Taxis y vehículos de apps de transporte en una calle de Mallorca con pasajeros esperando y edificios del casco urbano.

Baleares quieren reducir permisos para Uber y compañía: un análisis de la realidad en Mallorca

Baleares quieren reducir permisos para Uber y compañía: un análisis de la realidad en Mallorca

El gobierno de las Baleares quiere limitar nuevas licencias para servicios de transporte en Mallorca e Ibiza. Cifras, obstáculos legales y lo que falta ahora: un panorama del día a día en las islas.

Las Baleares quieren reducir permisos para Uber & compañía — un análisis realista para Mallorca

Pregunta clave: ¿Cuántos permisos adicionales para servicios de transporte puede soportar realmente Mallorca?

El gobierno de las Baleares ha dejado claro recientemente que las islas no pueden aceptar de forma ilimitada nuevas licencias para servicios de transporte. La ministra Lorena del Valle habla de una cifra utópica cuando se mencionan 10.000 solicitudes adicionales. El hecho es que, según el gobierno, en Mallorca hay alrededor de 3.500 solicitudes y en Ibiza unas 6.500. Las directrices judiciales obligan a la administración a examinar cada solicitud de forma individual, como recoge una sentencia que obliga a revisar licencias de Uber.

Parece seco, pero no lo es. La cuestión central no es solo «¿Cuántos vehículos?» sino «¿Cómo afectan estos vehículos a las carreteras, al aparcamiento, al ruido y al empleo local?». Mallorca tiene puntos de la infraestructura muy estrechos: el Paseo Marítimo de Palma se llena rápido, la Avinguda Gabriel Roca muestra tráfico denso por la mañana y la tarde, y en la Platja de Palma los aparcamientos siempre escasean. Más vehículos autorizados no significan automáticamente más servicio para los turistas, sino a menudo más tráfico de búsqueda y, por tanto, más atascos.

Análisis crítico: falta el equilibrio entre derecho y espacio. Los tribunales exigen decisiones individuales y la administración denuncia límites de personal y capacidades prácticas. En el debate público faltan cifras fiables: ¿Cuántos de los vehículos de alquiler o concesiones de taxi ya aprobados están actualmente operativos? ¿Cuántas de las nuevas licencias solicitadas circularían en las horas punta? Sin estos datos, cualquier comentario político es más sentimiento que base.

Lo que falta en el discurso público es la perspectiva de la gente en la calle. Taxistas que llevan años buscando el inicio de su turno en la parada de Palma; dueños de restaurantes en la Calle Sant Miquel que coordinan entregas por la mañana; residentes en Son Armadams que se quejan del aumento de bocinas y de paradas y arranques constantes. Todo ello indica que los simples números esperados (solicitudes) no bastan para estimar con fiabilidad las consecuencias.

Escena cotidiana: una templada mañana de enero en el Paseo Marítimo. Las gaviotas chillan, un tuk-tuk pasa zumbando, los taxistas hacen cola frente al mercado y comparten noticias sobre nuevas solicitudes. Un joven conductor con matrícula extranjera espera a su primer cliente del día y se pregunta cuánto tardará el proceso de autorización; además, conductores de Uber en Mallorca alertan sobre coches en mal estado, lo que añade preocupación sobre seguridad y controles.

Soluciones concretas necesarias ahora: primero, una suspensión temporal y transparentemente motivada de nuevas concesiones, hasta que la administración haya aumentado su capacidad y exista un catálogo claro de criterios. Segundo, reglas de priorización: podrían tener preferencia los conductores residentes, los vehículos de bajas emisiones y los operadores que demuestren sedes fijas en las islas. Tercero, un panel digital público que muestre cuántas solicitudes se están tramitando, su estado y los plazos aplicables; eso genera confianza y reduce especulaciones. Estas medidas deberían complementarse con las nuevas reglas para taxis y servicios de chófer en Mallorca que buscan ordenar licencias y accesibilidad.

Además, el gobierno debería iniciar paralelamente con los ayuntamientos, los tribunales y representantes del sector del taxi y la movilidad proyectos piloto: autorizaciones temporales y limitadas en zonas seleccionadas, vinculadas a la entrega de datos sobre el volumen de viajes. Iniciativas similares ya se han puesto en marcha en el territorio, como el servicio de taxis compartidos en 13 municipios. Quien infrinja las normas debe ser sancionado con mayor rapidez; quien invierta en electrificación debería recibir ayudas o prioridad. Por último, se necesita una planificación de tráfico que replantee aparcamientos, carga y zonas de parada: si no, el problema sólo se desplazará espacialmente.

Conclusión contundente: la valoración de que 10.000 nuevas solicitudes es utópica no es solo una declaración, sino una señal de alarma. Pero no basta con limitar y dejar pasar el tiempo. Quien regule la movilidad debe aportar datos, criterios claros y reglas de transición prácticas. Además, los informes sobre vehículos con fallos que pueden ser peligrosos muestran la necesidad de controles más ágiles. Si no, la decisión será para la gente de la isla un calvario entre procesos judiciales y problemas de tráfico diarios —y eso no es justo ni sostenible.

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