
Duro sábado de tráfico: ciclista fallece en Selva, accidente de moto en el túnel de Sóller
Dos graves accidentes el sábado por la mañana movilizaron a los equipos de rescate en Mallorca: un ciclista de 83 años murió cerca de Selva; aproximadamente una hora después un motorista de 19 años se estrelló en el túnel de Sóller. Por qué se repiten estos siniestros y qué falta aquí.
Duro sábado de tráfico: ciclista fallece en Selva, accidente de moto en el túnel de Sóller
Dos choques en pocas horas – servicios de emergencia en continuo despliegue, persisten las dudas sobre la seguridad
La mañana del sábado dejó poco margen para la rutina en Mallorca: sobre las 9:30 se produjo un grave accidente en la Ma-2112, entre Inca y Mancor de la Vall, en el cruce en dirección a Biniamar. Un Renault Kangoo arrolló en el punto kilométrico 2,6 a un ciclista de 83 años. Los servicios de rescate y la policía acudieron rápido, pero el hombre mayor falleció alrededor de las 10:20 a causa de las heridas. El conductor del furgón dio negativo en las pruebas de alcohol y drogas; las primeras pesquisas de la Guardia Civil apuntan a que la señal de stop en la intersección pudo no haber sido respetada. Las investigaciones continúan.
Solo aproximadamente una hora después, un motorista de 19 años perdió el control de su motocicleta en el túnel de Sóller y chocó contra la pared derecha del túnel. Resultó gravemente herido, fue intubado y trasladado al hospital Son Espases; su estado se describió como crítico. El túnel permaneció prácticamente cerrado durante dos horas, y numerosos equipos —policía local, Guardia Civil y el servicio de emergencias 061— coordinaron la intervención y el rescate. En las vías de acceso se formaron largas retenciones; los viajeros se quedaron en sus coches, los autobuses llegaron retrasados y la curva en las afueras de Sóller se llenó de vehículos tocando el claxon. Para contextualizar la gravedad de los siniestros de dos ruedas en la isla, véase Muertes repetidas en dos ruedas: por qué Mallorca sigue siendo peligrosa para los motociclistas.
Pregunta principal: ¿Se podrían haber evitado estos accidentes y qué debe cambiar en nuestras carreteras y túneles?
Un examen desapasionado muestra varias capas: técnica, infraestructura, cumplimiento de las normas e información. En una carretera estrecha como la Ma-2112, los errores tienen consecuencias inmediatas y graves. Las señales de stop son normas claras, pero en la práctica un cruce pequeño entre olivares y muros puede convertir un despiste en una tragedia. En los túneles actúan otros factores: condiciones de luz, anchura de la calzada, barreras de protección, velocidad y la reacción súbita de conductores individuales.
En el debate público suele faltar la perspectiva cotidiana: se habla de cifras y de culpabilidad, pero menos de las pequeñas cosas que vemos cada día: líneas blancas desvanecidas en la calzada, hojas y polvo en las curvas, señales anticuadas o mal colocadas que con el sol bajo resultan casi invisibles. En la Tramuntana esto sucede con frecuencia; el sol deslumbra, el viento arrastra agujas de pino a la carretera y de repente te encuentras ante un punto peligroso. La estadística regional sobre víctimas apoya la preocupación, como recoge el análisis Más muertes en el tráfico en las Baleares: ¿Por qué afecta tanto a los motociclistas?.
Una imagen cotidiana: en la Ma-2112, poco antes de Selva, los vecinos suelen pararse por la mañana en la pequeña cafetería de enfrente; el aroma del café se mezcla con el olor a gasolina de los furgones aparcados. Los ciclistas, en su mayoría personas mayores del lugar, usan esta vía para sus gestiones. Nadie quiere detenerse cuando tiene prisa —se comprende—, y sin embargo eso es precisamente el problema.
Las soluciones concretas pueden ser realistas y asumibles: mayor visibilidad de las señales mediante láminas reflectantes y colocación a mayor altura, repintado regular de las marcas viales, deshojado selectivo de los ángulos de visión, indicadores de velocidad en cruces críticos y más controles móviles en las entradas a los pueblos. Para los túneles convendría ampliar los sistemas automáticos de vigilancia de la velocidad y de detección de caídas, junto con protocolos claros para la comunicación de emergencias. También hacen falta medidas dirigidas a conductores mayores: campañas informativas en los centros del pueblo, revisiones gratuitas de bicicletas y sesiones prácticas organizadas por asesores de tráfico municipales o comunitarios.
Al sistema también pertenece el seguimiento médico: un traslado rápido y bien coordinado al hospital salva vidas; en ambos casos la gravedad de las lesiones fue alta. La presencia de 061 y la cooperación entre Guardia Civil y policía local funcionan —las tiempos de respuesta lo demuestran—. Aun así, la tecnología ayuda: avisos de emergencia automáticos, cámaras en puntos críticos y mejor gestión del tráfico durante las operaciones de rescate reducirían atascos y riesgos adicionales. Otros siniestros recientes en la isla, como el Accidente mortal de motocicleta en Palma: ocupantes del coche huyeron a pie, subrayan la necesidad de medidas coordinadas.
Lo que falta en el debate público es responsabilidad más allá de la búsqueda de culpables. No se trata solo de quién pasó por alto una señal. Es la suma de pequeñas carencias: infraestructura, mantenimiento, información y comportamiento personal. Si no abordamos todo esto de forma conjunta, seguiremos viendo incidentes aislados —y la repetición estará asegurada; episodios como el Segundo accidente mortal en el Camí de la Síquia — ¿Por qué sigue siendo peligrosa la vía? lo ponen de manifiesto.
Conclusión: estos dos accidentes son un recordatorio trágico de lo sensible que es el tráfico en Mallorca. Los equipos de rescate actuaron con profesionalidad, pero no podemos depender únicamente de su intervención. Política, municipios y ciudadanos deben empezar por cosas pequeñas: señales visibles, marcas viales mejoradas, mayor atención a los ciclistas de edad avanzada y modernización técnica en puntos negros. Solo así evitaremos que una mañana normal en la Ma-2112 o una salida hacia Sóller se conviertan en una catástrofe.
Ya entrada la tarde del sábado el ambiente en Selva era de recogimiento; la cafetería en el cruce estaba más silenciosa que de costumbre y las conversaciones se volvieron más bajas. Un pequeño pueblo que sabe cuán estrecha es la línea entre la vida cotidiana y el desastre.
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