
Nuevos radares de semáforo en Palma: ¿medida de protección o fuente oculta de ingresos?
En varias intersecciones de Palma se han instalado nuevas cámaras de semáforo. La pregunta central: ¿realmente sirven para la seguridad —y qué deberían hacer ahora los conductores, peatones y la política?
Nuevos radares de semáforo en Palma: ¿medida de protección o fuente oculta de ingresos?
De madrugada, cuando el sol aún está bajo sobre la Avenida Adolfo Suárez de Palma (nuevos radares) y una furgoneta frena chirriando en la curva, ya se las ve: pequeñas cajas metálicas en el poste, señales con el número S-991c y el ojo vigilante de la cámara. La cuestión central que se discute en cafeterías, gasolineras y redes sociales es: ¿se trata realmente de priorizar la seguridad vial o de generar ingresos adicionales por multas?
Cómo funciona la técnica y qué implica
Los nuevos equipos funcionan con un principio sencillo: dos capturas documentan la infracción —una antes de la línea de detención y otra cuando el vehículo pasa por la intersección. Las imágenes se remiten a los organismos competentes; ante infracciones claras se enfrentan multas de hasta 200 euros y cuatro puntos en el sistema de puntos de la Dirección General de Tráfico (DGT). Para muchos es un mensaje contundente, ya que en España se parte de 12 puntos y quien los pierde, pierde el carnet.
La consecuencia práctica ya es visible: en algunos semáforos ahora más coches se detienen ante el amarillo y ha disminuido el empujón entre vehículos. Los peatones respiran aliviados. Por otro lado, algunos conductores sienten que están constantemente vigilados, sobre todo cuando el equipo está colocado en lugares con poca visibilidad o con fases de semáforo ajustadas.
Ubicaciones y visibilidad: más que simples cajas en un poste
Los lugares ya identificados incluyen la Más radares en la Avenida Adolfo Suárez: cuatro controles en 500 metros en dirección al aeropuerto, la intersección Carrer de Manacor / Francesc Pi i Margall y la esquina Tomás de Villanueva i Cortés / Isaac Albéniz. Resulta llamativo que en algunos de esos puntos ya figura la nueva señal de advertencia S-991c, mientras que en otros falta o apenas se ve. Esto genera desconfianza: si las medidas buscan realmente la prevención, la señalización debe ser homogénea y clara; si no, todo parece una red para recaudar. Para más detalles sobre dónde se concentran los controles, puede consultarse Dónde en Palma multan ahora con más frecuencia.
Aspectos que se quedan cortos
No se ha mostrado suficientemente públicamente con qué frecuencia pueden producirse falsas alarmas o errores de valoración, cómo se almacenan los datos y quién tiene acceso a ellos. ¿Se calibran las cámaras? ¿Existen controles independientes? ¿Cuánto tiempo se conservan las grabaciones? Vecinos cuentan con incertidumbre: algunas intersecciones son complejas, hay motoristas que se cuelan, camiones con visibilidad limitada y turistas que aún no conocen la vía.
Otro tema son las propias fases del semáforo. En ciertos casos los conductores reaccionan ante un cambio abrupto más rápido de lo esperado; una fase amarilla demasiado corta puede marcar la diferencia entre cruzar con precaución o recibir una multa. Falta a menudo el debate: ¿están los programas de semáforo optimizados para la situación de tráfico concreta?
Propuestas concretas en lugar de mera crítica
En lugar de solo criticar, hay pasos concretos que el ayuntamiento y la Dirección General de Tráfico (DGT) deberían dar ahora: primero, un mapa transparente de todas las ubicaciones activas con señalización clara; segundo, una fase de aviso de un mes en la que en lugar de multas solo se envíen avisos; tercero, protocolos de calibración y tasas de error públicos y consultables regularmente.
Además serían factibles fases de semáforo adaptativas: amarillos más largos en cruces muy concurridos, gestión inteligente en horas punta y priorización de peatones y ciclistas en el centro urbano. Estas medidas reforzarían el efecto de seguridad sin que la población sienta que se le está cobrando de forma injusta.
Qué pueden hacer los conductores ahora mismo
El consejo más sencillo es banal —y funciona: conducir con más precaución. Quien duda con un amarillo, espere un segundo más. Si ya llega una notificación de multa, conviene revisar bien las imágenes y, en su caso, presentar alegaciones; los fallos técnicos existen. Y a largo plazo: buscar el diálogo en el pleno municipal, organizar peticiones para exigir reglas transparentes.
Una oportunidad para Palma
Los nuevos radares de semáforo no son un fin en sí mismos. Bien empleados, pueden reducir el riesgo de lesiones en las intersecciones —especialmente para peatones que cruzan por la mañana con bolsas y niños, y para ciclistas que a menudo pasan desapercibidos. Si la administración, la autoridad de tráfico y la ciudadanía cooperan, de la actual ola de desconfianza puede surgir un avance: menos accidentes, reglas más claras y una sensación de mayor seguridad en las calles de Palma.
Y sí —esas Radares ocultos en las Baleares y la señal S-991c seguirán ahí mientras el tráfico fluye y en algún lugar suena una campana de torre. Quien esté por la mañana en la Avenida Adolfo Suárez no ve solo las cámaras, sino también algo que puede tener sentido si la técnica es transparente y las normas son justas.
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