Jóvenes en las Islas Baleares preocupados por salarios un 40% inferiores al promedio

Generación con mini-salario: por qué los jóvenes en las Baleares quedan rezagados

Estudio del Observatori de Treball: menores de 30 años ganan en las Baleares casi un 40% menos que la media. ¿A qué se debe —y qué debe cambiar?

Generación con mini-salario: por qué los jóvenes en las Baleares quedan rezagados

Generación con mini-salario: por qué los jóvenes en las Baleares quedan rezagados

Pregunta central: ¿Cuánto tiempo puede permitirse una sociedad insular que los jóvenes asalariados ganen claramente menos y que, por ello, sea imposible planificar la vida?

Las cifras son duras: según el análisis del Observatori de Treball de les Illes Balears, los trabajadores menores de 30 años en las Baleares obtienen de media alrededor de 16.300 euros anuales. La media de todos los ocupados se sitúa en unos 27.500 euros. En pocas palabras: los más jóvenes ganan casi un 40% menos. Al mismo tiempo, sus salarios han caído recientemente —una reducción de alrededor del tres por ciento. Quien pide un café en la Plaça Major de Palma no lo nota de inmediato; sin embargo, estudios sobre la brecha salarial en Palma reflejan desigualdades que sí se perciben al buscar piso en Son Gotleu o cambiar de turno por la noche en el puerto de Alcúdia.

Estos números no son un problema abstracto. Los contratos temporales, el trabajo estacional y la jornada parcial involuntaria inflan la estadística. En la gastronomía, el comercio minorista y en muchos servicios turísticos hay empleo —sí. Pero a menudo en una forma que no permite planificar: contratos por semanas o meses, horarios variables. Quien debe vivir con 16.300 euros al año se encuentra enseguida con límites en alquiler, transporte y ahorro.

Análisis crítico: ¿De dónde viene el desequilibrio?

Las Baleares viven en gran medida del turismo. Eso crea puestos de trabajo, pero también una imagen de mercado laboral dividida: puestos bien remunerados en gestión, construcción o servicios especializados por un lado; trabajos precarios a tiempo parcial por otro. Los jóvenes acaban a menudo en estos últimos —ya sea como ayuda en un chiringuito en Cala Millor, como personal de limpieza en un apartamento turístico o como suplente en el comercio de Palma.

Además, la estructura formativa influye: no todos los jóvenes encuentran sin más camino hacia empleos cualificados. Faltan transiciones desde los estudios o la formación hacia puestos fijos con un salario razonable. También la demanda de trabajadores flexibles —especialmente en temporada alta— facilita a los empleadores ofrecer contratos breves. A esto se suma una brecha de mano de obra por jubilaciones próximas que complica la planificación laboral. El resultado es un círculo vicioso: ingresos bajos que retrasan la formación de familias y dificultan la compra de vivienda, lo que a su vez lastra el poder adquisitivo y la economía local.

¿Qué falta en el debate público?

El debate suele quedarse en la superficie. Se habla de incrementos salariales medios, pero rara vez por grupos de edad, sectores o territorios. Faltan datos fiables sobre: cuántos jóvenes están atrapados de forma permanente en empleos estacionales, cómo es la brecha salarial entre ciudad y campo, y cómo influyen el género o el origen migratorio en la situación. Apenas se trata también el impacto concreto sobre la demografía y la planificación familiar: ¿cuántas parejas aplazan tener hijos por ingresos inseguros? Resulta especialmente relevante considerar el descenso de la natalidad en las Baleares al abordar estas cuestiones.

Escena cotidiana: una noche en Palma

Es miércoles, una lluvia ligera pasa por el Passeig Marítim y en las calles chirrían los patinetes. En un pequeño café de la Carrer de Sant Miquel una joven recoge las mesas; ayer trabajó de diez a cinco y mañana tiene una mañana de jornada. Sus horas están acumuladas, pero no tiene contrato a tiempo completo. En la barra, un amigo cuenta que con el mismo salario debe compartir piso con tres compañeros. Escenas así son típicas —y aun así apenas aparecen en la prensa cultural.

Propuestas concretas

1) Marco laboral: revisar normas contra la concatenación de contratos temporales y reforzar el control de los contratos estacionales. No se trata de eliminar la flexibilidad del turismo, sino de frenar los abusos.

2) Programas de empleo juvenil: plazas prácticas subvencionadas y modelos de transición obligatorios de la formación al empleo fijo, especialmente en hostelería y artesanía. Las cooperaciones entre empresas y centros formativos podrían ayudar.

3) Política de vivienda: iniciativas municipales y regionales para vivienda asequible para hogares jóvenes —desde cooperativas y residencias estudiantiles hasta ayudas temporales al alquiler.

4) Incentivos fiscales y financieros: ayudas dirigidas a empresas que contraten a jóvenes en régimen de seguridad social y con contratos indefinidos. Igualmente importantes son los apoyos a emprendedores jóvenes.

5) Transparencia y recogida de datos: estudios específicos que desglosen salarios por edad, sector, género y territorio. Solo con datos detallados se puede actuar con eficacia.

Conclusión

Las islas ofrecen oportunidades —pero no deben convertirse en una trampa para toda una generación. Los empleos a corto plazo son mejor que no tener ingresos, pero no bastan para una vida con perspectivas. Si política, empresas y sociedad civil no cambian nada, la próxima generación seguirá viviendo más tiempo en casa, tendrá hijos más tarde y desarrollará menos orgullo de pertenencia. Mallorca necesita jóvenes que puedan quedarse. Si no, crecerá una generación perdida —en medio de la Tramuntana y el mar.

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