Botes de refugiados abandonados en el punto limpio de Colònia de Sant Jordi, bloqueando el recinto.

Cuando los barcos bloquean el centro de reciclaje: Colonia de Sant Jordi espera la retirada

Cuando los barcos bloquean el centro de reciclaje: Colonia de Sant Jordi espera la retirada

Desde hace meses, embarcaciones de refugiados en desuso permanecen en el centro de reciclaje de Colonia de Sant Jordi. El municipio espera al Estado. La falta de espacio, el riesgo ambiental y un entramado de responsabilidades generan malestar.

Cuando los barcos bloquean el centro de reciclaje: Colonia de Sant Jordi espera la retirada

¿Quién limpia cuando embarcaciones de rescate varadas llenan el espacio de una pequeña localidad?

En el centro de reciclaje de Colonia de Sant Jordi hay actualmente nueve embarcaciones de refugiados en desuso que ocupan plazas de aparcamiento, caminos y zonas de almacenaje. El ayuntamiento de Ses Salines informa que las embarcaciones llevan meses allí y no han sido retiradas. La responsabilidad de la eliminación recae en el Estado, una competencia que al parecer no se está ejerciendo con prontitud.

La situación no es solo un problema logístico. En el solar asfaltado se amontonan contenedores, cartón grueso y enseres voluminosos; entre ellos están los cascos claros de fibra de vidrio, desteñidos por el sol y la sal. Quien pasea por la Plaça del Port por la mañana oye a los hombres del puerto pesquero murmurar: “Ahí bloquea algo que nos pertenece a todos.” El calor ondula sobre la Calle del Mar, las gaviotas gritan, y la falta de espacio se nota: las caravanas de camiones deben maniobrar con dificultad y la recepción de residuos estacionales alcanza sus límites.

Desde el punto de vista del municipio la situación está clara: desde hace siete meses el ayuntamiento espera una respuesta del organismo estatal competente. Mientras tanto, las embarcaciones saturan el punto de reciclaje y generan posibles riesgos ambientales. Los plásticos reforzados con fibra de vidrio envejecen bajo el sol y el viento salino; el material que se astilla puede liberar contaminantes y no puede eliminarse tan fácilmente como la madera o el metal.

También en otros municipios de la costa sudeste se conoce el problema: los puntos de reciclaje de Santanyí y Campos parecen afrontar casos similares. Esto apunta a un problema estructural, no solo a un incidente aislado.

Análisis crítico: la separación de competencias entre la administración municipal y los organismos estatales ha generado aquí un bloqueo. Los trámites administrativos se alargan, los plazos se pierden y, mientras tanto, el espacio público se llena de residuos que deberían ser tratados de forma profesional. La consecuencia son procesos ineficientes, costes crecientes para la administración local y un riesgo mayor para el suelo y el agua subterránea.

Lo que falta en el debate público: calendarios concretos, transparencia sobre las competencias y una declaración sobre la eliminación adecuada de los cascos. No hay información sobre si ya existen ofertas de empresas especializadas, si se ha evaluado el reciclaje o la reutilización, o si se han solicitado estudios ambientales. Tampoco se discute apenas quién asumiría los costes posteriores en caso de una eliminación inadecuada.

Una escena cotidiana que hace el problema tangible: un martes por la mañana una mujer mayor, con la bolsa de la compra, se sienta frente al kiosco en la Via Principal. Señala las embarcaciones y dice en voz baja: “Antes aquí había espacio para el puesto del mercado. Ahora los tenderos tienen que colocarse más atrás.” Los pequeños comerciantes notan las restricciones de inmediato: las entregas se retrasan, los aparcamientos escasean y los turistas ven cascos deteriorados en lugar de zonas de clasificación limpias.

Propuestas concretas de solución: en primer lugar, es necesario que la autoridad estatal competente fije un plazo vinculante para la recogida y eliminación. En segundo lugar, deberían encargarse con urgencia peritajes técnicos para evaluar el riesgo de las piezas de fibra de vidrio y determinar si es precisa una almacenamiento intermedio con cubiertas. En tercer lugar, la administración insular podría contratar temporalmente empresas privadas certificadas y adelantar los costes, para luego reclamar la devolución a la autoridad responsable.

