Grúa y operarios retirando un aerogenerador junto a la costa de Menorca durante el desmantelamiento del parque eólico.

Se ha acabado: por qué se desmonta el parque eólico de Menorca — y qué hacer ahora

Se ha acabado: por qué se desmonta el parque eólico de Menorca — y qué hacer ahora

El desmontaje de los aerogeneradores restantes en Menorca está en pleno progreso. Un balance desolador de un proyecto de 19 años, las consecuencias prácticas para la isla y propuestas concretas sobre cómo organizar mejor la energía renovable en las Baleares en el futuro.

Se ha acabado: por qué se desmonta el parque eólico de Menorca — y qué hacer ahora

Pregunta guía: ¿Fue el parque eólico de Milà un intento fallido o un proceso de aprendizaje para el futuro energético de las Baleares?

El lunes 12 de enero, dos grandes grúas llegaron al cerro de Milà: una con una capacidad de carga de alrededor de 400 toneladas y la otra de unas 100 toneladas. Izan las tres turbinas eólicas que quedaban, una por una, desde su base. Con viento más fuerte —más de 18 km/h— se detiene la operación por razones de seguridad. Coste: alrededor de 600.000 euros. Ese es el momento visible de una larga retirada: las Baleares pierden su hasta ahora único parque eólico.

Breve resumen de los hechos para entender el desenlace: La instalación entró en funcionamiento en 2004, operó en total 19 años y deja un déficit cercano a los 400.000 euros. Las fallas técnicas se fueron acumulando y las reparaciones se prolongaron, entre otras razones porque las estrictas reglas en las licitaciones públicas ralentizaron el ritmo. Una torre ya había sido retirada de emergencia en 2022. Cada una de las unidades restantes pesa alrededor de 86 toneladas; partes serán trasladadas al continente tras el desmantelamiento para su eliminación o reciclaje.

Análisis crítico: aquí confluyeron varios frentes. Primero, la forma de gestión: un parque gestionado completamente por el sector público debe atenerse a normas presupuestarias, procedimientos de contratación y recursos limitados. Eso dificulta el mantenimiento rápido y la obtención de repuestos. Segundo, la técnica y la edad: 19 años de funcionamiento implican desgaste, y las turbinas más antiguas son más propensas a averiarse que los modelos modernos. Tercero, la rentabilidad: la instalación redujo el consumo de combustible de la central convencional, pero siguió siendo deficitaria en términos contables: aparentemente los ahorros e ingresos no fueron suficientes para cubrir los costes operativos e inversiones.

Lo que hasta ahora queda fuera del discurso público: la cuenta no puede basarse solo en importes directos en euros. Paisaje, aceptación local, formación de personal técnico en las islas y la pregunta sobre qué papel debe jugar la generación descentralizada en el futuro aparecen raramente en el debate. Tampoco son visibles los costes a largo plazo del desmantelamiento y el reciclaje de componentes —por eso no sorprende que la demolición suponga ahora costes de seis cifras.

Escena cotidiana de aquí: en una mañana fría en Maó (Mahón) los pescadores con viejas botas pasean por el paseo del puerto, las conversaciones giran en torno a las cosas de siempre —precios de la gasolina, horarios de autobús, cuándo llegará la próxima tormenta. «Las turbinas siempre hacían un zumbido», dice una mujer que pasea a su perro. «A veces pensabas que servía para algo, otras veces solo veías averías.» Esas voces muestran que hechos y sentimientos van muy de la mano.

Propuestas concretas —no teoría, sino ideas prácticas:

1) Reglas de licitación más favorables al mantenimiento: Los operadores públicos necesitan procedimientos más flexibles y acelerados para trabajos técnicos urgentes, combinados con mecanismos claros de control para mantener la transparencia; como contexto sobre proyectos públicos y su gestión, puede consultarse Boom de la construcción en las Baleares: oportunidades, ruido y el complicado camino hacia adelante.

2) Contratos de nivel de servicio en proyectos nuevos: Si en adelante los operadores privados han de asumir el riesgo, las licitaciones deben incluir estándares mínimos de disponibilidad, tiempos de respuesta y obligaciones de desmantelamiento —incluidas garantías financieras para la retirada y el reciclaje.

3) Pensar en red en vez de proyecto aislado: Las pequeñas redes insulares requieren soluciones combinadas: solar, almacenamiento (baterías) y redes inteligentes pueden compensar fallos temporales. El viento puede ser parte de la mezcla, pero no puede estar solo; un análisis sobre el aprovechamiento de superficies para solar ofrece contexto en Los tejados de Mallorca siguen vacíos: por qué no se aprovecha el sol y cómo puede cambiar la isla.

4) Estrategia de desmantelamiento/reciclaje: Ya en la planificación debe establecerse a dónde irán los componentes al final de su vida útil —evitar el almacenamiento local y contratar por contrato a socios de reciclaje certificados; casos de demoliciones y su gestión local se discuten en ¿La desocupación se vuelve verde? Calvià planea derribar dos hoteles – oportunidades y riesgos para Paguera y Magaluf.

5) Datos en vez de intuición: Los mástiles de medición anunciados en Milà son correctos —pero la recolección de datos debe ser abierta, estandarizada y a largo plazo, para que inversores y administraciones compartan la misma base.

Lo que queda ahora: la demolición no es solo un acto técnico, es una señal política. Las autoridades de Menorca han anunciado que buscarán operadores privados mediante licitación. Eso puede funcionar —siempre que el control público y las penalizaciones contractuales sean suficientes para evitar los errores del pasado; para ejemplos de desmontaje de infraestructuras en Baleares véase Nueva estación de radar en el Puig de Randa: la cúpula blanca es historia — y lo que ahora falta.

Conclusión contundente: el desmantelamiento del parque eólico no es un triunfo sobre las energías renovables —es una señal de advertencia sobre proyectos improvisados o mal diseñados. En las Baleares hacen falta mejores marcos, planificación realista de costes y la combinación de distintas tecnologías. Si de Milà se aprende solo una cosa, es: la técnica por sí sola no basta; la gobernanza, el mantenimiento y la gestión de residuos deben considerarse desde el principio.

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