la base económica de la pesca insular?
El gobierno de las Baleares ha puesto en marcha, junto con el centro de investigación IMEDEA, un programa que pretende registrar con mayor precisión las capturas, las especies y los tamaños, también con la ayuda de la inteligencia artificial y enmarcado en el Gemelo digital de las Baleares. Todo ello se financia con fondos de la tasa turística. Actualmente el proyecto se desarrolla en Mallorca, Ibiza y Formentera; Menorca se incorporará más tarde. Sobre el papel suena como una respuesta moderna a las poblaciones desaparecidas. En la plaza del puerto de Port de Sóller, donde por la mañana temprano todavía gotean las redes y las gaviotas sobrevuelan las bodegas de los barcos, la realidad es otra: familias de pescadores que llevan generaciones viviendo del mercado de Palma o del pequeño puerto de Cala Rajada piden cambios concretos, no solo más tablas de datos.
Análisis crítico
Es necesaria una buena recogida de datos. Pero los datos no son automáticamente correctos ni representativos. Los modelos de IA aprenden de lo que se les entrega. Si los datos de entrada están incompletos —porque los pescadores artesanales informan poco, porque hay declaraciones tardías o porque la pesca ilegal se oculta— se generan resultados sesgados. También queda sin resolver la cuestión del control: ¿quién verifica las declaraciones? La reciente discusión sobre embarcaciones de control frente a Mallorca evidencia dudas similares. ¿Se harán públicos los modelos para que equipos científicos y grupos de interés puedan reproducir y entender los resultados? Y: ¿cómo se equilibrará la protección con la viabilidad económica de las pequeñas explotaciones?
La fuente de financiación es otro punto. La tasa turística como caja para proyectos de conservación tiene sentido. Pero si los fondos se destinan al monitoreo sin que paralelamente se actúe en la comercialización, la venta directa o en programas de reconversión, el proyecto quedará fragmentario. Para una familia que en Can Picafort casi no puede vivir de la captura en invierno, un nuevo conjunto de datos aporta poco consuelo. Al mismo tiempo, grandes partidas como los 525 millones para los puertos de las Baleares introducen tensiones sobre prioridades y usos de los fondos.
Lo que falta en el discurso público
Se habla mucho de técnica y menos de normas. Algunos puntos que hasta ahora se abordan poco: ¿cómo se integrará a los pescadores locales? ¿Qué incentivos habrá para métodos de pesca selectiva? ¿Cómo se evita que los datos se conviertan en la base de restricciones drásticas sin alternativas para los afectados? Y no menos importante: ¿qué transparencia habrá en el uso de los fondos turísticos —podrían los municipios locales tener voz y voto?
El debate necesita además más atención a la biodiversidad fuera de las especies objetivo: praderas de posidonia, juveniles y la interacción con otros sectores como el buceo o las áreas protegidas. Si no, existe el riesgo de una visión en túnel: se cuentan las poblaciones de peces, pero el ecosistema queda fragmentado. Temas de vigilancia y protección de datos ya han surgido en debates sobre sensores en las playas de Mallorca, que ilustran la complejidad de combinar tecnología y derechos.
Escena cotidiana
Imagínese el mercado de pescado de Palma en una mañana gris. Los comerciantes llenan cajas de poliestireno, el sol se abre paso entre nubes finas. Un pescador mayor, cuyas manos aún huelen a mar, cuenta que ahora faena más lejos porque antes ya notaba los caladeros más vacíos. Jóvenes colegas cambian al sector de la construcción o al trabajo estacional en turismo. Estas voces faltan en los estudios técnicos, pero son decisivas para la aceptación de las medidas.
Propuestas concretas
1) Co-gestión en lugar de mera recopilación de datos: asociaciones de pescadores, municipios y la comunidad científica deberían tener derechos de decisión compartidos. La participación aumenta la aceptación y aporta conocimiento local.
2) Plataforma de datos transparente: los datos brutos y las hipótesis de los modelos deberían ser accesibles públicamente. La revisión científica por pares evita errores y genera confianza.
3) Incentivos para técnicas selectivas: subvenciones para mejoras en las redes, mejores equipos de clasificación en tierra y programas de formación para la pesca artesanal.
4) Mecanismos de control y verificación: además de sistemas automatizados, necesitamos observadores en puertos, controles aleatorios y sanciones claras contra la manipulación, como los que se discuten en Más controles en el mar: Cala Ratjada en la mira.
5) Complementos económicos: fomento de la venta directa, marcas regionales para captura sostenible y ayudas de transición para quienes busquen fuentes alternativas de ingresos.
6) Fases piloto con indicadores claros: proyectos piloto de dos o tres años con objetivos verificables (por ejemplo, tallas mínimas, reducción de captura incidental, estabilización de desembarques) antes de endurecer medidas.
Conclusión contundente
Más datos y IA pueden ayudar. Sin políticas sociales acompañantes, procesos decisorios transparentes y ayudas tangibles para las comunidades pesqueras, el proyecto corre el riesgo de quedarse tecnocrático. En Mallorca muchas decisiones se toman en los pequeños puertos y en los mercadillos: el proyecto debe actuar de forma palpable allí, o no será más que un buen papel.
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