Mapa de las Islas Baleares sobre fondo de aula vacía, ilustrando la escasez de docentes y la reforma del máster.

Escasez de profesores en las Baleares: por qué un máster flexible solo puede ser el inicio

Escasez de profesores en las Baleares: por qué un máster flexible solo puede ser el inicio

Los sindicatos docentes piden un máster de Magisterio más flexible en la UIB — más plazas, opciones en línea y módulos de verano. Un paso importante, pero ¿es suficiente para salvar realmente las escuelas de Mallorca, Menorca e Ibiza?

Escasez de profesores en las Baleares: por qué un máster flexible solo puede ser el inicio

Pregunta guía: ¿Basta una formación solo más flexible en el tiempo para resolver la aguda falta de docentes en Mallorca y las islas vecinas?

En Palma, poco después de las ocho de la mañana, los niños en el patio del colegio de la Avenida Argentina saltan de piedra en piedra, mientras en la esquina un profesor cierra su tablet con rostro preocupado. La situación es similar en todas partes: aulas con huecos y listas de sustituciones, como recoge Más de la mitad de las nuevas plazas docentes en Baleares quedan vacantes, y compañeras que asumen más horas de las previstas. Los sindicatos docentes han puesto sobre la mesa un paquete claro: más plazas para el máster de Magisterio en la Universidad de las Islas Baleares (UIB), modelos horarios más flexibles, más oferta online —también para Menorca, Ibiza y Formentera— y la opción de impartir partes del máster en verano. Rechazan prolongar el máster a dos años porque eso aumentaría costes y barreras para las personas interesadas. El debate sobre la duración también aparece en noticias como La UIB ampliará la formación de Magisterio a cinco años en Mallorca.

Suena a propuestas concretas. Pero el debate no puede quedarse solo en la puerta de la universidad. Una estructura de estudios más flexible puede generar titulados más rápido, pero no basta si no se abordan causas sistémicas: salarios iniciales bajos en relación con los alquileres, plazas precarias de sustitución sin perspectivas de desarrollo y la dificultad para atraer y retener a docentes jóvenes en las islas, según Estadísticas del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre vivienda.

Lo que a menudo falta en el discurso público son cifras claras y medidas que fomenten el arraigo local. ¿Qué municipios tienen los déficits más graves —Palma, los pequeños pueblos del este o las escuelas de Menorca? ¿Cómo afectan las vacaciones y el trabajo estacional del sector hotelero a la disponibilidad de profesionales procedentes de otros sectores? Y: ¿cuántas plazas puede realmente ampliar la UIB sin perder calidad?

También es crucial la cuestión de la accesibilidad. Muchas futuras docentes ya trabajan durante la carrera. Un máster que funcione solo por la noche o exclusivamente online ayuda; un máster que además ofrezca módulos de verano beneficia a quienes pueden liberar tiempo en temporada alta. Pero sin apoyo económico —becas, ayudas al transporte para las islas menores, remuneraciones prácticas asequibles— la participación seguirá siendo solo un deseo para muchas personas.

Se pueden esbozar soluciones concretas con rapidez: 1) Máster modular con bloques presenciales y online más intensivos de verano, de modo que personas ocupadas y residentes en las islas puedan incorporarse con flexibilidad. 2) Reconocimientos prácticos: convalidar más rápido las experiencias previas en labores pedagógicas para que los titulados puedan incorporarse antes a las aulas. 3) Licencias docentes provisionales con formación complementaria y mentoría durante los primeros dos años, para aliviar a los centros a corto plazo y no dejar solos a los jóvenes profesionales. 4) Incentivos regionales: ayudas a la vivienda para docentes en Menorca, Ibiza y Formentera, reembolsos de transporte y subvenciones para el cuidado infantil. 5) Cooperación entre la UIB se expande: seis nuevos grados, las administraciones municipales y las direcciones escolares para gestionar de forma ajustada la asignación de plazas por isla.

Algunas medidas se pueden lanzar de inmediato como proyectos piloto: un bloque de verano en la Universidad de las Islas Baleares (UIB) — sitio oficial con plazas abiertas para profesionales que cambian de sector; un programa de becas para quienes se comprometan a trabajar en una de las islas pequeñas; y un programa de mentores que empareje docentes experimentados con los recién llegados. Esos pilotos generan datos con rapidez —y esos datos son lo que hasta ahora falta en el debate.

Escena cotidiana: en un café del Passeig del Born, padres tras dejar a sus hijos comentan la falta de personal. Un taxista cuenta que hay colegas cuyos hijos solo asisten media jornada porque faltan sustitutos. Estas impresiones dan peso a la demanda de flexibilidad, pero también muestran que la política educativa es política de lugar y de condiciones de vida. Se pueden cambiar los currículos, pero sin incentivos sociales la rotación seguirá siendo elevada.

Conclusión: los sindicatos tienen razón al reclamar más flexibilidad. Un máster modular, apoyado digitalmente y con cursos de verano, puede reducir barreras y acelerar la incorporación de personal docente. No obstante, lo decisivo es que esa medida forme parte de un paquete más amplio: mejor remuneración, incentivos de vivienda y movilidad, reconocimiento de la experiencia profesional y colocaciones rápidas y pedagógicamente supervisadas. Si no, un máster flexible seguirá siendo un medio, no la solución.

Las Baleares necesitan pasos pragmáticos y de efecto rápido —y el coraje político para abordar simultáneamente la formación y las condiciones de vida. Si no, al inicio del próximo curso escolar volveremos a devanarnos los sesos con los mismos problemas, mientras el timbre del recreo ya ha sonado.

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