Ruinas del Castell d'Alaró en la cima del Puig de Alaró con senderistas y paisaje de la Tramuntana

Expropiación forzosa en el Castell d'Alaró: ¿fin de la disputa o nuevo foco de conflicto?

El Consejo Insular ha iniciado un procedimiento que permitiría la expropiación del terreno alrededor del Castell d'Alaró. ¿Una solución pragmática o un riesgo para los derechos de propiedad y las prácticas locales?

El Consejo Insular aprieta las riendas — ¿pero a qué precio?

Al pie del Puig de Alaró sopla hoy la Tramuntana con más fuerza, como si fuera testigo del conflicto. El Consejo Insular ha iniciado formalmente un procedimiento que podría permitir la expropiación de la fortaleza de Alaró de un terreno alrededor de la ruina del castillo. La base es una ley aprobada en verano para "proyectos estratégicos" — una herramienta jurídica que habilita a las administraciones a actuar con mayor rapidez. Pero la pregunta central sigue siendo: ¿a quién pertenece realmente el patrimonio cultural de esta isla?

¿Qué está en juego concretamente?

Con el nuevo estatus, el terreno podría clasificarse como lugar público con protección arqueológica. Esto daría a las autoridades la posibilidad de organizar restauraciones, mejorar los accesos y regular las visitas. El objetivo suena razonable: muros revisados en lugar de hiladas de piedras inestables, senderos seguros en lugar de veredas, accesos con menos barreras en lugar de escaladas prohibidas.

El problema es la situación de la propiedad: partes de la ruina son estatales, una gran parte del terreno pertenece a una familia local, y la capilla y la posada las gestiona el municipio. Las negociaciones han fracasado repetidamente: la familia exigía una cantidad mucho mayor de la que el Estado estaba dispuesto a pagar. Años de disputas, unas marcas en el suelo y maniobras jurídicas después, la opción de la expropiación queda ahora sobre la mesa.

Más que protección: las consecuencias no contadas

El debate público suele centrarse en dos puntos: salvar la ruina frente a proteger la propiedad privada. Se presta menos atención a las consecuencias que se sienten a nivel local. ¿Quién asumirá a largo plazo la responsabilidad del mantenimiento y la vigilancia? ¿Cómo se decidirá qué senderos permanecen abiertos para los visitantes y qué usos tradicionales (ovejas, cabras, caminos de pastores) se prohibirán? ¿Se integrará a la familia en las decisiones tras la expropiación o quedará marginada?

Otro asunto son los precedentes: el conflicto por la ampliación del recinto militar en Cap Pinar en Alcúdia evidencia cómo las decisiones sobre uso del suelo pueden alimentar temores en comunidades locales. Si el Consejo Insular actúa con éxito mediante expropiación forzosa aquí, otros propietarios en Mallorca podrían preguntarse si su terreno también puede clasificarse como "estratégico". Esto despierta temores legítimos en pueblos donde la propiedad de la tierra está estrechamente vinculada a la historia familiar.

Oportunidades — pero solo con reglas claras

Existen oportunidades reales: un programa de restauración transparente y bien financiado podría asegurar el Castell d'Alaró a largo plazo, controlar los flujos de visitantes y proteger la sustancia arqueológica. La perspectiva de muros revisados, senderos asegurados y paneles informativos gusta a muchos excursionistas que, tras la sudorosa subida por el GR-221, disfrutan arriba de las vistas, luego de un cordero en Es Verger y del aroma del pan recién horneado.

Pero estas oportunidades deben vincularse a garantías claras: compensación justa, participación del municipio y afectados, y un modelo de gestión viable.

Propuestas concretas — pragmáticas y con arraigo local

1. Evaluación independiente y mediación: Antes de llevar a cabo la expropiación debería existir una valoración independiente y un proceso de mediación. Esto reduce conflictos y ahorra tiempo en los tribunales.

2. Un "Heritage Trust" con participación local: Crear una fundación o cooperativa en la que el Consejo Insular, el municipio, representantes de la familia y actores locales (la posada, pastores, asociaciones) tengan representación. Así la decisión permanece anclada en el territorio.

3. Financiación mediante fondos con destino específico: Una parte de las tasas turísticas podría ir directamente al mantenimiento y gestión, de modo que las contribuciones de los visitantes se inviertan visiblemente en la conservación (véase iniciativas municipales como Algaida quiere comprar Son Reus de Randa).

4. Gestión de visitantes en lugar de sobrecomercialización: franjas horarias, límites máximos en días de afluencia, senderos acondicionados y ofertas informativas en lugar de puestos de souvenirs en las murallas. Así Mare de Déu del Refugi sigue siendo un lugar de peregrinación y no un espacio de eventos.

5. Prioridad arqueológica y empleo local: Trabajos de restauración con acompañamiento arqueológico y programas de empleo para locales generan aceptación y competencias de cuidado.

Una cuerda floja

El camino hacia adelante no es una carrera rápida sino una cuerda floja entre interés público, derechos de propiedad y la vida cotidiana local. En la cima del Puig de Alaró los visitantes se sientan, respiran el aroma del romero, escuchan las campanas de las cabras y debaten sobre lo que les pertenece y lo que no. La decisión del Consejo Insular puede ser un punto final pragmático o el inicio de nuevo combustible para el conflicto si la ejecución carece de transparencia y participación local.

Hasta que los tribunales se pronuncien, los peldaños del ascenso siguen llenos: senderistas resoplan, fotografían la ruina y, al bajar, se detienen a comer un plato de cordero en Es Verger. Para muchos la palabra expropiación suena abstracta — arriba, entre piedra y cielo, se percibe de forma muy concreta lo que está en juego: historia, comunidad y la pregunta de cómo queremos manejar ambas cosas.

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