Vertedero ilegal en Ca'n Pastilla con colchones, botellas rotas y escombros junto al Camí de la Torre Redona

Peligro de incendio y caso social: vertedero en el Camí de la Torre Redona provoca molestias

Un terreno abandonado en Ca'n Pastilla se ha convertido en un vertedero ilegal. Entre colchones, vidrio y tiendas de campaña no solo aumenta el hedor, también crece el riesgo de incendio y un apremiante problema social.

Montón de basura en el Camí de la Torre Redona: ¿Quién actúa antes de que arda?

A solo un breve paseo desde la estación Octavi-August se encuentra un terreno en ruinas que desde hace semanas se ha convertido en el punto de olor más desagradable de Ca'n Pastilla. Entre botellas de vidrio rotas, muebles destrozados, pañales y colchones voluminosos se amontonan los restos —justo junto a caminos que usan vecinos, repartidores y turistas. El aire de la tarde es distinto aquí: menos mar, más basura. A un parque infantil más allá, el vertedero.

Por qué el problema va más allá del mal olor

El peligro concentrado es evidente: vidrio al sol de las tardes y las noches, montones de textiles y plástico —ingredientes perfectos para una chispa que se propague. Los vecinos cuentan sobre pequeños incendios y formación de chispas; intentos de apagar por parte de transeúntes y bomberos evitaron males mayores (ver Fuego en las afueras de Palma: cuando los asentamientos improvisados se convierten en una bomba de relojería). Pero la pregunta sigue siendo: ¿esperamos al primer gran incendio o actuamos ahora?

Además está la dimensión social. En la zona algunas personas han encontrado refugio; se ven chabolas y tiendas improvisadas, a la sombra de un tejado derrumbado (ver Entre la promenade y los cobertizos de cartón: Can Pastilla ante una prueba social). Eso hace que la situación sea delicada: no se trata solo de orden público, sino de dignidad humana, protección de la salud y de una ayuda coordinada. Una limpieza drástica sin alternativas para las personas afectadas no sería una solución —solo desplazaría el problema.

Lo que a menudo se pasa por alto

En este tipo de vertederos ilegales se suele hablar del olor y del turismo —muy pocas veces de las posibles consecuencias para el agua subterránea y la red de alcantarillado, de las ratas y hormigas, o de flujos de residuos que circulan por caminos opacos en la isla. También se presta poca atención a la pregunta: ¿a quién pertenece realmente el terreno? Las obligaciones del propietario, la cobertura de seguros y las potestades administrativas son más complejas de lo que muchos imaginan. Mientras la cuestión de la responsabilidad no esté clara, se crea un vacío que atrae a los vertidos ilegales (ver Gran vertedero ilegal en una finca de Son Reus descubierto).

Tampoco hay que subestimar el papel de negocios aparentemente inofensivos: empresas de bricolaje o mudanzas privadas a veces tiran muebles y escombros por comodidad o ahorro. La falta de opciones legales y económicas para desechar voluminosos agrava el problema. A esto se suma la imagen pública: los huéspedes de los hoteles ven los montones de basura desde los balcones, oyen a las gaviotas y el zumbido de las moscas —y hacen fotos. Eso daña la reputación de la Playa de Palma, aunque el resto de la isla esté limpio.

Medidas concretas necesarias ahora

La solución debe articular tres niveles: gestión rápida del peligro, apoyo social y prevención duradera.

Medidas inmediatas: Equipos de limpieza móviles con contenedores deberían despejar el terreno, eliminar los focos de incendio y asegurar el área. Bomberos y el departamento de medio ambiente deben realizar un análisis de riesgos conjunto —es decir, no solo barrer, sino retirar y tratar los residuos de forma adecuada.

A medio plazo: En el lugar hace falta un equipo de trabajadores sociales que contacte con las personas que viven allí, ofrezca plazas de ayuda y plantee alternativas. Medidas de seguridad simultáneas (vallas, iluminación, controles periódicos) impedirían que, tras la limpieza, se vuelva a abandonar basura inmediatamente.

A largo plazo: Establecer responsabilidades claras entre el ayuntamiento, la provincia y los propietarios. Más opciones legales de eliminación, puntos de entrega flexibles para voluminosos y campañas informativas pueden hacer que los vertidos ilegales sean poco atractivos (ver Ministerio para la Transición Ecológica: gestión de residuos). Las sanciones contra quienes causan el problema desde el ámbito comercial deben aplicarse de forma controlada —eso disuade y garantiza justicia frente a las empresas que sí cumplen.

Oportunidades que surgen ahora

Si las autoridades, los hoteles y las iniciativas vecinales colaboran, del enfado puede surgir pronto un proyecto ejemplar: un espacio limpio donde se ayude a las personas en lugar de expulsarlas. Soluciones con contenedores móviles combinadas con atención social podrían servir de piloto para otros puntos conflictivos en la Playa de Palma. Una jornada de limpieza conjunta con voluntarios del barrio y personal de limpieza de los hoteles fortalecería la cohesión y demostraría que nadie mira para otro lado.

Estuve allí ayer temprano a las 9: el leve chillido de las gaviotas, un repartidor que pasaba y tres montones de basura como monumentos. A pocos metros, unos huéspedes conversaban en un balcón, miradas a medias entre la curiosidad y el enfado. Es una situación solucionable —si se responde a la pregunta que lo condiciona todo: ¿quién asume la responsabilidad antes de que del hedor surja una catástrofe?

Si tiene información o desea ayudar: póngase en contacto con Ajuntament de Palma o con organizaciones locales. El silencio y mirar hacia otro lado no beneficia a nadie.

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