Radar oculto en una carretera de las Baleares

Radares ocultos en las Baleares: ¿Seguridad o trampa?

Unas 153.000 vehículos fueron detectados en 2025 en las Baleares por controles de velocidad ocultos. La estadística plantea la pregunta: ¿quieren las autoridades mejorar la seguridad o maximizar las multas? Un repaso de cifras, experiencias cotidianas y soluciones concretas.

Radares ocultos en las Baleares: ¿Seguridad o trampa?

Quien circula a primera hora por el Passeig Marítim oye el mar, las gaviotas y a veces el molesto pitido del navegador que avisa de un radar. Sorprendentemente muchos conductores están experimentando exactamente eso: el año pasado los controles de velocidad ocultos en las Baleares cogieron a casi 153.000 vehículos — aproximadamente un 2,4 % menos que el año anterior. Las cifras tranquilizan a primera vista, pero dejan una pregunta central: ¿se trata ante todo de mejorar la seguridad vial o de aumentar los ingresos?

Qué hay detrás de las cifras

La autoridad de tráfico informa de un promedio de alrededor de 71 denuncias por kilómetro de carretera en las islas. Para los conocedores de la zona eso significa: en carreteras entre Felanitx y Santanyí o en los accesos a la ciudad de Palma, donde incluso se han instalado nuevos radares de semáforo en Palma, hay más sorpresas de las esperadas. Un trabajador pendular en la Ma-20 describe cómo a veces el control sólo se ve cuando ya se ha pasado — una experiencia amarga en el tráfico matutino. La comparación con la península es desalentadora: en España las multas han subido a más de 5,4 millones de denuncias. Según las estadísticas de siniestralidad de la DGT, las sanciones y la siniestralidad siguen siendo un reto nacional. Las Baleares son una de las pocas regiones con cifras ligeramente a la baja, aunque los ingresos por sanciones de tráfico aumentan en todo el país.

Entre más seguridad y pérdida de confianza

Muchos residentes están divididos. En carreteras costeras estrechas y en los accesos a pueblos como Alcúdia o Artà, velocidades más bajas reducen comprobablemente los accidentes — una ganancia clara en seguridad, especialmente en los meses de verano, cuando peatones y ciclistas circulan muy cerca. No obstante, la proporción de accidentes mortales por distracción ha aumentado en las Baleares. Pero la confianza se resiente cuando los controles se esconden en setos o detrás de señales y faltan avisos. Un vecino de Son Sardina lo resume claramente: se entiende la necesidad, pero los controles secretos se sienten como una emboscada.

Aspectos que raramente se discuten

En el debate público quedan sin tratar algunos puntos: primero, la distribución espacial de los controles. Las unidades móviles no siempre se concentran en los cruces más peligrosos, sino a veces en tramos de fácil circulación con mucho tráfico — allí es donde se consiguen más “casos”. Segundo, la estacionalidad: en las temporadas turísticas se desplaza el riesgo — más conductores foráneos, más infracciones puntuales y, por tanto, más controles preventivos. Tercero, el efecto psicológico: los controles ocultos cambian el comportamiento a corto plazo, pero a largo plazo aumenta la tendencia a confiar en los avisadores en lugar de conducir de forma defensiva en todo momento.

Oportunidades concretas y propuestas de solución

El debate puede volverse constructivo si autoridades y municipios muestran más transparencia. Propuestas que se notarían de inmediato en Mallorca:

1. Prevención más visible: En lugar de depender únicamente de controles ocultos, puntos de medición visibles y señales podrían reforzar de forma duradera la conciencia sobre los límites. Un conductor que oye las campanas de una iglesia de pueblo y sabe que allí rige 30 km/h frena de forma más sostenida que quien es multado delante de un arbusto.

2. Priorización basada en datos: Los controles deberían planificarse según la estadística de siniestros y no según el potencial recaudatorio. Puntos conflictivos como las entradas a los municipios de Alcúdia o curvas con mala visibilidad alrededor de Artà merecen medidas permanentes — no solo despliegues móviles puntuales.

3. Medidas alternativas de calmado del tráfico: Medios como estrechamientos de calzada, resaltos llamativos o semáforos inteligentes pueden resolver problemas de velocidad sin que siempre tenga que decidir la cámara.

4. Transparencia y comunicación: Informes regulares sobre dónde y por qué se controla reducirían la sensación de arbitrariedad. Un aviso regional en la web o en las paradas de autobús sería de gran ayuda para muchos pendulares.

Qué pueden hacer ahora los conductores

En el día a día eso significa para pendulares y turistas: conducir con más calma, reducir la velocidad con más frecuencia y respetar las señales. Además, llevar la documentación en regla evita sanciones, como recogen casos recientes de conductores sin permiso en las Baleares. Unos minutos más de viaje rara vez son precio por la integridad física — y con ello a menudo se evita una multa cara. Al final queda la conclusión: las Baleares no son una región automovilística cualquiera. Carreteras costeras estrechas, presión turística y pueblos pequeños plantean retos particulares. Quien lo conoce, no sólo gasta menos, sino que también viaja más seguro — y hace que menos gente acabe maldiciendo tras el pitido en el coche.

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