Posesión Son Curt cerca de Alaró, finca rural transformada en exclusivo alojamiento privado.

Cuando las fincas se convierten en palacios privados: Son Curt entre conservación y rentabilidad

La conversión de la Possessió Son Curt en Alaró en una casa de huéspedes exclusiva plantea preguntas: ¿Quién se beneficia, qué se pierde y qué normas necesitamos para que esos proyectos no solo generen dinero, sino también bienestar común?

Cuando las fincas se convierten en palacios privados: Son Curt entre conservación y rentabilidad

Cuando las fincas se convierten en palacios privados: Son Curt entre conservación y rentabilidad

Pregunta clave

¿A quién beneficia la transformación de una finca centenaria en una casa de huéspedes de alta gama —y qué consecuencias tiene para el vecindario, la protección del paisaje y la identidad a largo plazo de la Serra de Tramuntana?

Análisis crítico

Los datos son escasos: la Possessió Son Curt, bajo el castillo de Alaró, ocupa alrededor de 970.000 metros cuadrados, tiene tres plantas y un jardín del siglo XIX. Cambio de propietario en 2022 por cuatro millones de euros; hoy su valor sería considerablemente mayor. El gobierno regional balear ha dado su visto bueno al proyecto: según la planificación se crearán cinco habitaciones de alto precio para un máximo de diez personas; la superficie edificada no se ampliará. A primera vista, una reutilización prudente. A segunda vista, un modelo de lo que está ocurriendo masivamente en la isla: propiedades históricas convertidas en alojamientos de lujo exclusivos, accesibles solo para una pequeña clientela que paga, como muestra Del foco okupa a dirección de lujo: ¿a quién beneficia la remodelación en Camp d’en Serralta?.

Lo que falta en el debate público

Se habla mucho de cifras económicas y permisos, pero casi nada de las consecuencias que no se miden inmediatamente en euros: el acceso al paisaje cultural, la conservación a largo plazo de jardines antiguos, la presión sobre la infraestructura local en los picos de temporada y la pregunta sobre la mezcla social en lugares como Alaró, donde residentes, pobladores y turistas conviven en espacio reducido. También es poco frecuente tratar cómo las fincas privatizadas afectan al balance hídrico, especialmente en años de escasas precipitaciones; debates similares sobre el impacto social y el ruido aparecen en textos como Palma: Cómo el lujo va ocupando lentamente los antiguos barrios obreros.

Una escena cotidiana en Alaró

Por la mañana en la Carrer Major de Alaró: puestos de mercado con queso y aceitunas, hombres mayores esperando el último cotilleo del pueblo en el café, niños que vuelven de la escuela y, a lo lejos, el castillo que atrae a senderistas. Si Son Curt pasa a ser un dominio cerrado de lujo, la imagen cambia: menos espacios públicos, más chóferes y furgonetas de reparto en las estrechas calles, quizá entradas y salidas nocturnas de personal. Para muchas habitantes la preocupación es real: ¿se convertirá el pueblo en un escenario para huéspedes mientras la comunidad asume los costes colaterales?, una inquietud que se refleja en casos como La fiesta terminó, el mercado sigue inquieto: Son Espanyolet tras la venta de las villas vacacionales.

Propuestas concretas que podrían ayudar

1. Cláusula de bien común en las autorizaciones: para bienes históricos deberían imponerse condiciones que garanticen acceso público a ciertas zonas de los jardines o eventos. 2. Limitación de las superficies de uso privado: aunque la superficie edificada se mantenga, es necesario un plan vinculante para que las áreas exteriores se conserven de forma natural y sean, en la medida de lo posible, de uso público. 3. Transparencia sobre agua y energía: divulgación previa y estudios ambientales que muestren concretamente cómo se garantizará el suministro en épocas de sequía. 4. Tasas por plusvalía: una participación municipal en la revalorización puede financiar proyectos locales (restauración de bienes comunales, aparcamientos, espacios de encuentro). 5. Registro limitado para alojamientos del personal: para evitar que se formen nuevos asentamientos de temporeros cerca del núcleo urbano, deberían establecerse reglas específicas.

Lo que es posible política y prácticamente

El gobierno regional concede las licencias de obra; el municipio de Alaró debe formular condiciones locales; juntos podrían acordar un paquete que dé seguridad a las inversiones y, al mismo tiempo, proteja el bien común. Técnicamente, soluciones como almacenamiento descentralizado de agua de lluvia, paneles solares y horarios estrictos de ruido son fáciles de implementar. Jurídicamente existen modelos que, por ejemplo, protegen el jardín histórico con figura de patrimonio para salvaguardar intereses públicos; ejemplos de medidas municipales y planes de reconversión urbana se pueden ver en Cuando las oficinas se duermen: el plan de Palma para reactivar el casco antiguo.

Conclusión clara

Son Curt no es un caso aislado; el proyecto es síntoma de una tendencia que está transformando Mallorca. Las rehabilitaciones de lujo aportan dinero, pero pueden socavar de forma silenciosa el paisaje, la vecindad y el acceso público. Si la política y la ciudadanía no establecen reglas claras desde el principio —en lugar de reaccionar después—, de una finca histórica puede quedar al final solo un caro atractivo vallado para fotos. Quienes quieran evitarlo deben negociar ahora: no solo sobre la rentabilidad, sino sobre derechos, obligaciones y una participación en el beneficio colectivo.

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