Portador alemán de estandarte en procesión de Semana Santa en Coll d'en Rabassa entre vecinos.

Portador de estandarte alemán en Coll d'en Rabassa: Un forastero que pertenece

Roman Hillmann, antiguo promotor cultural en Palma, recorre Coll d'en Rabassa como portador de estandarte durante la Semana Santa. Una mirada personal sobre integración, vecindario y rituales antiguos.

Portador de estandarte alemán en Coll d'en Rabassa: Un forastero que pertenece

Cómo un antiguo gestor cultural del Rin se convirtió en parte de una Semana Santa mallorquina

A primera hora de la tarde en Coll d'en Rabassa, el repique de las campanas de la iglesia se mezcla con el rumor del mar. Huele a piedra húmeda y a un ligero aroma a flor de azahar. Entre las estrechas calles del barrio, como recoge la Noche del Arte de Palma 2025: calles estrechas, murmullo de voces y arte para todos, donde los vecinos se saludan y los niños se asoman curiosos a la acera, un hombre lleva una bandera: letras románicas, tela pesada, paso al compás. Roman Hillmann es alemán y, desde hace algunos años, una presencia habitual en las procesiones de Semana Santa de aquí.

Hillmann no es un turista: ha creado una rutina en Palma. Antes regentó el espacio cultural "Exprésate" en el barrio; un recorrido sobre el barrio se recoge en Entre llaüts y vacío: Un paseo crítico por los rincones olvidados de Palma. Previamente trabajó en la televisión en Alemania y vivió en Berlín y París. En 2023 participó por primera vez en una procesión; desde entonces sale con regularidad. Para él no es un espectáculo, sino una manera de vivir la comunidad y de implicarse.

Esta semana volverá a estar presente: el martes por la noche la procesión en Coll d'en Rabassa comienza a las 20:00 horas en la Plaza de la Iglesia y recorre el barrio durante aproximadamente dos horas. Quién camina despacio por las calles escucha el crujir de las tablillas de madera, el susurro de los transeúntes y, a veces, el pisar rítmico de la cofradía: la procesión es una pieza tranquila pero impactante de ritual y vecindad.

El Jueves Santo está prevista la procesión mayor Crist de la Sang. El punto de encuentro es a las 19:00 horas en la Plaza del Hospital, junto al centro cultural Misericòrdia; se sale desde la Iglesia de la Anunciación y se llegará tarde a la noche a la catedral, sobre la 1:00. En este acto muchos participantes van encapuchados; las capuchas forman parte de la tradición. Hillmann ha anunciado que llevará una de esas capuchas; solo quien lo observe con atención lo reconocerá entonces. La presencia de tradiciones populares en Mallorca también aparece en relatos como La Gran Carrera de Peregrinación 'Lluc a Peu' de Mallorca Celebra Nuevamente la Tradición.

¿Por qué lo hace? Para Hillmann participar en las procesiones es una forma práctica de integrarse en el día a día. No lo ve como un robo cultural, sino como una forma de pertenencia: a través de la ayuda, de la puntualidad, del respeto por rituales que aquí se mantienen desde hace generaciones. Muchos vecinos ya lo han aceptado: algunos se le acercan después de las procesiones, preguntan por su historia o piden una foto cuando la capucha cae.

Escenas así aportan algo real al debate sobre integración: no se trata solo de idiomas o papeles, sino de calles compartidas, citas comunes y pequeños gestos: sostener una puerta, guardar silencio al pasar junto a un paso, sonreírse tras la misa. En Coll d'en Rabassa, donde las barcas asoman en el horizonte y el paseo marítimo al atardecer se anima con paseantes, esta forma de participación tiene una calidad especial: une lo cotidiano con lo festivo; esa mezcla recuerda textos como Diada de Mallorca 2025: Un paseo por la historia, el arte y las cálidas ensaimadas.

En términos prácticos, el camino de Hillmann es también una invitación: quien llega nuevo a la isla no debe esperar a que otros le inviten. Participar en iniciativas locales, unirse a una cofradía o simplemente acudir con regularidad a los puntos de encuentro son pequeños pasos con gran efecto. Las propias cofradías lo agradecen: manos voluntarias que son puntuales y respetan los ritmos son bienvenidas.

Al final queda la impresión de una noche en la que vidas distintas se cruzan brevemente: el turista que filma con el móvil, la anciana que observa con un fino pañuelo y un alemán con una bandera pesada, que se integra con naturalidad en el compás. No es una señal ruidosa, sino una incorporación silenciosa. Cuando las campanas cesan y las calles quedan más vacías, permanece la sensación de que la comunidad nace de gestos pequeños y reiterados —y de que hay lugar para ello en Mallorca si uno se lo gana.

Para quien quiera acompañar: martes, 20:00 horas Plaza de la Iglesia en Coll d'en Rabassa; Jueves Santo, 19:00 horas Plaza del Hospital (Iglesia de la Anunciación) hasta la catedral, llegada sobre la 1:00. El tiempo en Palma se muestra ahora con algo de sol y nubes y unos 15°C —una típica tarde primaveral para participar.

Un tono bajo y vecinal, una bandera al viento y un hombre que demuestra: a menudo se pertenece simplemente por presentarse.

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