Obras en el antiguo edificio del Pachá en el Paseo Marítimo donde se instalará el restaurante ROKA

Sushi en lugar de discoteca: ROKA se instala en el antiguo Pachá en el Paseo Marítimo

En el terreno del antiguo Pachá en el Paseo Marítimo ya trabajan las máquinas: en lugar de bajos habrá pronto nigiri y robatayaki. ¿Qué implica la transformación para los vecinos, el carácter del puerto y Palma como destino gastronómico?

Sushi en lugar de discoteca: ROKA se instala en el antiguo Pachá en el Paseo Marítimo

A primera hora de la mañana, cuando los primeros pescadores arreglan sus redes en el puerto y las gaviotas graznan sobre el Paseo Marítimo, ahora hay máquinas de obra donde antes las bolas de espejos reflejaban la luz sobre el agua. Hombres con tazas de café estudian planos y vallas metálicas delimitan la obra. La cadena de restaurantes japonesa ROKA ha anunciado que convertirá el antiguo edificio del Pachá en un restaurante permanente (De discoteca a Robatayaki: ROKA se muda al Pachá en el Paseo Marítimo). Tras un pop‑up veraniego en el noreste de Mallorca, el concepto se afianza ahora en Palma: sushi de alta calidad combinado con una parrilla robatayaki.

La pregunta central

¿Cómo cambia la conversión de un club que antes era ruidoso en un restaurante de alta gama la vida cotidiana del vecindario y el rostro del paseo portuario? No es solo una cuestión de gustos: se trata de ruido, tráfico, empleos locales, la calidad del turismo y una pizca de política de identidad: ¿qué papel debe jugar Palma en el futuro — capital de la fiesta, destino gourmet o ambas cosas?

Lo que está previsto

ROKA no trae solo un local de sushi, sino una oferta híbrida: platos finos de pescado, nigiri, sashimi y especialidades a la parrilla robata. Más sobre el concepto en ROKA — sitio oficial. Dirección internacional, diseño interior elegante y exigentes criterios de equipamiento son algunas palabras clave. Los antiguos letreros de neón ya se han retirado, los obreros instalan conducciones y el ayuntamiento todavía revisa las licencias; sobre la concesión del muelle puede consultarse Concesión en el Paseo Marítimo: ¿Se acabó la discoteca flotante?. No hay fecha de apertura concreta; internamente solo se dice “pronto”.

Voces del vecindario

En la panadería de la esquina se escucha la conversación con la taza de espresso a medio camino. Algunos vecinos acogen el cambio con agrado: menos ruido nocturno, clientela más elegante, nuevos puestos de trabajo en el servicio. Otros recuerdan noches con bajo y largas colas, y temen ahora una nueva forma de gentrificación: alquileres más caros, clientela distinta y un trozo de diversidad urbana que se desplaza.

Al pasear por el malecón, los peatones se detienen, miran por encima de las vallas y comparten conjeturas. Un antiguo trabajador del puerto niega con la cabeza: “Se fue la música, ahora viene el wasabi”. Un joven camarero de un local cercano se muestra ilusionado: “Más clientes, más trabajo — lo necesitamos”.

Consecuencias subestimadas

Menos ruido por la noche es positivo — pero muchas consecuencias son más complejas. Un restaurante de alto nivel atrae a otros servicios: proveedores, comerciantes de vino selecto y quizá taxis exclusivos. Esto altera los flujos de tráfico en una calle portuaria ya de por sí estrecha. Además queda la cuestión de la sostenibilidad en el aprovisionamiento: ¿vendrá el pescado fresco de los mercados locales o se crearán largas cadenas de suministro? Para ilustrar riesgos relacionados con el producto y su gestión, véase también Caso de salmonela en Playa de Palma: Sushi cerrado temporalmente y se presentan denuncias.

Otro punto es el uso histórico de la ciudad. Los clubes han marcado durante décadas el perfil de la vida nocturna de Palma. Si estos espacios se transforman cada vez más en gastronomía fina, se desplaza el equilibrio entre escenas turísticas e intereses de los residentes. No es necesariamente algo malo, pero es un cambio que debería gestionarse.

Oportunidades concretas y propuestas

De la obra se puede sacar más que solo buena comida. Algunas propuestas que podrían generar confianza entre todas las partes:

Horarios claros de obra y operación: Reglas precisas para horarios de entrega y gestión de residuos reducen las molestias nocturnas. El acceso de camiones debería evitar las horas punta.

Medidas conjuntas de protección contra el ruido: Buena insonorización interior e iluminación exterior discreta protegen a los vecinos sin restar encanto al restaurante.

Cadenas de suministro locales: Priorizar a pescadores y mercados locales reduce emisiones por transporte y refuerza la economía de la zona.

Garantías de empleo: Programas de formación con escuelas de hostelería de la isla y una cuota vinculante de contrataciones locales podrían generar ventajas concretas.

Foro de diálogo: Una comisión vecinal con el operador, el ayuntamiento y residentes puede resolver problemas a tiempo — desde aparcamientos hasta eventos especiales.

Lo que esto significa para Palma

La inversión demuestra que Palma sigue siendo un imán para marcas gastronómicas. Es un halago para la ciudad, pero también un llamamiento a establecer marcos normativos con criterio. Noches más tranquilas, nuevos empleos y un malecón más atractivo son oportunidades. La pérdida de ciertas culturas nocturnas y el riesgo de una valorización unilateral son la contrapartida.

Para la gente de la zona esto significa: participar en la conversación. La valla de obra y las excavadoras son el comienzo, no el final del debate. Cuando se abran las puertas, debería ser no solo para clientes internacionales, sino también para quienes por la mañana siguen tomando su café en el paseo y observan el cambio de cerca.

Y quién sabe — tal vez una noche de fiesta ruidosa termine pronto con un paseo tranquilo y un postre junto al agua. Las gaviotas difícilmente notarán el wasabi.

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