
Sant Joan corta una sobrasada de 76 kilos: el pueblo celebra la tradición en la plaça
En las fiestas patronales de Sant Joan se cortó una sobrasada de 76 kilos: cientos probaron el producto cultural mallorquín sobre pan y con una copa de vino.
Un embutido que reunió a toda la Plaça
Al mediodía del viernes, sobre las 13:00, la Plaça de Sant Joan se llenó de gente. El sol estaba suave sobre los tejados —unos 27–28 °C— y una ligera brisa del Tramuntana refrescaba el ambiente. En el centro, sobre una mesa larga, estaba ella: la sobrasada, redonda y ligeramente brillante, cortada como un pequeño monte.
De un gran cerdo surgieron muchos tarros de felicidad
El centro cultural del pueblo había procesado en diciembre un animal muy grande —un cerdo que, según datos locales, pesó claramente más de 350 kilos. De él salió, entre otras cosas, una sola sobrasada especialmente grande de unos 76 kilos. Hoy fue cortada y repartida en las fiestas patronales, como contó Cómo una sobrassada de 76 kilos agitó el pueblo.
El ambiente era distendido. Vecinos de toda la vida se abrazaban, los niños corrían con lazos de colores por las calles de la Carrer Major, y del pequeño horno junto al puesto salía olor a pan recién hecho. Muchos llegaron con platos, pero tantos con las manos: pa amb oli, un chorrito de aceite de oliva, y la primera degustación se convirtió en un hecho.
«Es nuestro orgullo», dijo una mujer de Sant Joan que vive aquí desde hace décadas. «Esto no se ve a menudo, y une a la gente». Los organizadores repartían pequeñas bandejas de cartón, los voluntarios en la mesa de reparto eran expertos y se reían mucho —la escena parecía una fiesta familiar, solo que con más embutido.
La tradición frente al público
La sobrasada en Mallorca es más que un embutido: es una pieza de cultura que forma parte de las celebraciones. Cientos de visitantes probaron la especialidad aquella tarde. Algunos la mezclaban con pimentón, otros la preferían con queso. Un hombre mayor desmigó un trozo de sobrasada en su plato y lo sirvió junto a vino casero —pequeños placeres, sin artificios.
Información práctica: Quien quiera acudir al próximo festejo patronal —como la Fiesta del Botifarró en Sant Joan— debe llegar temprano. Los mejores lugares en la Plaça se ocupan pronto y los voluntarios reparten las porciones con alegre prisa. Para muchos, el evento es un pequeño y valioso momento: encontrarse con los vecinos, conversar y compartir algo que nace en el propio pueblo.
Por la noche la fiesta terminó con música, voces en la Plaça y el olor a especias perduró. ¿Era la sobrasada realmente la «más grande del mundo»? Eso queda como anécdota. Lo importante ese día fue sobre todo una cosa: la conexión entre las personas y una larga tradición culinaria que en Sant Joan se vive con fuerza.
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