
Más que cifras: por qué las carreteras de Mallorca se están convirtiendo en una trampa mortal para la fauna
Más que cifras: por qué las carreteras de Mallorca se están convirtiendo en una trampa mortal para la fauna
En 2025 el proyecto OAFIB registró 1.595 animales salvajes muertos en Mallorca. Una cifra que exige más que compasión: análisis, escena cotidiana y medidas concretas contra el curso de colisión entre coches y animales.
Más que cifras: por qué las carreteras de Mallorca se están convirtiendo en una trampa mortal para la fauna
Pregunta guía: ¿Cómo puede la isla detener el curso de colisión entre tráfico y vida silvestre?
La nueva estadística del proyecto OAFIB en la UIB es sorprendentemente sobria: Tantos animales fueron atropellados en las carreteras de Mallorca en 2025: 2.051 animales salvajes fueron abatidos en 2025 en las Baleares, de los cuales 1.595 solo en Mallorca. No son cifras abstractas, son erizos, conejos, garduñas, tórtolas turcas, liebres y también gatos domésticos, que por la mañana o por la noche mueren bajo las ruedas de los coches —o simplemente no tienen tiempo para apartarse.
Una cifra fría se convierte en síntoma: muchos de los accidentes ocurren en tramos donde humanos y naturaleza se encuentran muy cerca —mencionaron carreteras en dirección a Manacor y la autopista en Llucmajor. Justo ahí, donde la agricultura, los suburbios y las vías rápidas se cruzan, se producen los encuentros mortales, como muestran reportes como Tres graves accidentes en una noche: ¿Qué pasa con las carreteras rurales de Mallorca?.
Análisis crítico: los datos muestran puntos conflictivos, pero rara vez conducen a medidas efectivas. Están cartografiados, pero la actuación es demasiado fragmentaria y a menudo reactiva. Los animales pequeños —erizos o conejos— aparecen menos en el debate público que los jabalíes o los ciervos, aunque sus pérdidas afectan a los ecosistemas: son presas, dispersores de semillas y herbívoros. Si las medidas solo se dirigen a especies "grandes", las reacciones en cadena quedan sin atender.
Lo que falta con urgencia: una estrategia coordinada entre las autoridades de carreteras, los municipios y la conservación de la naturaleza. OAFIB aporta datos; lo que falta es una lista de prioridades para los puntos conflictivos, financiación fiable para pasos de cruce y una distribución de tareas comunicada: ¿Quién hace cumplir los límites de velocidad? ¿Quién instala vallas o pasos subterráneos para animales? Sin esto, mapas y tablas terminan en un cajón.
Escena cotidiana en Mallorca: es temprano por la mañana, el sol ha brillado brevemente detrás de la sierra, el aire huele a resina de pino y a vapor de café. Por la Ma-15 en dirección a Manacor circula una furgoneta de reparto, un ciclista respira con dificultad al borde de la carretera. De repente un gato doméstico cruza —el conductor toca el claxon, frena, apenas hay espacio para esquivar; en el asfalto queda luego una mancha que ninguno de nosotros podrá explicar más tarde. Estas escenas se viven aquí con más frecuencia de la que se piensa, y dejan huella: en la panadería, en la parada del autobús, en el mercadillo, y conectan con reportes sobre Muertes repetidas en dos ruedas: por qué Mallorca sigue siendo peligrosa para los motociclistas.
Propuestas concretas que deberíamos ver antes: en primer lugar, gestión de velocidad focalizada en los puntos conflictivos conocidos. Los límites de velocidad son elementales, pero efectivos —especialmente de noche, cuando muchos animales se desplazan. En segundo lugar, medidas físicas: pequeños pasos subterráneos y vallas guía, que funcionan especialmente para fauna pequeña. Estas medidas deben planearse con datos: los puntos conflictivos de OAFIB como punto de partida. En tercer lugar, mejor señalización y avisos estacionales —por ejemplo, en épocas de reproducción o durante periodos de migración. En cuarto lugar, cooperación con propietarios y agricultores para mantener setos y franjas verdes como vías de escape seguras en lugar de empujarlas hacia los márgenes de las carreteras.
La tecnología puede ayudar, pero no es una panacea: sistemas de alerta basados en sensores o detectores de fauna en tramos muy críticos pueden avisar a los conductores. Al mismo tiempo son importantes las redes públicas de ayuda —vías de reporte para animales heridos, protocolos claros para policía, rescatistas voluntarios y veterinarios.
Lo que podemos hacer de inmediato: ampliar los controles de velocidad locales, instalar paneles informativos móviles, destinar fondos municipales para pruebas piloto de pasos. Lo que se necesita a medio plazo: un plan insular que piense el tráfico y la conservación juntos —con responsabilidades concretas (Consell, municipios, administración de carreteras) y un presupuesto para acciones en los puntos conflictivos identificados.
Lo que suele olvidarse: la prevención empieza en la cabeza de los conductores. Las campañas de sensibilización que muestran con qué frecuencia y dónde sufren los animales funcionan mejor si se hacen a nivel local —en mercados, en escuelas, en empresas de alquiler de coches. Ejemplo: información breve en la documentación de los vehículos de alquiler o carteles en rutas populares de salida que sensibilicen a los conductores, especialmente ante datos preocupantes como Más muertes en el tráfico en las Baleares: ¿Por qué afecta tanto a los motociclistas?.
Conclusión contundente: las cifras de OAFIB son a la vez una señal de alarma y una herramienta. Quienes se limiten a comentarlas perderán la oportunidad de hacer las carreteras más seguras para animales y personas. Mallorca no necesita nuevos llamamientos, sino medidas pragmáticas y aplicables localmente —límites de velocidad, infraestructuras guía, proyectos de construcción concretos y una verdadera colaboración entre quienes planifican las carreteras y quienes conocen la naturaleza. Si no, aquí no solo se perderá biodiversidad, sino también calidad de vida.
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