
Protesta en la Cas Capiscol: padres exigen rutas escolares seguras en Son Busquets
Protesta en la Cas Capiscol: padres exigen rutas escolares seguras en Son Busquets
Padres y docentes de la escuela Cas Capiscol en Son Busquets protestaron con fuerza. Denuncian la presencia de personas con problemas de drogas cerca del antiguo penal y piden protección para sus hijos. Se anuncian más acciones para enero.
Protesta en la Cas Capiscol: padres exigen rutas escolares seguras en Son Busquets
Pregunta central: ¿Cómo evitar que los niños vayan a la escuela por la mañana con miedo — y quién asume esa responsabilidad en Palma?
Ayer se reunieron padres y docentes con gran ruido frente a la entrada de la escuela pública Cas Capiscol en Son Busquets; la protesta recordó a episodios similares, como el bloqueo de los padres en Son Sardina. El ambiente estaba tenso, sonaron silbatos, los niños miraban desde el patio escolar y preguntaban extrañados qué ocurría. En el fondo está una frase que muchos comparten aquí: “Quiero llevar a mi hijo a la escuela sin miedo”.
Detrás de la protesta hay observaciones reiteradas: en las inmediaciones de la escuela se ven con frecuencia personas con signos evidentes de consumo de drogas. Una de las razones es la ubicación del centro cerca del recinto del antiguo penal, donde muchas personas sin hogar han encontrado un lugar para dormir; en la zona se han registrado operaciones policiales, como la gran redada en Palma y Son Banya. Esta cercanía espacial genera un constante punto de fricción entre la necesidad social y la vida cotidiana de las familias.
Análisis crítico
La situación no es una causalidad simple: la falta de vivienda, la adicción y el funcionamiento de una escuela pública coinciden en un espacio reducido. Las autoridades, los servicios sociales y la policía comparten parte de la responsabilidad, pero rara vez trabajan de forma tan coordinada que las familias perciban resultados. Las intervenciones temporales de las fuerzas de orden pueden crear calma a corto plazo, pero no resuelven los problemas de fondo.
Además, a menudo falta transparencia sobre los incidentes: los padres saben que algo ocurre, pero no con qué frecuencia ni con qué consecuencias. Eso genera desconfianza y provoca protestas como la de ayer. Al mismo tiempo no se debe perder de vista que las personas sin hogar y con dependencias necesitan protección y ayuda —no solo control.
Lo que falta en el debate público
El debate discurre actualmente por dos vías: seguridad frente a preocupación por las personas vulnerables. Rara vez se plantean planes locales concretos que integren ambas perspectivas. Hay falta de información sobre los recursos de ayuda disponibles en Palma, de canales claros de comunicación entre la escuela, la representación de los padres y los servicios sociales, y de datos fiables sobre las situaciones de riesgo alrededor de las escuelas; para entender mejor qué son los servicios sociales puede consultarse una definición general.
Tampoco se habla lo suficiente de cómo la planificación urbana a largo plazo puede ayudar: ¿dónde reciben apoyo las personas cuando salen de la cárcel? ¿Qué ofertas existen para atención diurna, tratamientos para la adicción y plazas de vivienda —y son suficientes para un barrio densamente poblado como Son Busquets?
Una escena cotidiana en Son Busquets
Imaginen el camino a la escuela en una gris mañana de diciembre: las farolas todavía están encendidas, huele a café en un bar y en el banco frente a la puerta del antiguo penal hay una persona con una chaqueta desgastada. Un autobús escolar se detiene, los niños saltan, las mochilas crujen, una madre ajusta el gorro del pequeño. Ese pequeño remolino de voces y pasos de niños choca con la quietud de los demás. Ese momento es banal —y precisamente por eso tan importante: muestra lo que está en juego.
Propuestas concretas
Padres, docentes y vecinos tienen opciones que pueden aliviar a corto plazo y funcionar a largo plazo. Algunas propuestas pragmáticas y de aplicación local:
1) Planes de actuación conjuntos: la escuela, la representación de los padres, el Ayuntamiento de Palma y los servicios sociales deberían elaborar protocolos vinculantes: ¿quién informa a quién ante un incidente, qué recorridos se aseguran para los niños, quiénes son los contactos de referencia?
2) Refuerzo del trabajo social in situ: equipos móviles de acercamiento pueden acudir periódicamente a las zonas afectadas, informar sobre recursos, mediar y así reducir el número de confrontaciones agudas.
3) Espacios seguros y centros de día: centros diurnos cercanos podrían ofrecer atención, primeros auxilios médicos y acceso a programas de desintoxicación —eso alivia las zonas públicas alrededor de las escuelas; para más información sobre este tipo de servicios véase el artículo sobre centros de día en Wikipedia.
4) Protección del camino escolar: medidas temporales como grupos de caminata supervisados, mejor iluminación y rutas escolares claramente señalizadas ayudan de inmediato y muestran a los padres que se actúa.
5) Retirada de residuos y jeringas: rondas regulares de limpieza y seguridad, separadas de medidas represivas, reducen los peligros y son visibles para las familias.
Todas estas medidas necesitan financiación coordinada y responsabilidades claras. No sustituyen la necesidad de invertir en vivienda asequible y tratamiento de adicciones —pero son un comienzo en el terreno.
Conclusión — breve y contundente
La protesta en la Cas Capiscol es una señal de alarma: si los padres ya no pueden llevar a sus hijos a la escuela sin preocupación, la ciudad tiene un problema que afecta a varias áreas políticas. Las manifestaciones llamativas atraen la atención —como ocurrió recientemente en otros sectores, por ejemplo en la protesta de socorristas en Can Pere Antoni— ahora hace falta que esa atención se traduzca en acción coordinada. Son Busquets necesita mecanismos de protección a corto plazo para los niños y soluciones a largo plazo para las personas en situación de vulnerabilidad. Actuar sobre ambos frentes a la vez es incómodo, pero es exactamente lo que exige la situación local.
Los padres ya anunciaron más acciones hasta enero. Ojalá esos días se aprovechen no solo para manifestar, sino para sentarse en una mesa y acordar un calendario de medidas. Para muchas familias el día comienza aquí con un camino a la escuela; debería volver a ser posible sin miedo.
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