Aula en Mallorca con alumnos y una maestra, ilustrando el aumento del 63% en necesidades educativas en seis años.

Baleares: Inclusión bajo presión – 63 por ciento más de necesidades de apoyo en seis años

Baleares: Inclusión bajo presión – 63 por ciento más de necesidades de apoyo en seis años

El sindicato CCOO informa de un fuerte aumento de escolares con necesidades educativas especiales. Las escuelas de Mallorca están alcanzando sus límites de personal.

Baleares: Inclusión bajo presión – 63 por ciento más de necesidades de apoyo en seis años

Pregunta central: ¿Pueden las escuelas de Mallorca atender realmente al creciente número de niños con necesidades de apoyo sin personal y financiación adicionales?

La versión breve primero: en las Baleares, el número de alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales ha aumentado casi un 63 por ciento en los últimos seis años. Así lo informa el sindicato CCOO y advierte de que el profesorado y el personal de apoyo ya están sobrecargados. Sin recursos adicionales y sin actuación política, la atención corre el riesgo de sufrir y las exigencias de inclusión quedarían en parches.

Esto no es una disputa administrativa abstracta. Si, en una mañana gris, se pasea por el Passeig des Born en Palma, se oyen los timbres de los patios escolares, voces de niños y el ruido sordo de un autobús urbano. Junto a la puerta de entrada de una escuela primaria, una madre está con un carrito y trata a la vez de rellenar papeles. La maestra a la que se dirige todavía tiene que dar horas de apoyo al final del día. Escenas así muestran: falta tiempo, no solo buenas intenciones.

Análisis crítico: ¿A qué se debe el aumento y por qué afecta tanto al sistema? Parte del incremento se debe a una mejor diagnostica y a controles escolares más tempranos: hoy se detecta a más niños. A ello se suman factores sociales: multilingüismo, cargas familiares, problemas psicológicos tras la pandemia y la desigualdad social que agrava las dificultades de aprendizaje (¿Cuántos habitantes puede soportar Mallorca? Crecimiento, presiones y soluciones). El sistema educativo, en cambio, es lento: las contrataciones se hacen según ciclos presupuestarios anuales (Más de la mitad de las nuevas plazas docentes en Baleares quedan vacantes), las ayudas de asistencia (los llamados asistentes de integración) suelen financiarse de forma temporal y hay una distribución regional muy desigual.

Lo que el debate público rara vez tiene en su radar son los puntos de conexión con la salud y los servicios sociales. Muchos niños requieren una atención integral —terapia, acompañamiento, trabajo con las familias— que debe pensarse más allá de la escuela. Asimismo, faltan cifras fiables y públicas sobre la distribución regional de las necesidades de apoyo; sin esa transparencia, una planificación precisa de los recursos es un deseo irrealizable. Existen, eso sí, iniciativas de financiación y empleo para colectivos vulnerables en las Islas (Islas Baleares destinan 4,5 millones de euros: formación y empleos para personas con discapacidad).

Las consecuencias cotidianas son visibles: clases más numerosas, horas de apoyo reducidas, profesorado que prepara planes educativos individuales hasta tarde por la noche. En municipios como Llucmajor o en barrios pequeños de Palma esto significa: familias esperando meses por diagnósticos, centros que se las arreglan con personal a tiempo parcial y niños que a menudo pierden la ayuda que necesitan (Inicio de curso en las Baleares).

Las soluciones concretas deben ser prácticas y aplicables localmente. Algunas propuestas, no como utopía sino como un programa de trabajo:

1. Corto plazo (dentro de un año): Aumento inmediato de plazas de asistencia temporal para los puntos más críticos; horas de formación obligatoria para el profesorado en diagnóstico y apoyo educativo; vías digitales sencillas entre la escuela y los centros de salud para reducir los tiempos de espera en terapias.

2. Medio plazo (1–3 años): Creación de equipos móviles multidisciplinares (pedagogía, psicología, logopedia) que apoyen a las escuelas según demanda; un atlas regional transparente de necesidades de apoyo para que los recursos lleguen donde aumentan los casos; plantillas de personal vinculantes en lugar de financiaciones temporales.

3. Estructural (3–5 años): Incremento permanente de los fondos para educación inclusiva en los presupuestos de las Baleares; acuerdos claros de competencias entre ayuntamientos, servicios de salud y la consejería de educación; ampliación de la oferta de jornada completa con componentes terapéuticos para combinar apoyo y cuidado.

En la práctica, mucho se podría probar a escala local: proyectos piloto en un municipio como Manacor o Alcúdia, con un presupuesto para asistencia a la inclusión, terapia móvil y trabajo con familias durante dos años. Los criterios de éxito deberían definirse con claridad: reducción de las listas de espera, menos pérdida de horas lectivas y avances medibles en el aprendizaje.

Lo que falta en el debate político es el coraje para priorizar. Los recursos son finitos, pero las decisiones son el instrumento para fijar prioridades. Si la inclusión solo aparece como lema en la campaña electoral, seguirá siendo una declaración de intenciones. Si, por el contrario, se destinan fondos, personal y procedimientos vinculantes, las escuelas pueden convertirse realmente en lugares donde ningún niño se quede atrás.

Conclusión: los datos —un 63 por ciento más en seis años— son una llamada de atención. En Mallorca y en las demás Baleares, docentes, familias y administración ya lo viven a diario. Hace falta más personal, una cooperación más clara con los servicios de salud y sociales y una planificación honesta y transparente. Si no, la inclusión corre el riesgo de convertirse en una obra inacabada: mucha buena voluntad, pero poca realidad.

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