
Luces de Navidad en julio: debate sobre la decoración y la protección del patrimonio en Pere Garau
En Palma, las luces de Navidad instaladas ya en verano en la Plaza de las Columnas de Pere Garau provocan polémica: el ayuntamiento argumenta razones de seguridad; la protección del patrimonio y los vecinos critican la carga prolongada sobre lugares históricos. Un repaso a las líneas de conflicto, los costes y posibles compromisos.
Luces de Navidad en julio: por qué Palma ya coloca la decoración
Ayer por la tarde, alrededor de las 17:30, estaba tomando un cortado caliente en la Plaza de las Columnas. Los limoneros proyectaban solo sombras escasas, el zumbido de los mosquitos se mezclaba con el tráfico —y alrededor de las columnas ya se enroscaban cables y guirnaldas LED que en años normales no aparecen hasta noviembre. Una vista extraña: calor de verano y ambiente navideño a la vez.
La cuestión central es sencilla: ¿es necesario instalar la iluminación navideña meses antes de la fiesta si ello carga durante meses los lugares históricos con material técnico? El ayuntamiento esgrime razones pragmáticas: instalar pronto significa más tiempo para pruebas y reparaciones, de modo que en la fecha oficial de encendido de la iluminación navideña, el 22 de noviembre, todo funcione sin problemas. Según observaciones propias, trabajadores ya se ven desde junio en la Calle 31 de Diciembre y en otras esquinas de Palma; noticias locales recogen casos tempranos como Luces encendidas en el Palau del Consell: Palma inicia la temporada navideña.
Voces desde Pere Garau: protección del patrimonio frente a la práctica municipal
En el otro lado están la organización de protección del patrimonio ARCA y la iniciativa vecinal Flipau amb Pere Garau. Ambas critican que los largos periodos con la técnica colgada alteran la estética y la sustancia del conjunto histórico. «Las columnas no son un andamio, sino parte de una plaza protegida», me dijo una portavoz de la iniciativa, mientras niños jugaban en los escalones de mármol cercanos.
Vecinos y comerciantes están divididos. Luisa, que lleva años con un pequeño café en la plaza, aprecia el ambiente de las luces pero no el enredo de cables que ya parece una obra permanente. «Un poco de atmósfera está bien, pero no queremos una estética provisional durante meses justo delante de nuestro local», se quejó. En otros barrios se han registrado tensiones y movilizaciones, como muestra el caso de Rafal Nou se queda a oscuras: vecinos planean protesta ruidosa durante el encendido navideño.
Más dinero, nueva tecnología —¿pero basta?
Este año el Ayuntamiento ha aumentado el presupuesto para la iluminación navideña a unos 526.000 euros —aproximadamente 110.000 euros más que el año anterior. Oficialmente el dinero se destina a fijaciones seguras y a LEDs de bajo consumo. Es un primer paso, pero los críticos apuntan: más dinero no equivale automáticamente a un trato cuidadoso en lugares sensibles. La cuestión central sigue siendo: ¿se contemplan realmente los aspectos de protección del patrimonio en la planificación?
Un punto que en el debate público suele quedar corto es la carga para las pequeñas empresas. Períodos de montaje más largos implican menor cuidado de fachadas, entregas más complicadas y una desventaja estética en meses de verano importantes. A eso se suma la molestia para visitantes y residentes, que esperan un entorno histórico —no cables y andamios visibles de forma permanente.
Tecnología, política y un diálogo ausente
No se trata solo de una cuestión técnica, sino también de cultura de planificación: ¿por qué no se programan los espacios sensibles en coordinación con protección del patrimonio, comerciantes y vecinos? La respuesta está en parte en los procedimientos administrativos y en parte en el deseo de minimizar riesgos de fallo. Una concejala anunció que llevará el tema al orden del día a comienzos de septiembre —una señal que cuenta con apoyos, pero también una reacción tardía a un debate que ya empezó en verano.
Propuestas concretas de compromiso
Existen soluciones prácticas que en el debate se mencionan poco: fijaciones temporales no invasivas en lugar de anclajes con perforaciones; canaletas discretas que preserven la estética; ventanas de montaje más cortas en zonas realmente sensibles; elementos LED modulares que puedan instalarse en otoño más rápido y con menos esfuerzo. También tendría valor una mejor comunicación: un calendario de montaje público, reuniones vecinales y pruebas de iluminación en momentos menos expuestos.
Yendo más allá: ¿por qué no apostar por elementos lumínicos móviles y solares para plazas pequeñas, para reducir las instalaciones a gran escala? ¿O un proyecto piloto en el que una calle sirva de campo de pruebas antes de equipar plazas sensibles como la Plaza de las Columnas?
¿Qué queda?
Palma se encuentra entre dos deseos: queremos la ciudad festiva que con luces aporta calidez a los meses oscuros —pero no a costa de la sustancia y la imagen de nuestras plazas. Si la solución es de naturaleza técnica o requiere más diálogo y cultura de planificación lo mostrará la próxima sesión del pleno. Hasta el 22 de noviembre, Palma es una ciudad de verano que ya piensa un poco en la Navidad.
Yo sigo firmemente: en el próximo cortado volveré a mirar —y quizá haga una foto que documente las luces en julio, antes de que en invierno nos asombren.
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