Calles deterioradas en Costa Canyamel con farolas sin luz y numerosos baches

Costa Canyamel: 22 años de inacción administrativa – ¿Quién asume la responsabilidad?

Farolas que son solo postes, baches como cráteres y un alcantarillado nunca terminado: tras 22 años, los residentes de Costa Canyamel esperan respuestas claras.

Costa Canyamel tras 22 años: ¿Quién asume la responsabilidad?

Cuando la brisa matinal del mar atraviesa los pinos y las cigarras comienzan su jornada, en la entrada de la urbanización Costa Canyamel se percibe de inmediato algo decisivo que falta: farolas que parecen simples postes, aceras que terminan de repente entre maleza y baches en el asfalto que devoran ejes de ruedas y amortiguadores sin miramientos. Para quienes viven aquí –residentes, familias con niños, jubilados que llegan al mar en cinco minutos– esto no es un contratiempo pasajero, sino la realidad cotidiana.

La pregunta clave

¿Quién asume tras 22 años de inacción administrativa la responsabilidad por una urbanización que nunca fue recepcionada formalmente? No es una cuestión retórica; es el punto de partida para cualquier solución realista. Sin la recepción oficial, muchas cuestiones quedan en una zona jurídica gris: ¿Qué labores puede asumir el ayuntamiento? ¿Qué medidas deben correr por cuenta de los propietarios? ¿Y quién paga por el alcantarillado que lleva años incompleto? La normativa aplicable puede consultarse en el Boletín Oficial del Estado (BOE).

Iniciativa propia como medida de emergencia

En la primavera de 2024 los vecinos gastaron dinero para comprar 91 toneladas de asfalto y tapar los peores cráteres. Escenas propias de un taller vecinal: chalecos de seguridad, señalización con recursos propios y arreglos provisionales. La cara amarga de la moneda es que el ayuntamiento envió después una factura por haber autorizado trabajos en una vía pública. Todo ello es sintomático, como recoge la cobertura sobre las reparaciones en Costa de Canyamel. La gente actúa por desesperación y arriesga problemas burocráticos porque ya no quiere esperar promesas vacías.

Lo que queda fuera del debate público

A menudo no se analiza suficiente las consecuencias del estado de las vías para grupos concretos. Personas mayores con movilidad reducida dependen de una iluminación segura y aceras en buen estado. Los padres enfrentan cada día el camino al colegio con baches y falta de protecciones. El alcantarillado incompleto no es un problema de lujo: en caso de lluvias intensas hay riesgo de desbordamientos, molestias por olores e incluso riesgos sanitarios. Y, por último: ¿quién responde en caso de accidentes? Las cuestiones aseguradoras y la posible denegación de coberturas por condiciones deficientes son una amenaza real.

Análisis: por qué la administración está bloqueada

Las respuestas se encuentran en varios niveles: obstáculos jurídicos para la recepción oficial, falta de prioridad en el presupuesto municipal y cierta comodidad política. Hay además anuncios de inversión, como el plan millonario para 2026 en Canyamel. Proyectos visibles como carriles bici en la carretera reciben fondos y atención mediática –no se puede negar eso, como muestra la remodelación de Canyamel para peatones y ciclistas. Pero las áreas residenciales que no son totalmente privadas ni claramente municipales quedan descolgadas en la interacción entre propietarios, constructoras y el ayuntamiento. Además, hay largos procesos de revisión, peritajes y exigencias formales que ralentizan cualquier reparación.

Pasos concretos posibles ahora

En lugar de más anuncios vagos se necesita un plan pragmático. A corto plazo, el ayuntamiento debería conceder una autorización de emergencia por tiempo limitado para trabajos de seguridad: soluciones provisionales de iluminación, reparación puntual de tramos de asfalto y cerramientos temporales. Paralelamente debe presentarse una contabilidad transparente: ¿quién paga qué y en qué fases se realizará la obra? A medio plazo es imprescindible fijar un plazo vinculante para la finalización del alcantarillado. Jurídicamente, un acuerdo conjunto entre el ayuntamiento y la comunidad de propietarios podría establecer responsabilidades claras.

Oportunidades que suelen pasarse por alto

Una infraestructura limpia y fiable no solo mejoraría la vida de los vecinos localmente. Podría valorar el lugar, reforzar la sensación de seguridad y mantener el valor de las propiedades a largo plazo. Los cronogramas transparentes también restaurarían la confianza en las instituciones locales. Una coordinación con el cercano campo de golf y los gestores de la playa de Canyamel podría además generar sinergias –por ejemplo, solicitudes de subvención conjuntas para la renovación de alcantarillado y calles, que hasta ahora se han perdido por la falta de un solicitante claro y respaldado.

Cómo vive la gente aquí

El día a día en Costa Canyamel es una constante prudencia: sortear baches con cuidado, evitar farolas como si fueran malos peinados en días de viento y, ante cada aguacero fuerte, rezar para que los arquetas provisionales no se desborden. De madrugada se oyen furgonetas de reparto, cantos de aves y a veces las campanas de Capdepera, más claras por la mañana que las respuestas del ayuntamiento. Quienes se quedan no lo hacen por comodidad, sino por apego y por la esperanza de que al final alguien intervenga.

Un llamamiento

El gobierno municipal debe actuar ahora y marcar plazos concretos. Los residentes merecen algo más que estudios y promesas vagas. Un plan simple y comprensible, medidas de seguridad coordinadas y una estrategia financiera clara podrían traer mejoras visibles en pocos meses. Hasta entonces sigue la amarga realidad: tras 22 años de inacción administrativa, la gente remienda sus propias calles mientras las instituciones siguen debatiendo.

Quienes viven en Costa Canyamel no piden grandes discursos, sino soluciones tangibles – y ahora.

Noticias similares