Aparcamiento público de Cala Major con basura, latas oxidadas y señales de vandalismo

Cala Major: el aparcamiento se convierte en zona de basura y problemas – ¿Quién recoge?

El único aparcamiento público en Cala Major se hunde en basura, sufre vandalismo y transmite una sensación creciente de inseguridad. Ayuntamiento, propietario y policía se pasan la responsabilidad, mientras vecinos, empleados y turistas sufren las consecuencias a diario.

Cuando el aparcamiento se convierte en una mala tarjeta de presentación

Al final de la tarde, cuando el sol baja y las gaviotas gritan sobre el mar, Cala Major debería respirar con tranquilidad. En cambio, la mirada suele posarse en el único aparcamiento público próximo a la playa: basura esparcida, latas oxidadas y tramos del suelo deteriorados. El ambiente está tenso. Vecinos y trabajadores cuentan episodios de intimidación, robos y la sensación de que el Ayuntamiento ha olvidado este lugar.

La pregunta central: ¿Por qué pasa tan poco?

Parece un conflicto típico entre el interés público y las ofertas privadas: hace años el Ayuntamiento anunció planes para ordenar el terreno y crear un nuevo aparcamiento. Desde entonces ha pasado poco. Un propietario del terreno ofreció a cambio casi 14.650 metros cuadrados de bosque – a cambio de una zona de aparcamiento privada en otro lugar y proyectos residenciales adicionales en Cala Major. Pero en lugar de claridad solo hay especulaciones. ¿Permanece la administración inactiva, falta el dinero o no se quiere tomar la decisión políticamente?

Muy poco atendida queda además una dimensión científica y ecológica: ¿se reduce de forma duradera la superficie forestal con estos intercambios? ¿Y qué ocurre con las normativas de protección, la situación del agua subterránea y el microclima costero si se habilita más suelo para vivienda?

Basura, daños al vehículo y sensación de inseguridad

Los relatos cotidianos son concretos: latas de bebida oxidadas que llevan años sin retirarse, baches y piedras que arañan el fondo de los coches, y farolas que no funcionan por la noche. Un empleado de hotel lo resume así: «Dejo mi coche aquí y siempre tengo miedo de que me rompan una ventanilla.» Varias personas cuentan haber observado robos. Vallas con emblemas municipales en este contexto parecen un parche débil; situaciones similares se han descrito en el parc de la Mar descuidado.

Lo que hasta ahora se debate poco

En el debate público suele faltar la perspectiva de los comerciantes y del personal de limpieza: ¿quién asumirá el mantenimiento regular en el futuro? Una limpieza puntual antes de la temporada turística no es suficiente. Tampoco se pregunta cómo afectan las soluciones temporales a la percepción turística. Un aparcamiento lleno de basura junto a la playa envía señales peores que una obra: reduce la calidad del espacio, ahuyenta a las familias y disminuye los ingresos de cafeterías y taxis locales. Casos de acumulación de desechos en otras zonas, como los montones de basura en s'Arenal, ilustran la urgencia de una gestión continua.

Oportunidades concretas en lugar de excusas

Un poco de pragmatismo ayudaría. A corto plazo podrían calmar la situación medidas como: iluminación nocturna, rondas de limpieza periódicas, contenedores adicionales con señalización clara, baches reparados o tapados provisionalmente, y presencia temporal de la Policía Local. A medio plazo serían necesarias negociaciones transparentes sobre la oferta del propietario: acceso público a informes, evaluaciones medioambientales y un plan claro que combine vivienda protegida y aparcamiento público.

Soluciones técnicas como vigilancia de plazas con sensores, video vigilancia en puntos sensibles (instalada con seguridad jurídica) o una regulación de aparcamiento para residentes podrían aumentar la seguridad. Problemas de convivencia y intimidación en otros aparcamientos, como el aparcamiento en la Carrer Manacor, muestran la necesidad de medidas integradas. Opciones más verdes – por ejemplo, un pavimento permeable, árboles en alcorques y puntos de carga para vehículos eléctricos – mejorarían y harían más climáticamente resiliente el espacio. La experiencia en lugares con alta presión sobre plazas, como Son Espases y el caos diario en los aparcamientos, puede ofrecer lecciones sobre regulación y control.

¿Quién paga el precio si no se actúa?

Si la administración sigue dudando, los vecinos y pequeños comercios pagarán el precio: menor calidad de vida, mayores gastos en reparaciones de vehículos, posibles robos y una imagen dañada en temporada baja. Además, se desplaza el tipo de uso: más convoyes de coches de alquiler que solo aparcan y se marchan, en vez de visitantes que se quedarán y gastarán en el lugar.

Un llamamiento a la transparencia y a medidas rápidas

No se necesita ahora un gran ruido político, sino pasos concretos: un programa visible y de rápida ejecución para seguridad y limpieza, negociaciones abiertas sobre el intercambio de terrenos con participación pública y un calendario para una transformación sostenible. Cala Major tiene la cercanía a la playa, las cafeterías y el ambiente de tarde: solo falta la voluntad política para diseñar el espacio público de forma que vuelva a ser acogedor.

Si no, el aparcamiento no será solo una molestia, sino un símbolo de lo que puede ir mal en la isla: cuando cambios tácticos y acuerdos poco transparentes cambian a largo plazo la atractividad por beneficios rápidos. Y eso no solo se nota en la costa, sino en las conversaciones silenciosas en las escaleras del vecindario al caer la tarde.

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