Crucero atracado en el puerto de Palma frente a la ciudad, representando las nuevas restricciones y el acuerdo

Restricciones para los cruceros: qué significa el nuevo acuerdo para Palma

Restricciones para los cruceros: qué significa el nuevo acuerdo para Palma

Baleares, el Ayuntamiento de Palma y 20 navieras han firmado un acuerdo: menor capacidad de camas en verano, informes mensuales y preferencia por barcos de bajas emisiones. ¿Es suficiente? Un chequeo de la realidad con propuestas concretas desde Mallorca.

Restricciones para los cruceros: qué significa el nuevo acuerdo para Palma

Chequeo de realidad: listas más cortas, animadas discusiones — y muchas preguntas abiertas

En el puerto de Palma aún se percibe en algunos días el olor a diesel, entre los bolardos revolotean las palomas y por la mañana los trabajadores del puerto toman su primer café en el Passeig Marítim. Allí, donde pasan los remolcadores y las embarcaciones turísticas, se ha firmado recientemente un acuerdo que somete al sector de los cruceros a una nueva regulación, según Premios Guía de Cruceros 2025: Palma en el foco — más fiestas a bordo, más preguntas en tierra: el Gobierno de las Baleares, el Ayuntamiento de Palma y 20 navieras han acordado reducir la capacidad media diaria de camas en los meses de verano —de las 8.500 hasta ahora a 7.500 camas entre junio y septiembre para los años 2027 a 2029. Fuera de ese periodo la cifra se mantiene en 8.500 camas. El acuerdo total se extiende hasta 2031.

La pregunta principal que se plantea es sencilla: ¿bastan esos números y declaraciones de intenciones para aliviar realmente el casco antiguo, la infraestructura y la costa? ¿O seguirán siendo un corsé de buenas intenciones con lagunas en el control y la aplicación?, tal y como reflejan las cifras del sector en 2025 en Auge de los cruceros 2025: las cifras celebran, los habitantes hacen cuentas.

En positivo: se mantiene un tope fijo de tres barcos por día para Palma, uno de ellos puede disponer de más de 5.000 camas. Habrá una comisión de gestión, dirigida por el conseller de Turismo balear, que se reunirá al menos dos veces al año. Además, se establecen informes mensuales y balances anuales para mayor transparencia. Deberán preferirse los barcos de menores emisiones —por ejemplo eléctricos, LNG, metanol o con hidrógeno—; en períodos de sequía se recomienda que los barcos no tomen agua potable a bordo. Las navieras se han comprometido a reducir residuos y a proteger mejor las praderas de fanerógamas marinas.

Mi análisis crítico: los números por sí solos no garantizan nada. Un límite medio de 7.500 camas dice poco sobre días puntuales de sobrecarga o sobre la distribución de los pasajeros por la isla. Un verano con muchas concentraciones de corta duración (días con varios desembarcos) puede generar los mismos cuellos de botella que una media alta constante, como documenta Invasión de los Cruceros: Palma Bajo la Inundación de Turistas. Los informes de transparencia ayudan si se auditan de forma independiente y están disponibles con rapidez. Si el mecanismo de control permanece interno, existe el riesgo de greenwashing: avances muy comunicados pero sin pruebas contundentes.

Lo que en el discurso público casi no aparece lo he oído paseando por la ciudad: ¿quién paga los costes asociados del agua, la gestión de residuos, los servicios policiales y sanitarios que generan los visitantes de un día? ¿Cómo se protege a los proveedores locales cuando las empresas de excursiones dominan el negocio? Sobre medidas de ordenación del atraque y prohibiciones puntuales, véase No más barcos de fiesta frente al Auditorio: lo que falta y cómo debería actuar Palma. Y: ¿cómo se verifica in situ que un barco es realmente de bajas emisiones? Faltan inspecciones vinculantes, mecanismos sancionadores y datos claros sobre las tasas, cuyos ingresos deberían destinarse a infraestructura municipal.

Una escena cotidiana en Palma: en la Plaça de Cort hay ancianos tomando el bocadillo, y si se observan los grupos de pasajeros de cruceros se ve enseguida que muchos avanzan como grupos a pie rápidos por el centro, compran agua y no siempre consumen en la oferta turística tradicional. La presión no viene solo de los números del puerto, sino de la concentración en pocas rutas populares. Aquí actúa el acuerdo: exige estudios sobre los movimientos de los pasajeros y pretende fomentar destinos alternativos. Teóricamente correcto, pero prácticamente exigente.

Propuestas concretas: 1) Peritos ambientales y de movilidad independientes que certifiquen los informes mensuales. 2) Tasas portuarias dinámicas: más bajas para atraques sin emisiones, más altas en días con gran afluencia de pasajeros. 3) Número limitado de operadores autorizados de excursiones por cada escala para proteger a las empresas locales. 4) Un sistema de información en tiempo real sobre flujos de visitantes (sincronizado con autobuses y trenes) para que la isla pueda gestionar activamente. 5) Un plan de emergencia para sequías que incluya inversiones en tratamiento y reutilización de agua.

El acuerdo ya contiene buenos elementos: informes, comisión, advertencias ambientales y la disposición del sector a reducir el consumo. Según lo pactado, las escalas en temporada alta ya han disminuido, se ha informado de una reducción notable del consumo de agua por pasajero y alrededor del 30% de los huéspedes viajaron en barcos a LNG. Aun así, el punto crítico sigue siendo el control y la gestión a nivel diario.

Conclusión: el acuerdo es un paso en la dirección correcta, pero no basta por sí mismo. Sin auditorías independientes, sanciones claras y verdaderos incentivos financieros para las soluciones de bajas emisiones, muchas medidas se quedarán en el aire. Quien se sienta por la mañana en el puerto y escucha el tintineo de las tazas de café no desea solo menos números en un papel, sino alivio concreto y diario para las calles, las playas y los barrios. Si la política actúa ahora y aplica seriamente los mecanismos de control e incentivo propuestos, Palma puede beneficiarse; si no, solo quedarán buenas intenciones y calles igual de llenas.

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