Gráfica que muestra 3,3 millones de huéspedes que indicaron 'amigos/familiares' como alojamiento en Mallorca (ene–nov 2025)

Cuando 'quedarse en casa de amigos' se convierte en pretexto: lo que revelan las cifras sobre pernoctaciones ilegales en Mallorca

Cuando 'quedarse en casa de amigos' se convierte en pretexto: lo que revelan las cifras sobre pernoctaciones ilegales en Mallorca

Las cifras de enero–noviembre de 2025 muestran: 3,3 millones de visitantes declararon 'amigos/familiares' como lugar de pernocta. ¿Es una estrategia inocua de ahorro o un disfraz de alquileres clandestinos? Un vistazo a consecuencias, lagunas y soluciones concretas para Palma y las islas.

Cuando 'quedarse en casa de amigos' se convierte en pretexto: lo que revelan las cifras sobre pernoctaciones ilegales en Mallorca

Pregunta guía: ¿qué magnitud tiene realmente el problema — y qué se puede hacer localmente al respecto?

Las cifras son contundentes: de enero a noviembre de 2025, 3,3 millones de visitantes a las Baleares indicaron que habían pernoctado en casa de amigos o familiares. La categoría "pernoctaciones fuera del mercado" creció así alrededor de un 10,4 por ciento respecto al año anterior. Al mismo tiempo, la oferta del mercado habitual se estanca: hoteles y alojamientos regulados registraron solo un 0,12 por ciento de crecimiento, mientras que las viviendas vacacionales legales aumentaron alrededor de un 14,7 por ciento hasta un total de 1,8 millones de huéspedes; véase también Más huéspedes, más dinero — ¿pero cuánto tiempo podrá Mallorca soportarlo?.

Lo que estas cifras significan en la vida cotidiana se ve paseando por la mañana por el Passeig Mallorca: furgonetas que dejan maletas en puertas de edificios, molestos timbrazos en bloques de viviendas, vecinas susurrando fragmentos de idiomas en las escaleras. Escenas como estas son ya normales en muchos puntos de la isla —y dejan claro por qué autoridades y proveedores regulados están alarmados: una parte no desdeñable de esos "huéspedes en casa de amigos" podría estar, en la práctica, pernoctando en viviendas no autorizadas o en edificios residenciales apartados del mercado, como documenta Más de un tercio de los apartamentos turísticos en Mallorca sin registro.

Análisis crítico: la estadística sugiere que funcionan a la vez dos efectos. Primero, algunos turistas se desplazan voluntariamente a alojamientos privados e informalmente organizados —por ahorro o en busca de una experiencia más auténtica. Segundo, surge un incentivo para que propietarios alquilen sus viviendas a corto plazo a turistas sin cumplir las obligaciones legales, fiscales y de seguridad. Ambos fenómenos se agrupan bajo el mismo epígrafe estadístico "en casa de amigos/familiares" y por tanto resultan difíciles de distinguir; este contraste entre cifras oficiales y realidad ha sido analizado en Cuántas viviendas vacacionales en Mallorca son realmente ilegales — un caos de cifras entre Madrid y el Consell.

Por qué es problemático: el alquiler a corto plazo ilegal sustrae oferta al mercado regulado, eleva los precios en zonas populares y transforma vecindarios. Sobrecarga infraestructuras y servicios como bomberos, policía o recogida de residuos sin que los municipios reciban una compensación adecuada. Además aparecen riesgos para la seguridad: las coberturas de seguro, las inspecciones de protección contra incendios o los estándares higiénicos suelen faltar en los alquileres clandestinos.

Lo que a menudo falta en el debate público es control local desagregado y transparencia. Las discusiones se centran en "demasiados turistas" o "viviendas ilegales", pero rara vez en las técnicas de detección, la colaboración entre los registros de habitantes, la medición de consumos energéticos, la responsabilidad de las plataformas y el papel de los datos de entrada y salida. Tampoco hay mucha atención a la motivación de los turistas: ¿es un alojamiento ilegal buscado conscientemente, una invitación familiar o simplemente un dato falso en la declaración de viaje? Los mapas y publicaciones del Consell siguen planteando preguntas sobre puntos calientes y registros, por ejemplo Casi una de cada cuatro viviendas vacacionales sin registro: el Consell publica mapas y siguen las preguntas.

Propuestas concretas (prácticas y aplicables a nivel local): 1) Proyecto piloto en barrios con alta presión: Palma podría empezar en zonas como La Llotja y el entorno del Mercat de l’Olivar, comprobando el uso de viviendas, la generación de residuos y el consumo de agua con base en datos. 2) Obligación de indicar un número de registro para cualquier alquiler a corto plazo en las plataformas y en la declaración de entrada; los anuncios sin número deben ser marcados y sancionados automáticamente. 3) Controles transversales mediante equipos combinados del ayuntamiento, la compañía energética y la inspección de alquileres —no vigilancia permanente, sino comprobaciones muestrales. 4) Procedimiento accesible de quejas y denuncias para vecinos con respuesta rápida a quienes informen. 5) Campaña informativa en salas de embarque y llegadas: informar brevemente a las personas viajeras sobre cómo reconocer alojamientos legales y por qué importa.

A nivel de los anfitriones, conviene ofrecer incentivos claros: reducciones en tasas de gestión de residuos para quienes estén registrados, estándares mínimos obligatorios (protección contra incendios, justificante de seguro) y una lista central pública de arrendadores legalmente registrados. Las plataformas deben asumir más responsabilidades: una medida sencilla sería la obligación de responder económicamente si facilitan anuncios no registrados; además, prácticas como el subarriendo por inquilinos de larga duración están documentadas en trabajos como Cuando los inquilinos de larga duración se convierten en arrendadores vacacionales: Los Inquilinos Pirata en Mallorca.

Observación cotidiana: una pensionista en la Plaça Major cuenta que desde hace dos años siempre hay gente distinta viviendo en su portal —"cada semana parece que llega una familia nueva". Voces así muestran que no se trata solo de cifras, sino de calidad de vida. Quien responda a esto gana apoyo vecinal; quien lo ignore, arriesga desplazamientos y malestar local.

Conclusión concisa: la estadística no demuestra que Mallorca haya perdido atractivo. Es una llamada de atención: cuanto más alojamiento se sustrae formalmente al mercado, más difícil será gestionar los efectos del turismo y la disponibilidad de vivienda. La solución no reside solo en prohibiciones, sino en reglas claras, medidas basadas en datos y estímulos prácticos para el alquiler legal. Para Palma y los municipios significa: poner en marcha pilotos, tomarse en serio a los vecinos, responsabilizar a las plataformas —y enseñar a las personas viajeras cómo alojarse correctamente.

Si a alguien le parece que esto es complicado y caro, le aconsejo dar un paseo al anochecer por Santa Catalina: se oyen distintos idiomas, se ven casas con carteles de "alquilado" junto a familias que llevan años viviendo allí. La isla logra compaginar turismo y vida cotidiana cuando todo es transparente, pragmático y local —no bajo la fachada de "amigos".

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