Velódromo de 35.000 m² cerca de Algaida con gradas oxidadas y piscina vacía, en venta.

Velódromo cerca de Algaida en venta: ¿monumento, problema u oportunidad?

Un velódromo de 35.000 m² cerca de Algaida se ofrece como paquete completo por unos 4 millones de euros. Entre óxido, gradas y una piscina vacía hay una decisión para Mallorca.

Velódromo cerca de Algaida en venta: ¿monumento, problema u oportunidad?

Velódromo cerca de Algaida en venta: ¿monumento, problema u oportunidad?

En el polvoriento borde de la carretera, no muy lejos de Algaida, se encuentra una instalación que respira historia deportiva y al mismo tiempo está deteriorada: el Velódromo Andreu Oliver. En unos 35.000 metros cuadrados, las gradas para aproximadamente 3.000 espectadores, una pista de ciclismo, un restaurante, una piscina exterior, pistas de tenis y un apartamento, junto con un gran aparcamiento, conforman una oferta de compra poco habitual: el precio solicitado es de alrededor de cuatro millones de euros y solo se vende en su totalidad.

Pregunta central: ¿Debe reactivarse la pista como instalación deportiva, o es más sensato transformarla en un espacio de eventos y ocio?

Los datos son claros: la instalación se inauguró en 1975 y su apogeo fue a finales de los años 70 y en los 80; en la pista se celebraron campeonatos de España y competiciones regionales. Desde la década de 1990 cesó la actividad regular; entre los pedestales de hormigón y las paredes con grafitis permanece el recuerdo de las carreras y los entrenamientos. Incluso en tiempos recientes se documentó una vuelta simbólica con Guillem Timoner. Hoy el recinto está vigilado por alarmas y un guardia; necesita reformas, pero conserva elementos en buen estado como el restaurante Bufet l'Amo Andreu y el solárium junto a la piscina.

Análisis crítico: comprar no solo supone adquirir una propiedad, sino asumir obligaciones. La conservación o transformación exige inversiones en edificaciones, electricidad, redes de agua y saneamiento, así como en protección contra incendios. En un entorno rural y bien comunicado, la superficie de aparcamiento y el acceso son ventajas, pero los eventos de mayor envergadura plantean cuestiones de tráfico y ruido para los vecinos. Las autorizaciones están por resolver: cambios de uso, posible protección como bien catalogado o limitaciones derivadas de los planes de ordenación pueden condicionar en gran medida cualquier proyecto, como en el concurso de ideas para el área Gesa. Y no hay que olvidar el agua en Mallorca: una gran piscina y la restauración requieren planificación del consumo, especialmente en veranos secos.

Lo que suele faltar en el debate público es la perspectiva de los clubes locales y del vecindario. Se habla de recuerdos de carreras, pero menos del potencial para inversores: ¿quién podrá utilizar la instalación en el futuro? ¿Se priorizará a los socios de los clubes ciclistas locales o se comercializará el recinto? Tampoco suelen mencionarse los costes de operación, impuestos y mantenimiento, que son decisivos para la viabilidad económica del proyecto; y son relevantes ejemplos recientes de intervención pública en espacios comunitarios, como la nueva zona del parque La Femu en s'Olivera, que sirven para comparar enfoques.

Una escena cotidiana: en una fría mañana de diciembre, furgonetas atraviesan el camino de grava, las cigarras callan y solo el viento trae el lejano chapoteo de la antigua piscina. En un escalón de hormigón reposa un aro de bicicleta oxidado, y un perro del pueblo cercano utiliza las gradas vacías como mirador. Así se ve un lugar suspendido entre la memoria y el futuro.

Propuestas concretas: 1) Rehabilitación por fases: primero la seguridad —gradas, electricidad, protección contra incendios— y después ampliaciones según el uso. 2) Financiación mixta: inversores privados, subvenciones municipales y crowdfunding para integrar a la comunidad. 3) Modelo híbrido: uso principal deportivo (campamentos de entrenamiento, carreras oficiales) combinado con espacios para eventos (ferias pequeñas, conciertos, restauración) en franjas horarias definidas. 4) Integrar sostenibilidad: reutilización de aguas pluviales para jardines y limpieza, paneles solares para energía y tecnologías de piscina de bajo consumo. 5) Acuerdos de uso con clubes locales y días con tarifas reducidas para escuelas y centros juveniles, para asegurar el vínculo con la comunidad. 6) Evaluar la posible protección como monumento, ya que una declaración oficial podría abrir vías de financiación.

Para los inversores supone calcular con cuidado, pero teniendo en cuenta a la comunidad. Para los municipios: implicarse antes en lugar de regular después, como en la intención de Algaida quiere comprar Son Reus de Randa. Y para los aficionados al fútbol, tenis o ciclismo: una oportunidad para recuperar zonas de entrenamiento perdidas.

Conclusión: el velódromo es más que un terreno vacío: es un dilema entre la nostalgia y el pragmatismo. La decisión sobre si Mallorca recupera un trozo de su cultura deportiva o si el recinto se convierte en una máquina de eventos depende no solo del precio, sino de proyectos que integren técnica, medio ambiente y vecindario.

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