El gobierno de las Baleares ha comprado la finca Sa Bastida de 72 hectáreas en Alaró por 1,5 millones de euros. Objetivo: proteger hábitats raros, conservar yacimientos arqueológicos y abrir el terreno al público.
Las Baleares ponen Sa Bastida en manos públicas: una ventaja para Alaró y la Tramuntana
En el borde de la Serra de Tramuntana, donde a la luz de la mañana los cipreses proyectan sombras sobre angostos caminos rurales y de vez en cuando una cabra rompe la calma, el gobierno de las Baleares ha asumido la Finca Sa Bastida. Por 1,5 millones de euros, financiada con el fondo de turismo sostenible, la superficie de unas 72 hectáreas pasa a manos públicas.
Lo que en el papel suena sobrio, en la práctica significa: poblaciones de plantas raras, hábitats protegidos y varios yacimientos arqueológicos estarán mejor resguardados en adelante. Sa Bastida no está en medio del bullicio turístico, sino en una transición conocida por muchos mallorquines: paseantes, ciclistas y quienes los domingos van al mercado de Alaró. Por ello, la decisión tiene una dimensión local: no se trata solo de conservación, sino también de devolver un espacio que la comunidad y los caminantes pueden utilizar.
La compra responde a dos intenciones destacadas. Primero, la conservación de la biodiversidad: las laderas albergan vegetación y especies animales que no se encuentran en cualquier lugar. Segundo, abrir el terreno al público. Eso no significa automáticamente: aparcamientos y comercio. Más bien se planifica, junto con el municipio de Alaró y las vecinas y vecinos, formas de uso que respeten la naturaleza.
¿Cómo podría ser Sa Bastida en el futuro?
Se imaginan caminos señalizados pero estrechos, paneles informativos sobre flora, fauna y arqueología, pequeños miradores con bancos —sin grandes intervenciones, más bien senderos que inviten a quedarse. También son posibles ofertas educativas locales: clases escolares del pueblo, visitas guiadas por voluntarios y una red de amantes de la naturaleza que ayuden en el mantenimiento. En el lugar, en las pequeñas carreteras hacia Alaró, ya se ha observado cómo vecinas y vecinos usan la zona los fines de semana; una apertura cuidadosa sería, por tanto, un reconocimiento de ese uso cotidiano.
Es importante: el siguiente paso no es un plan acabado, sino un proceso. Gobierno, municipio y residentes deben trabajar juntos para determinar qué áreas se protegen, cuáles se hacen accesibles y cómo se aseguran los yacimientos arqueológicos. Suena laborioso, pero también es una oportunidad: las necesidades locales se encuentran con el conocimiento técnico para la conservación —mejor así que al revés.
Qué gana Mallorca con ello
Más espacios públicos y naturales fortalecen la vida en la isla. Habituales y recién llegados descubrirán otra cara de Mallorca, lejos de camas de hotel y chiringuitos, hacia muros secos, hierbas silvestres y antiguos senderos. Para Alaró, Sa Bastida puede ser un pequeño valor añadido: los residentes tendrán un lugar para respirar, y el municipio un elemento más de su oferta cultural y ecológica.
Queda espacio para ideas: un pequeño centro de visitantes en el casco urbano (modesto, discreto), grupos de trabajo sobre plantas invasoras, inventarios voluntarios de fauna o colaboraciones con universidades para investigación arqueológica. Y quien quiera, podrá disfrutar del silencio los fines de semana —sin grandes aglomeraciones, con el sonido de las hojas y el olor de las piedras calentadas por el sol.
El ambiente en Alaró la mañana después del anuncio fue tranquilo: en la plaza un panadero colocando ensaimadas en el escaparate, ciclistas preparándose para el Coll de Sa Batalla y vecinas mayores hablando del tema en el mercado. No hubo gritos de triunfo, sino más bien un asentimiento aliviado: un trozo de paisaje queda protegido.
El proyecto no es precipitado, sino una pequeña promesa local: más espacio para la naturaleza, más oportunidades para visitas tranquilas y respeto por el patrimonio histórico. Para la isla significa: una de muchas piezas del mosaico para que Mallorca siga siendo, en el futuro, no solo para turistas, sino sobre todo para quienes viven aquí o sienten nostalgia, un lugar habitable.
Perspectiva: Ahora comienza la fase de diálogo. Quienes quieran participar deben estar atentos a las próximas reuniones públicas en Alaró —se trata de caminos, protección y de cómo hacer justicia a las piedras antiguas y a los nuevos visitantes.
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