Otras medidas prácticas son: licitar un transporte especializado para embarcaciones de fibra de vidrio, fomentar soluciones de reciclaje para materiales compuestos, permitir temporalmente el uso de los cascos para entrenamientos de los equipos de rescate locales o para proyectos artísticos —siempre que las normativas ambientales lo permitan. La cooperación regional entre Ses Salines, Santanyí y Campos podría abaratar fechas de recogida y logística conjunta.

Las opciones de financiación deberían ponerse sobre la mesa: presupuestos autonómicos, contingentes de emergencia del gobierno insular o fondos de la UE para el manejo de residuos marinos podrían activarse a corto plazo. Es importante documentar claramente todos los pasos para que al final no sea el municipio quien asuma todos los costes.

Conclusión: las embarcaciones en Colonia de Sant Jordi son un ejemplo pequeño pero simbólico de un reto mayor: cuando las competencias se solapan y nadie actúa con rapidez, el problema colmata el espacio público y crea riesgos ambientales. La política debe ahora fijar plazos vinculantes, permitir evaluaciones técnicas y fortalecer la capacidad de actuación regional. Los residentes locales no esperan solo palabras, sino, tras siete meses de espera, medidas visibles.

Preguntas frecuentes

¿Qué está pasando con las embarcaciones abandonadas en Colonia de Sant Jordi?

En el centro de reciclaje de Colonia de Sant Jordi hay varias embarcaciones en desuso que llevan meses ocupando espacio de aparcamiento, caminos y zonas de almacenamiento. El ayuntamiento de Ses Salines señala que la retirada depende de la administración estatal, pero todavía no se ha resuelto. Mientras tanto, el punto de reciclaje funciona con muchas limitaciones y el problema sigue creciendo.

¿Quién tiene que retirar los barcos abandonados en Mallorca?

En casos como el de Colonia de Sant Jordi, la eliminación de estas embarcaciones corresponde al Estado, no al ayuntamiento. Eso complica la respuesta cuando los trámites se alargan y el municipio no puede actuar por su cuenta con rapidez. Cuando no hay coordinación, el residuo queda acumulado y el espacio público se resiente.

¿Qué riesgos ambientales pueden causar los barcos de fibra de vidrio abandonados?

Los cascos de fibra de vidrio envejecen con el sol, el viento salino y el paso del tiempo. Si el material se astilla o se degrada, puede generar residuos difíciles de tratar y potencialmente contaminantes. Por eso no se puede gestionar igual que un residuo común de madera o metal.

¿Cuánto tiempo puede tardar la retirada de residuos grandes en Mallorca?

Depende de quién sea responsable y de si los trámites avanzan con rapidez. En el caso de Colonia de Sant Jordi, el ayuntamiento lleva meses esperando respuesta, lo que muestra que estos procesos pueden alargarse mucho cuando hay varias administraciones implicadas. Sin un plazo vinculante, la retirada suele retrasarse más de lo que sería deseable.

¿Afecta el centro de reciclaje saturado de Colonia de Sant Jordi a los vecinos y comercios?

Sí, porque reduce el espacio disponible para maniobras, aparcamientos y acceso de camiones. En una localidad pequeña, eso se nota enseguida en las entregas, en la movilidad diaria y también en la imagen de la zona para residentes y visitantes. Los comercios cercanos suelen ser de los primeros en notar esas limitaciones.

¿Qué medidas se proponen para retirar los barcos acumulados en Colonia de Sant Jordi?

Se plantea fijar un plazo de retirada, hacer peritajes técnicos y valorar un almacenamiento intermedio si hace falta. También se habla de contratar empresas certificadas para el transporte y la eliminación, e incluso de coordinar una solución conjunta con otros municipios cercanos. La idea es que la gestión sea rápida, segura y con responsabilidades bien definidas.

¿Pueden reutilizarse o reciclarse los cascos de estos barcos en Mallorca?

En algunos casos podría estudiarse el reciclaje o la reutilización, pero no es una solución automática. El material, sobre todo si es fibra de vidrio, exige una evaluación técnica para saber si puede tratarse con seguridad o si necesita otro tipo de gestión. También se mencionan usos temporales, como entrenamientos o proyectos artísticos, siempre que la normativa ambiental lo permita.

¿Hay más casos como el de Colonia de Sant Jordi en el sur de Mallorca?

Sí, también se han señalado situaciones parecidas en municipios como Santanyí y Campos. Eso apunta a un problema más amplio de gestión de este tipo de residuos en la costa sudeste de Mallorca. No parece un caso aislado, sino una dificultad que afecta a varios puntos de recogida.

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