
Cuando la Plaça Nova se hunde en paja: Sencelles celebra con alegría y calidez
En Sencelles, la Plaça Nova se convierte hoy en el escenario de una alegre batalla de paja: dos pacas de paja, muchas risas, puestos de mercado y el familiar zumbido de las bandas de música. Una fiesta que une al pueblo.
Paja, polvo y risas: la Plaça Nova se prepara
Cuando por la mañana las sombras de los plátanos caen sobre las piedras de la Plaça Nova y una ligera tramontana se desliza desde el oeste, se intuye de inmediato: Sencelles celebra: Batalla de paja en la Plaça Nova.
Mayores y pequeños se mezclan, la paja cruje bajo las suelas, en algún lugar un vendedor grita "almendras" y las bandas de música siguen tocando como si la música formara parte de la contienda. Quien ya ha estado, conoce el ritual: atarse bien los zapatos, ponerse una chaqueta vieja, gafas de sol—y entonces solo queda participar o quedarse maravillado.
Cómo funciona el espectáculo
Las reglas son sencillas y casi conmovedoramente pragmáticas: cualquiera puede participar, los organizadores velan para que nadie sufra daños serios y, aun así, queda suficiente espacio para el caos. Dos pacas de paja ruedan por la calle y del inocente rodar surge un jugueteo travieso de hebras de paja, risas y una fina capa de polvo que al final se pega a las fachadas como un grafiti espontáneo.
Consejo: quien quiera vivir la máxima dramatización debe traer una chaqueta vieja y gafas de protección. Tras cinco minutos seguro que tendrá un poco de paja en el pelo y una sonrisa amplia en la cara.
El tiempo acompaña hoy: sol, calor y un toque de tramontana. Perfecto para un espresso más tarde en la Plaça, cuando con sandalias y huellas de polvo en las suelas todavía resuenen las memorias de la contienda.
Más que una diversión con heno
Entre paja y trompetas emergen las verdaderas cualidades de la fiesta: saca a la gente a la calle. Los niños corretean, los vecinos mayores se lanzan miradas cómplices, una pareja discute sobre años de cosechas pasadas y los puestos del mercado con almendras garrapiñadas, dulces locales y bebidas frías hacen que nadie pase hambre.
La plaza se convierte momentáneamente en un mercado de encuentros. Se habla, se ríe y se recuerdan historias que en el día a día podrían perderse. Eso es precisamente lo atractivo: no la perfección, sino la imperfección compartida.
Por qué esto importa
Estos usos y costumbres son más que un pasatiempo. Son un pegamento social para pueblos como Sencelles. Tras años de calma, estas jornadas festivas actúan como un reinicio cultural: ruidosas, un poco salvajes y sorprendentemente afectuosas. La gente se vuelve a ver—no solo en línea, sino con zapatos polvorientos y saludos de verdad.
Por supuesto, la policía municipal regula las zonas de aparcamiento y los accesos, y en la web del ayuntamiento figuran los horarios detallados del programa paralelo. Más detalles se pueden consultar en la entrada sobre Sencelles en Wikipedia. Teatro, baile y la tradicional procesión están previstos para más tarde—como otras celebraciones locales, por ejemplo la Mucada de Sineu—para quienes tras la batalla de paja aún quieran más.
Un último consejo para los más intrépidos: traigan gafas de sol, una camiseta vieja y ganas de desorden. Y mantengan la puerta abierta a los pequeños encuentros: una conversación en la Plaça después de la contienda puede quedarse en la memoria tanto como el olor de las almendras garrapiñadas en el viento.
Sencelles invita: atentos de oído, zapatos bien atados y siempre listos para un puñado de paja. Es una de esas tardes calurosas y ruidosas en Mallorca en las que se comprende por qué las tradiciones no son solo historia—se vuelven a vivir una y otra vez.
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