
Tras mordedura de perro en Palmanyola: la víctima recibe multa – ¿Quién protege a los voluntarios?
Una voluntaria del refugio Son Reus fue mordida por un perro medio ciego y resultó gravemente herida. Ahora la policía local impuso una multa porque no tenía permiso para la tenencia de perros potencialmente peligrosos. ¿Por qué los ayudantes se convierten en objetivo?
Tras mordedura de perro en Palmanyola: la víctima recibe multa – ¿Quién protege a los voluntarios?
Pregunta clave: ¿Quién protege a las personas que rescatan animales?
El 21 de julio una voluntaria del refugio Son Reus resultó gravemente herida al intentar ponerle el bozal a un perro. El perro, conocido en el refugio como «Bruno», sería medio ciego y estaba en proceso de adopción. La víctima ingresó con heridas de mordedura y fracturas en los brazos en la clínica de Son Espases; fue necesaria una intervención quirúrgica. La organización de protección animal Cepad se hizo cargo del animal y lo trasladó a cuarentena en Santa Eugènia. Poco después, la policía local de Bunyola impuso una multa a la voluntaria lesionada porque supuestamente no tenía la autorización requerida para la tenencia de perros potencialmente peligrosos. Según comunicados, el abanico de sanciones posibles va de 2.400 a 15.000 euros.
Esto resulta, en principio, llamativo: una persona que actuaba en un contexto de cuidado de animales sufre lesiones graves y a continuación recibe repercusiones legales. Al mismo tiempo, fuentes policiales informaron que el perro había mordido a otra persona días antes en Menorca. Los hechos muestran, por tanto, un animal con un historial documentado de peligro y un incidente en el que habría hecho falta protección para las personas y normas claras.
Análisis crítico: la situación actual revela varias carencias. Primero: la ley que regula la tenencia de perros potencialmente peligrosos busca prevención y seguridad, y eso está bien. Segundo: aparentemente falta una práctica coordinada sobre cómo deben actuar los refugios, los voluntarios y las autoridades en casos concretos. Si un animal ya cuenta con antecedentes de mordeduras, el transporte, el acompañamiento a la clínica y la evaluación deberían estar más estricta y obligatoriamente regulados. Tercero: la sanción contra la voluntaria lesionada parece un reflejo burocrático que no resuelve el problema real —el peligro que supone el animal— y, además, desincentiva el compromiso de las personas.
Lo que aparece poco en el debate público es la perspectiva de los y las voluntarias. Las personas que trabajan en refugios suelen hacerlo bajo presión de tiempo y personal; no deberían ser automáticamente consideradas como tenedores del perro cuando el animal está temporalmente en el albergue o en proceso de adopción. Además, falta un seguimiento sistemático de los incidentes entre islas: una mordedura en Menorca y otro incidente en Mallorca deberían vincularse de forma central y rápida para que autoridades y refugios evalúen correctamente el riesgo.
Escena cotidiana: quien pase por la clínica veterinaria en Palmanyola a primera hora de la mañana oye las cigarras, ve las luces de la ambulancia y a los voluntarios estresados con jaulas para perros. Junto a la clínica los vecinos comentan, mientras una voluntaria se aplica en silencio ungüento en las manos; un bozal cuelga de la correa como recordatorio silencioso de que algunos animales conllevan riesgos invisibles. El ambiente es una mezcla de alivio por la ayuda recibida y de inquietud por la falta de claridad en las normas.
Propuestas concretas: 1) Medida inmediata: los ayuntamientos y las autoridades de protección animal deberían crear una excepción o norma transitoria para refugios reconocidos y voluntarios registrados que se aplique en casos de animales que requieren transporte, de modo que los ayudantes no sean automáticamente considerados tenedores y no queden expuestos a multas. 2) Hoja de notificación y registro unificada para incidentes de mordeduras en Baleares, que vincule sucesos entre islas. 3) Obligación de que animales peligrosos o con antecedentes de mordedura sean acompañados por personal formado durante el traslado a clínicas; y suministro de equipos de seguridad certificados (bozales, cajas de transporte) por parte de los ayuntamientos o con financiación autonómica. 4) Protección de costes y víctimas: un fondo o seguro para voluntarios lesionados en intervenciones, con acceso rápido a apoyo médico y psicológico. 5) Formación: cursos gratuitos para voluntarios sobre evaluación de riesgos, manejo seguro y marco legal.
Estas propuestas son factibles y lograrían dos objetivos: proteger a las personas y aclarar las responsabilidades sin criminalizar a los voluntarios. Al mismo tiempo aportarían transparencia para que los animales con historial peligroso puedan ser clasificados y manejados adecuadamente.
Conclusión directa: resulta difícil de justificar que una mujer que acompañó a un animal y resultó gravemente herida deba ahora enfrentarse a una multa por falta de permiso. La política debe marcar una dirección clara: protección frente a animales peligrosos y protección de quienes ayudan. Quien quiera ambas cosas debe diseñar reglas que funcionen en la práctica y no castiguen a los voluntarios. El próximo debate necesario en las islas no debe centrarse solo en sanciones, sino en procedimientos útiles, responsabilidades y mecanismos de protección para personas y animales por igual.
Preguntas frecuentes
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¿Qué debo meter en la maleta para un viaje a Mallorca?
¿Se puede nadar en las playas de Mallorca o hay zonas con corrientes?
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